Artículo publicado en diciembre de 2013 

DOI: http://dx.doi.org/10.18567/sebbmdiv_RPC.2013.12.1

Patricia Marín García 
Área de Microbiología, Parasitología e Inmunología Médicas. Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid
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El uso de animales en la investigación ha permitido que en el último siglo se consigan grandes avances en la comprensión del funcionamiento de los seres vivos tanto en la salud como en la enfermedad. Gracias a ello, hoy en día los seres humanos disfrutamos de una vida larga y saludable.

 

Desde su inicio como especie, el hombre lleva usando animales para su propio beneficio como fuente de alimentos, aprovechando también su piel para hacer ropa y calzado, etc.; como animales de carga (mulas, caballos, asnos, etc.) o de ayuda en el desarrollo de sus actividades cotidianas (por ejemplo el perro para el cuidado del ganado); o como animal de compañía. En los últimos siglos de nuestra Historia, a estos usos se ha añadido también el empleo de los animales como herramienta para el avance de la ciencia y el desarrollo de nuevos tratamientos y técnicas biosanitarias que mejoren la salud del hombre.

Esta nueva forma de utilizar a los animales, que también se extiende a la actividad docente en las ciencias experimentales y biomédicas, cuya finalidad es el aprendizaje de los futuros profesionales, suscita gran revuelo en la sociedad. Sin embargo, nadie se imaginaría a un neurocirujano, extirpando un tumor cerebral, habiendo aprendido la técnica quirúrgica únicamente a través de vídeos y simuladores; o a un pediatra vacunando a un niño contra el sarampión sin haber antes verificado la seguridad de la vacuna en modelos animales.

La experimentación animal tiene por objetivo generar conocimiento científico que permita mejorar el futuro del hombre y/o de otros seres vivos (1). Pero para que esta experimentación sea científica debe cumplir una serie de condiciones y garantías en cuanto a la manera de llevarla a cabo y sobre la nueva información que va a generar. En este sentido, hay que tener en cuenta que sólo se deben usar animales cuando las respuestas a las cuestiones científicas no pueden obtenerse de otra manera. En otras palabras, utilizaremos animales en la investigación biosanitaria cuando necesitemos conocer qué pasa en el conjunto de un organismo vivo, y está claro que no podemos realizar ensayos en humanos por cuestiones éticas. Así por ejemplo, antes de comercializar un medicamento frente a la malaria primero se estudia cómo funciona en células en cultivo en el laboratorio, y si resulta de interés, a continuación también en animales de laboratorio, con el fin de determinar las propiedades farmacológicas del compuesto. Finalmente, sólo si los resultados que se obtengan son prometedores y seguros, se prueba en personas en un ensayo clínico (2).

Es importante destacar que la mayor parte de las investigaciones biomédicas no requieren el empleo de animales de laboratorio, y se basan en los resultados obtenidos a través de métodos alternativos como son los cultivos celulares y modelos informáticos (3). Por ejemplo, para determinar si el consumo de tabaco favorece el desarrollo de cáncer de boca y pulmón se realizan análisis epidemiológicos. Se estima que los procedimientos de investigación y ensayo que utilizan animales son aproximadamente un 10% del conjunto de la investigación biomédica. En la Unión Europea se utilizan alrededor de 10 millones de animales anualmente, siendo los roedores (ratón y rata) junto con los conejos los más utilizados (4).

Todos los investigadores conocemos el valor de los animales, por ello, desde la aparición de la "Ciencia de animales de experimentación" en los años 40, y de que Russell y Burch establecieran el "principio de las 3R" (Reducción, Reemplazamiento y Refinamiento) (5) a finales de la década siguiente, se ha desarrollado todo un sistema legal de protección animal (6, 7) que persigue principalmente dos objetivos: asegurar el mejor trato posible al animal de experimentación y desarrollar protocolos experimentales homologados y métodos alternativos que minimicen al máximo el uso de animales. Toda esta normativa se ha incorporado a los comités de bioética que examinan cada uno de los proyectos de investigación que se solicitan, de forma que sólo aquellos que cumplan con las normas establecidas serán aprobados por dicho comité.

En conclusión, la mayoría de los investigadores pensamos que sería imposible avanzar en la compresión del funcionamiento de los seres vivos sin la investigación con animales. Además, sería impensable la aplicación de nuevas terapias farmacológicas y quirúrgicas, así como la utilización de equipos con el fin de prevenir y tratar las enfermedades que nos acechan sin los conocimientos adquiridos a través de la experimentación animal. Sin embargo, esto no es contrario a nuestra idea de protección y cuidado de los animales, por lo que también consideramos que el desarrollo de nuevos métodos alternativos que puedan sustituir a los modelos animales, así como la utilización de los ya existentes, ha de ser una prioridad. Hasta que alcancemos este punto, la experimentación animal debe siempre desarrollarse bajo la normativa vigente que regula y protege la investigación científica, y garantiza la seguridad de las personas, los animales y el medio ambiente.

Es por todo ello esencial que los investigadores informen al público sobre el trabajo que realizan, los métodos utilizados y los objetivos perseguidos, con el fin de que la sociedad entienda y apoye los trabajos de investigación, ya que es ella la principal beneficiaria.

 

 

Figura: A) Imagen de un ratón de la cepa C57BL/6 habitualmente utilizado en los laboratorios de biomedicina. B) Imagen de la elaboración de un cultivo de glóbulos rojos humanos. 

 

 

REFERENCIAS

 

1.\thttp://www.understandinganimalresearch.org.uk/
2.\tMedicines for Malaria Venture: http://www.mmv.org/
3.\thttp://www.buscaalternativas.com/
4.\tInforme sobre las estadísticas relativas a los animales para experimentación animal u otros fines científicos en los Estados miembros de la Unión Europea: http://eur-ex.europa.eu/LexUriServ.do?uri=COM:2010:0511:FIN:Es:PDF.
5.\tRussell, W.M.S. and Burch, R.L., The Principles of Humane Experimental Technique. Methuen, London, 1959.
6.\tInternational Council for Laboratory Animal Science (ICLAS): http://www.lasa.co.uk/
7.\tSociedad Española de Ciencias del Animal de Laboratorio (SECAL): http://www.secal.es

 

 

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