Relato publicado en mayo de 2013

Francisco José Plou Gasca

Investigador Científico del Instituto de Catálisis y Petroleoquímica del CSIC y Profesor Honorario de la UAM

http://www.icp.csic.es/abgroup

 

Clostridia era una de los cien billones de bacterias del tracto intestinal de Julián, un hombre cualquiera de un lugar cualquiera. Clostridia formaba parte de la microflora intestinal, también llamada microbiota, y su vida se limitaba a aprovechar las sustancias que Julián no absorbía directamente en su organismo. Que si unos gramos de fibra por aquí, que si un poco de colesterol por allá, que si ahora una ración de azúcares prebióticos. El ambiente en el intestino era sofocante, donde gases de aromas y texturas diversos se acumulaban (¡menos mal que a ninguna bacteria se le ocurría encender una cerilla!). La lucha por el espacio era brutal; todos los microorganismos querían tomar posiciones cerca de la mucosa intestinal y así no verse arrastrados hacia el colon, donde serían excretados en las heces. Ninguna de las bacterias sabía lo que había más allá de la luz intestinal; para ellas, el cuerpo de Julián era el gran desconocido. Un día de verano, Clostridia, a base de artimañas y algún que otro soborno, consiguió tomar posiciones en la membrana epitelial, la parte más deseada del intestino. De repente, sintió una especie de succión y, casi sin quererlo, consiguió translocarse a través de las vellosidades intestinales. ¡Se había colado dentro del cuerpo de Julián!... (Leer más)

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