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Pobres presupuestos

Sigue la austeridad en investigación, desarrollo e innovación. La mejoría macroeconómica que se presume para España, como primer indicador de la salida de la crisis, no se ve reflejada en la inversión que el Gobierno destina al sistema español de I+D+I. En términos generales, aunque puede apreciarse un ligero aumento, la conclusión general, atendiendo la Nota de Alcance de los Presupuestos Generales del Estado para 2017, elaborada por la COSCE, es que seguimos estando donde ya estábamos. 

  • Xavier Pujol Gebellí

El pasado mes de noviembre de 2016, el Instituto Nacional de Estadística (INE) dio a conocer los datos definitivos correspondientes a 2015, los últimos publicados hasta la fecha. Según los datos ofrecidos, ese año España destinó un total de 13.171 millones de euros a financiar el gasto en I+D. El porcentaje sobre el PIB se situó en el 1,22%. El INE, en su página web, describe que “la Estadística de I+D incluye a todas las empresas, organismos públicos, universidades o instituciones privadas sin fines de lucro que ejecuten I+D, ya sea de forma continua o de forma ocasional”. En la misma línea, señala: “El tamaño muestral para la Estadística de I+D es de 51.622 unidades, de las cuales 50.153 son empresas, 900 son centros de la administración pública (incluye hospitales públicos), 77 son universidades, 145 centros de enseñanza superior y 347 son instituciones privadas sin fines de lucro”. Entiende “la investigación y el desarrollo experimental (I+D)” como “el trabajo creativo llevado a cabo de forma sistemática para incrementar el volumen de conocimientos, incluido del conocimiento del hombre, la cultura y la sociedad y el uso de esos conocimientos para crear nuevas aplicaciones”.

 

Prácticamente dos años después, es poco probable que las cifras hayan cambiado sustancialmente. Eso, a pesar de que, como señala el propio INE en nota de prensa reciente, el Producto Interior Bruto (PIB) generado por la economía española haya registrado una variación del 0,9% en el segundo trimestre de 2017 respecto del primero, y que la tasa anual de crecimiento se haya situado en el 3,1%.

 

Cierto es que los datos ofrecidos por el INE son formalmente una estimación y que hasta que no se cierre el ejercicio no se podrá afirmar con propiedad si se han dado o no estos crecimientos. Pero también lo es que son datos macroeconómicos validados desde Europa y que muestran una proyección econó- mica alentadora. Desde una perspectiva macroeconómica puede decirse que España se está situando en la senda de salida de la crisis.

 

Desde una lectura pretendidamente grosera, los datos indican que España recauda más ingresos, sea cual sea el objeto que los genere, sea producción industrial, servicios o exportaciones. Si además de grosero uno es ingenuo, la siguiente pregunta es: si hay más dinero, ¿por qué no invertir una parte a la I+D? Para quien diga que efectivamente así se ha hecho, la respuesta está en los Presupuestos Generales del Estado para 2017. Sin necesidad de recurrir a la lupa, y tampoco a la letra pequeña, la conclusión es que la financiación del sistema español de I+D se queda, otro año más, donde estaba, que no es en buena situación. Los incrementos, si los hay, se han escrito en letra menuda.

 

ESCASO MOVIMIENTO 

A diferencia de lo ocurrido durante la prolongada y dura etapa de crisis económica que ha vivido España, los PGE para 2017 no recogen un recorte de los fondos destinados a la I+D+I, al menos no a trazos gruesos. Tampoco los hubo en 2016. Pero tampoco hay aumentos significativos salvo para programas o proyectos específicos. Podría decirse que, de algún modo, las grandes cifras denotan una cierta estabilidad y que el detalle nos abocaría a lo que, eufemísticamente, podría calificarse de “ajustes finos”.

 

José Molero, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, y José de Nó, investigador del CSIC, ambos enrolados en el Instituto de Estudios de la Innovación (IREIN), constatan en su informe anual para la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) el escaso movimiento global en la Política de Gasto 46 (PG46) de los presupuestos. La PG46 es la que la propia Administración clasifica como fondos destinados a I+D+I. No incluye, en este sentido, la financiación que destinan las comunidades autónomas en su conjunto, así como tampoco la procedente de la Unión Europea o de las empresas.

 

 

En su Nota de Alcance para la COSCE, ambos investigadores señalan que, en cifras globales, el presupuesto de I+D+I aumenta en 84,18 millones de Euros, “que apenas representa un 1,31% más respecto a 2016”. Destaca, sin embargo, que el total destinado a investigación civil aumenta un 4,39%. 

 

Por su parte, FEDIT, la Federación Española de Centros Tecnológicos, destaca que esas cifras denotan que la I+D+I en su conjunto “crece por debajo de las previsiones de incremento del PIB que hace el propio Gobierno”, y que ese incremento representa “una disminución del peso de la I+D+I” en la economía espa- ñola. De seguir esta senda, lamenta la organización, se dará “una continuación de la disminución” de los indicadores de inversión en I+D+I que presenta España durante los últimos años.

 

Un segundo aspecto que critica el documento de COSCE es la reducción de la cuantía en forma de fondos no financieros (subvenciones) que caen un 2,36% o, lo que es lo mismo, pierden 63,19 millones de euros. En cambio, los fondos financieros (créditos) aumentan 147,37 millones de euros. Las cifras desveladas ponen de relieve que la llamada Investigación Civil aumenta un 2,63%, mientras que la Investigación Militar cae un 28,02%.

 

La interpretación de los datos, obviamente, puede depender del color del cristal al través de que se miren. De Nó y Molero emplean el cristal de los euros constantes, en el que anticipan una tasa de inflación del 1,5% para 2017. El resultado, ciertamente, es desalentador: la comparativa de la PG46 entre 2016 y 2017 arroja un descenso del 0,38%. O sea, que en términos de “poder adquisitivo” el sistema español de I+D+I a cargo de los Presupuestos Generales del Estado pierde fuelle.

 

 

EL ANÁLISIS DE INDICADORES

Desde que estalló la crisis, la inversión global en I+D+I se ha reducido del 1,39% del PIB de 2010 al 1,22% en 2015. En términos absolutos, según datos ofrecidos por el INE, se ha pasado de 14.588 millones de euros de 2010 a los 13.172 millones de euros en 2015.

 

En lo que refiere a la PG46, resulta de especial interés el Capítulo 7 (subvenciones externas). Los presupuestos recién aprobados prevén una cifra de 1.212 millones de euros, muy lejos del máximo histórico alcanzado en 2008, cuando se asignaron 2.485 millones de euros. Quedan, eso sí, ligeramente por encima de los del año del “gran tijeretazo”, 2012, cuando este capítulo pasó de los 1.745 millones de Euros a los exiguos 1.093 millones de Euros.

 

La conclusión, si es que hay alguna, es que parece haberse frenado la sangría de la financiación del sistema español de ciencia, tecnología e innovación. La “operación tijeretazo”, los grandes recortes presupuestarios, parecen haber quedado atrás. 

 

El estado del enfermo, sin embargo, sigue siendo más que delicado. Las pérdidas acumuladas en los peores años de la crisis no se han revertido, por lo que sigue “faltando sangre” para recuperar músculo. La incertidumbre sobre si las pérdidas habrán ocasionado lesiones graves en el sistema persisten. La tan ansiada Agencia Estatal de Investigación, que va a contar con presupuesto propio por primera vez, está por ver si es una cura, aunque sea parcial o es, como ya ha ocurrido con organismos precedentes sobre los que se basaba la organización y financiación del sistema, un mero paliativo. El tiempo dirá.


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