Óscar Marín
Instituto de Neurociencias CSIC & Universidad Miguel Hernández
03550 Sant Joan d´Alacant, Alicante
o.marin
umh.es
R.- Desde pequeño he sentido mucha curiosidad por entender mi entorno, fundamentalmente desde una perspectiva biológica. Inicialmente ese interés se centró en explorar la naturaleza, pero poco a poco se fue trasformando en la necesidad de entender su funcionamiento. Al final he terminado investigando el cerebro, pero creo que podría haberme interesado por cualquier otra cosa.
R.- Estudie Ciencias Biológicas en la Universidad Complutense de Madrid, pero cuando empecé la carrera ya había asistido a varios congresos nacionales y tenía una idea más o menos clara de la carrera científica. Hasta entonces no había sacado muy buenas notas, ya que la nota de corte de selectividad para Biológicas - mi única opción - era baja. En la carrera me esforcé por sacar buenas notas para poder conseguir una beca predoctoral, muy competitivas en mi generación, y comencé a colaborar con el laboratorio en el que finalmente realicé mi Tesina y la Tesis Doctoral, dirigido por Agustín González. Al acabar este periodo, en el que adquirí una fuerte formación en neuroanatomía, decidí comenzar a trabajar en un laboratorio con una vocación más experimental y me trasladé por unos meses al laboratorio de Ángela Nieto, en el Instituto Cajal de Madrid. Desde allí fui a San Francisco para trabajar con dos de los líderes mundiales de la Neurobiología del Desarrollo, John Rubenstein y Marc Tessier-Lavigne. Desde entonces he mantenido un gran interés en entender el desarrollo del cerebro, y en especial por comprender los procesos del desarrollo cuyo trastorno pueden estar relacionados con enfermedades neurológicas y neuropsiquiátricas, como la epilepsia o la esquizofrenia. Después de cinco años en Estados Unidos me convencí de que en España se vivía mejor y obtuve una plaza de científico titular en el CSIC, con la que me trasladé a trabajar al Instituto de Neurociencias de Alicante.
R.- Supongo que sí, aunque quizás ahora no tengo tan claro que la vida en España compense los sobresaltos y desajustes a los que se ve sometida la ciencia en este país. En Estados Unidos los científicos no sólo están bien valorados (algo que también ocurre aquí), sino que la sociedad cree que el progreso del país depende de ellos, algo que claramente no ocurre en España.
R.-Curiosidad, intuición, ambición y capacidad de sacrificio, que realmente nunca es tal cuando la vocación coincide plenamente con la ocupación.
R.- En el laboratorio estamos interesados en elucidar los mecanismos celulares y moleculares que controlan el desarrollo de la corteza cerebral, y cómo modificaciones del patrón normal de desarrollo pueden dar lugar a trastornos neurológicos y neuropsiquiátricos. Creo que el futuro del campo pasa por entender cuáles son los problemas biológicos que subyacen en algunas de las enfermedades más desconocidas, como la esquizofrenia.
R.- Uno muy largo. Y sin una clase política ambiciosa y atrevida, arduo. Pienso que nos equivocamos al pensar que nuestro atraso proviene de la falta de presupuesto. Nuestra principal lacra es tener instituciones que no son realmente competitivas, es decir, que obtienen gran parte de sus recursos por conceptos en los que la calidad y la excelencia no priman. La Universidad, por ejemplo, recibe la mayor parte de su presupuesto en función del número de alumnos matriculados, lo cual es un disparate. Esto, unido a que nadie es responsable de nada, consiguen que al final a ninguno de los rectores, presidentes o directores les importe demasiado si la Universidad o el CSIC marchan bien o mal. Añádale una burocracia paralizante y la práctica ausencia de un mercado laboral ágil, y ya se tiene una radiografía próxima a la realidad. Es decir, que estamos donde estaba Inglaterra hace treinta años. Con un camino muy largo por delante, vamos.
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