Artículo publicado en junio de 2013 

DOI: http://dx.doi.org/10.18567/sebbmdiv_RPC.2013.06.1

Isabel Bernal 
Unidad de Recursos de Información Científica para la Investigación, CSIC
Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

 

Descargar artículo (pdf)

 

El artículo da una breve panorámica de las motivaciones y del contexto en que nació el movimiento del acceso abierto a los resultados de proyectos de investigación. Incluye una reflexión sobre lo que se ha logrado en los últimos 20 años y sobre temas pendientes que abordar.

 

Por acceso abierto (Open Access, OA) se entiende el acceso inmediato, sin requerimientos de registro, suscripción o pago a material digital educativo, académico y científico, principalmente artículos de revistas especializadas con revisión por pares. Las únicas barreras de acceso contempladas son las ligadas a Internet, desapareciendo las de carácter legal, técnico o económico.
Aunque los primeros intentos por maximizar el intercambio de información científica digital datan de fines de los 60, el acceso abierto va estrechamente ligado a la publicación de los estándares web por Tim Berners-Lee y el CERN (mayo 1991). Desde entonces, la ascensión de esta iniciativa internacional ha sido constante y los hitos, muchos (1). Entre ellos cabe destacar, por su carácter pionero y repercusión, el lanzamiento de arXiv (2) por el físico Paul Ginsparg (agosto 1991), para compartir gratuitamente online artículos preprint antes de pasar por las evaluaciones de las revistas y Publicly retrievable FTP archives for esoteric science and scholarship: A subversive proposal (3) del profesor de Psicología Stevan Harnad (junio 1994) para animar a los investigadores a depositar en archivos FTP anónimos sus trabajos científicos no sujetos a fines lucrativos.
Aprovechar la popularización de Internet y superar un modelo de comunicación científica considerado anacrónico por replicar fielmente en la web el negocio de la publicación impresa mediante grandes monopolios editoriales influyeron en el arranque del movimiento en aras de una difusión científica más rápida, efectiva y económica. Entre los obstáculos principales al acceso de los resultados científicos destacaban los precios desorbitados de las revistas científicas de suscripción, cuyos incrementos anuales varias veces más altos que la inflación y la rigidez del sistema de selección de contenidos (big deals) dominantes en las últimas décadas han convertido al sector editorial científico en uno muy lucrativo.
En todo el mundo, con liderazgo anglosajón, se multiplicaron iniciativas para promover software no propietario y gratuito para publicar (p.e, GNU eprints, Open Journal Systems), editores de nuevo cuño (p.e, Public Library of Science), archivos y bibliotecas digitales (p.e, Scielo), repositorios (p.e, PMC), bases de datos bibliográficas (PubMed) y otras plataformas online (p.e, Internet Archive) que facilitaban el acceso gratuito a la información científica.
Con los años el movimiento fue concretando objetivos y estrategias. Resultado de una reunión de investigadores, bibliotecarios, editores y otros profesionales de la comunicación científica organizada por el Open Society Institute, la Declaración de Budapest (42002) acuñó el término y marcó 2 posibles vías: la "ruta verde" denomina a los repositorios en que los autores depositan copias de sus trabajos para ser accesibles de modo gratuito, permanente e integral por cualquier usuario de la Red. Los repositorios pueden ser institucionales, temáticos o federados y la mayoría de los editores científicos de suscripción permiten el depósito de las versiones enviadas y/o aceptadas (5) de los artículos en tales plataformas. La "ruta dorada" indica a las revistas de acceso abierto, que se diferencian de las tradicionales en unos modelos de negocio en que ningún coste recae sobre el lector. Suelen además tener políticas más generosas de reutilización de sus contenidos.
En 20 años el acceso abierto ha obtenido grandes logros, en primer lugar el haber puesto en tela de juicio la efectividad y la transparencia de los pilares del modelo dominante de comunicación científica y el evidenciar que el nivel de acceso a recursos de información científica dista de ser óptimo -ni las instituciones con los mayores presupuestos pueden afrontar el pago de toda la información científica relevante (6). Más de 2.200 repositorios (7) y 8.000 (8) revistas de acceso abierto confirman que no es una moda pasajera.
Los mandatos de acceso abierto de instituciones de investigación (p.e, el de la Universidad de Harvard) y de agencias financiadoras (p.e, la Ley de la Ciencia española (9)), son cada vez más corrientes -hay más de 250 mandatos- y reflejan mayor sensibilidad hacia la necesidad de hacer disponible a toda la sociedad los resultados de los proyectos científicos financiados con dinero público. Se trata también de implantar modelos de transferencia de conocimiento más efectivos y de promover un mayor impacto real de los resultados de la investigación, abriéndola a más lectores y consumidores. En este sentido, la política de acceso abierto de la Comisión Europea perfila un futuro prometedor. El grado de difusión en acceso abierto de los resultados científicos ha generado también un debate sobre la reforma de los planes de evaluación científica, por ejemplo, en el Reino Unido.
Sin embargo, hay retos en el camino: aún hoy, la mayoría de las 28.000 revistas científicas del mundo son de pago para el lector, y están en manos de grandes monopolios comerciales. En total, sólo el 20% de los artículos científicos publicados están disponibles en acceso abierto, a través de copias en repositorios o publicados en revistas de acceso abierto. Además, importantes editores de suscripción han diseñado estrategias para monetizar el movimiento con cuotas de publicación de acceso abierto insostenibles para cualquier centro de investigación.
El compromiso político y de las instituciones para hacer cumplir las leyes y mandatos de acceso abierto es fundamental, así como la necesidad de armonizar políticas e iniciativas que aún buscando el objetivo común de derribar barreras al acceso de la ciencia difieren en velocidades y estrategias (10). Por último, queda pendiente la reforma del marco internacional de propiedad intelectual para facilitar el intercambio de recursos de investigación y adaptarse a las oportunidades del medio digital.

 

 

 

Figura. "The availability of gold and green OA copies by scientific discipline" CCA 3.0. Björk B-C, Welling P, Laakso M, Majlender P, Hedlund T, Gudnason G. doi:10.1371/journal.pone.0011273. 

 

 

REFERENCIAS

 

1.http://www.earlham.edu/~peters/fos/timeline.htm
2. http://arxiv.org/
3.http://en.wikipedia.org/wiki/Subversive_Proposal
4.http://www.opensocietyfoundations.org/openaccess/translations/spanish-translation
5. http://www.sherpa.ac.uk/romeo/
6.http://isites.harvard.edu/icb/icb.do?keyword=k77982&tabgroupid=icb.tabgroup143448
7. http://www.opendoar.org/
8. http://www.doaj.org/
9.http://www.boe.es/boe/dias/2011/06/02/pdfs/BOE-A-2011-9617.pdf
10. Algunas recomendaciones en el ámbito de la Biomedicina:http://www.esf.org/fileadmin/Public_documents/Publications/spb47_OpenAccess.pdf

 

 

Para comentar este artículo o formular alguna pregunta a su autor, pinche aquí.

Socios Protectores