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Escuchar a los muertos

La ciencia en la sombra

J. M. Mulet

Destino, Barcelona (2016), 268 p.

Versión en catalán, Ed. Pòrtic, Barcelona (2016), 386 p.

  • Mercedes Aler

  • Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses de València

El camino de la divulgación de la ciencia discurre, desde Galileo, por senderos escarpados por los que, a menudo, los autores bienintencionados se precipitan carentes del rigor o de la amenidad necesaria. Se trata es un género cada vez más prolijo, en vista de la desmiticación creciente que, como signo de los tiempos, la ciencia nos ofrece. En este caso, la obra de J. M. Mulet parece que ha culminado con éxito el objetivo de toda obra de divulgación: acercar el conocimiento. Cuando como lector buscas un libro, entre los muchos factores que favorecen la elección pueden estar la cubierta, el interés personal, la amenidad aparente y, si además lleva la palabra “ciencia” en el título, que sea accesible.

 

Una de las acepciones del DRAE para el vocablo “sombra”, la que más se ajusta al espíritu de este libro, es “desconocimiento público”. En el caso de las Ciencias Forenses ese desconocimiento ha sido patente hasta finales del siglo pasado, en el que el avance tecnológico y el impacto mediático han ido introduciéndonos y desvelando (a veces con excesiva teatralidad o fantasía) muchas realidades de la rutina forense. El autor consigue aclarar esas tinieblas, eliminar parte de esas sombras para sus lectores, con un discurso entretenido, que visualiza casi todos los campos de actuación de esta ciencia, de una forma clara y aséptica pero no por ello supercial, sin morbo pero con un punto provocador que incita a la continuidad de la lectura, si no fueras ya un adicto al tema. Un mérito añadido es el amplio conocimiento de la historia de la ciencia por parte del autor, que desglosa en los diferentes capítulos del libro y documenta las diferentes etapas de esta apasionante ciencia.

 

En relación a los relatos relacionados con la química forense emplea, sobre su utilidad, calificativos poderosos, brutales y divertidos. Su destreza narrativa se prolonga a través de sus páginas para transmitirnos su particular visión de la escena del crimen, la descripción expresa de cómo hacer “hablar” a un cadáver, como si ello pudiese ocurrir, o el empleo de huesos “para no hacer caldo”, que son algunos de los entretenidos nueve capítulos del libro que nos muestran las luces que la ciencia pone al servicio de los tribunales, de un modo interdisciplinar salpicado de referencias literarias y populares, como en el capítulo donde nos aconseja no fiarnos de una “botellita que ponga bébeme”, en clara alusión a Alicia en el país de las maravillas.

 

Las descripciones de la autopsia, sin saña pero con sorna, minuciosas en detalles, sorprenden y suavizan la dureza de esta faceta forense. El autor detalla partes de ese campo “oscuro” de la ciencia, oscuro por desconocido, por la sombra de la muerte y el dolor de la maldad del ser humano que tanto apasiona a los autores de novela negra. La descripción de casos reales, sucinta y didáctica, nos introduce en la lectura con tanto interés como si de la mejor novela del género se tratase.

 

Su relato, próximo, riguroso, fresco y preciso, señala también las inexactitudes y las carencias de esta “Ciencia en la sombra”. Como ejemplos de ello están sus reflexiones sobre el empleo de la entomología y la aplicación del principio de Locard para el estudio de las modicaciones de la escena del delito, el análisis isotópico de dos materiales idénticos pero fabricados en diferentes lugares o cuando nos enseña cuál es la muestra idónea para determinar el origen geográco de un cadáver. Todos estos temas se apoyan con referencias a casos reales enormemente didácticos.

 

Pero como en una buena novela de intriga, no espere el lector que se lo cuenten todo, sino que el autor deja que vayamos descubriendo la trama, para estimular el aprendizaje. El empleo de símiles, como la cromatografía y la fotografía de colores, la sencillez con la que se describen equipos y técnicas especícas de laboratorio, desmitican el mundo de la ciencia forense y hace sencilla la comprensión del trabajo y su método. La obtención de toda esa información a partir de fuentes primarias es un extra importante del libro: en divulgación el exceso de intermediarios es inversamente proporcional al rigor del texto.

 

La exposición de éxitos y fracasos conocidos en la literatura forense, y la didáctica enseñanza del por qué de los resultados, es la mejor manera de dar luz a esas sombras. Comprenderán tras su lectura la influencia que pueden tener los videntes, las matemáticas, la telepatía, el polígrafo, la tricología o la acústica, tópicos que van siendo desvelados en cuanto a su validez y ecacia en ciencia forense. Y, por último, la consulta de las fuentes de referencia puede ayudar en el proceso de “iluminación”. Como dice el autor, espero que este fantástico libro sea un “manual de divulgación” sobre esta ciencia desconocida, en la sombra, que se nutre y nutre a otras muchas disciplinas.

 


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