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De la ciencia al neurocómic

Neurocómic. Matteo Farinella y Hana Roš. Col. Cómic USA, Norma Editorial. Barcelona (2014) 136 p.

  • Álvaro Pons

  • Departamento de Óptica. Universitat de València

L
os más viejos del lugar recordarán aquellas famosas Vidas Ilustres que publicaba la mexicana Novaro a finales de los años sesenta. Biografías noveladas de personajes insignes que nos vienen a la memoria aderezados con ese cóctel tan peligroso y efectivo que mezcla a partes iguales nostalgia y cariño, por las que pasaban políticos, filósofos y, por supuesto, científicos. A poco que se haga un pequeño esfuerzo, llegan a nuestra memoria las viñetas que mostraban a Einstein, Marie Curie, Lázaro Spallanzani, Arquímedes, Koch o Lavoisier como prestigiosos héroes modernos. Era un ejemplo de la relación del cómic con la ciencia, un vínculo bastante estable en la historia del noveno arte pero extraordinariamente limitado a la vertiente histórica de la divulgación científica, quizá también por la curiosa paradoja que representa alabar por un lado las inherentes capacidades didácticas de la historieta para los más jóvenes, pero restringir por otro sus posibilidades a apenas una mínima muestra ligada exclusivamente a la ficcionalización narrativa. 

Afortunadamente, a principios de los años noventa, Scott McCloud dinamitó toda concepción reductora de la historieta con su metaensayo Comprender el cómic (publicado en castellano por la editorial Astiberri), que reclamaba para sí el uso de los recursos de la historieta más allá de la simple narración lineal para explorar el fértil terreno del simbolismo gráfico secuencial. McCloud reivindicaba la utilización del cómic poniendo su obra como ejemplo, usando el dibujo en toda su extensión como elemento evocador que permite la plasmación de complejos conceptos abstractos. Más allá de la historia, el cómic permitía la reflexión abstracta desde la propia representación de esa abstracción: un recurso que tradicionalmente se restringía a esquemas y diagramas que, incorporados al lenguaje de la historieta, encontraban un perfecto acomodo dentro de un discurso, como recursos naturales de la narración en tanto extensiones de ella. En el fondo, McCloud solo recogía un guante inexplicablemente olvidado: el que había lanzado ya en el siglo XIX Rodolphe Töpffer con su seminal Essai de Physiognomie, en el que definía las posibilidades narrativas de lo que llamaba «literatura en estampas» desarrollando todo el potencial de lo que hoy conocemos como cómic.
«Solo fue cuestión de tiempo que el cómic se plantease la ciencia no como un tema puramente relacionado con la biografía, sino como un lenguaje con el que poder divulgarla y, también, reflexionar sobre ella.»
Tras la obra de McCloud, solo fue cuestión de tiempo que el cómic se plantease la ciencia no como un tema puramente relacionado con la biografía, sino como un lenguaje con el que poder divulgarla y, también, reflexionar sobre ella. El cómic abordaba el ensayo desde una perspectiva liberadora de las limitaciones de antaño y se permitía abordar la ciencia con otra visión, como la que practicaron Apostolos Doxiadis y Christos Papadimitriou en Logicomix (Salamandra Graphic, 2014), una visión de la lógica matemática que parte de la biografía de Bertrand Russell para adentrarse en las teorías más importantes de esta disciplina científica, antaño hermética para el cómic y que, ahora, se convierte en un best seller mundial. Un camino abierto que inspiró a Matteo Farinella y Hana Roš a usar el noveno arte con el fin de divulgar la complejidad de la neurociencia. Neurocómic se alza como un completo ensayo que permite exprimir al máximo las posibilidades simbólicas del dibujo y de la narración secuencial, al explicar las bases de la neurociencia conjugando la aproximación cronológica y la estructural en paralelo. 

Usa a los grandes neurocientíficos de la historia, desde Ramón y Cajal a Hans Berger o Eric Kandel, pero no para dar la tradicional introducción biográfica, sino como cicerones de un fantástico viaje al interior del cerebro humano en el que cada etapa de las sensaciones, desde la fisiológica a la perceptual, es explicada por aquellos investigadores que han establecido puntos clave en su historia. Las viñetas clásicas dejan espacio a mapas, diagramas, simbolismos y juegos visuales que resultan fundamentales para comprender y avanzar en este particular trayecto por los misterios del cerebro humano. Y el resultado no puede ser más gratificante:Neurocómic no solo es un ensayo riguroso y meticuloso sobre las neurociencias, es además una obra entretenida y apasionante que deja al lector con ganas de seguir leyendo sobre esta disciplina y conocer más del funcionamiento del cerebro y la percepción.
 
«Neurocómic demuestra que las posibilidades expresivas del cómic son perfectas para la divulgación científica.»
La obra de Farinella y Roš es, en cierta medida, un perfecto prólogo de la Unflattening de Nick Sousanis (Harvard University Press), todavía inédita en castellano, pero que supone un ambicioso paso adelante al presentar por completo una tesis doctoral haciendo uso del lenguaje del cómic. Sousanis analiza la percepción humana desde diferentes aproximaciones, reflexionando sobre sus bases biológicas, su adaptación evolutiva, su presente y su proyección futura, desarrollando un completo ensayo filosófico que basa sus teorías precisamente en la carga simbólica del discurso gráfico. Todo un reto superado con nota por el cómic, que demuestra que sus posibilidades expresivas son perfectas para la divulgación científica.


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