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La carrera científica

finales de mayo, la revista Quo presentaba la primera selección española de la ciencia, selecto grupo de trece científicos entre los que se encontraban algunos de los socios de SEBBM más prestigiados. 

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

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finales de mayo, la revista Quo presentaba la primera selección española de la ciencia, selecto grupo de trece científicos entre los que se encontraban algunos de los socios de SEBBM más prestigiados. En el acto de presentación, que tuvo lugar en la sede central del CSIC, se hizo hincapié en el conjunto de valores que comparten futbolistas y científicos. En efecto, esfuerzo, vocación, constancia, entrega o dedicación son palabras que asociamos con normalidad al éxito en el deporte y en la ciencia, y no cabe duda de que son los principios que imperan en el ámbito deportivo… ¿pero de verdad son estos los valores que se premian y estimulan en nuestros laboratorios?

 

En toda carrera deportiva el objetivo es llegar a la meta y, si es posible, llegar el primero. Atendiendo a tan obvia premisa, es asimismo obvio que la única fórmula de éxito es el trabajo continuo y la capacitación, es decir, el desarrollo de las aptitudes tanto innatas como adquiridas del corredor hasta llegar a alcanzar el plus diferencial del ganador.

 

Todo esto parece una perogrullada, como tan de Pedro Grullo es decir que el espíritu deportivo y el juego limpio se basan en que todos los concursantes deben competir en igualdad de condiciones, o sea, igualados en la línea de salida… ¿Y si Pedro Grullo nos dijera que las carreras deben finalizar con todos lo concursantes igualados en la meta, que no en la salida? Nadie dudaría en responderle con asombro y energía al otrora también llamado Pero que está contraviniendo el más elemental principio de la contradicción, una de las leyes clásicas del pensamiento lógico: “nadie puede creer al mismo tiempo y en el mismo sentido una proposición y su negación”. ¿Se imaginan a Fernando Alonso en plena competición sin competir, en plena carrera sin correr, esperando en la pista a los rezagados para cruzar todos juntos la línea de llegada?

 

Al igual que hablamos de «carrera deportiva», con frecuencia nos referimos a la «carrera académica», o a la «carrera científica». La competición con otros laboratorios por conseguir un descubrimiento concreto es usual en la arena internacional y en buena medida se asemeja a la competición deportiva. Es la lucha de los más preparados y esforzados por llegar primero a la meta. ¿Por qué, sin embargo, no impregnan nuestras aulas y laboratorios el espíritu de superación que domina el ambiente deportivo? ¿Por qué asimilamos con normalidad el concepto de élite en el deporte y no en la ciencia? España apostó hace años por las élites deportivas, siendo hoy modelo y envidia del mundo, mas no por las élites académicas. ¿Se imaginan que hubiera sido al revés?

 

Sería encomiable que la Universidad y, en conjunto, el sistema español de ciencia y tecnología se rigieran por las mismas reglas que el deporte, esto es: cuidar sus respectivas canteras de jóvenes, seleccionar y promover a los mejores, ofrecerles un ambiente óptimo de trabajo y diseñar una trayectoria de futuro bien definida… sin contravenir el antes citado principio lógico de la contradicción. El espíritu que impera en los Centros de Alto Rendimiento (CAR), complejos deportivos diseñados para asistir en forma integral a los deportistas de élite con modernas técnicas de apoyo, deberían ser el ejemplo a seguir por los campus universitarios y los institutos de investigación. Todo ello, por supuesto, asumiendo la competición en igualdad de condiciones, es decir, partiendo de un sistema efectivo de equiparación social e igualdad de oportunidades, así como de selección y promoción de los más capacitados y esforzados.

 

¿Marcará la selección de Quo el punto de partida para la creación de auténticos CAR de la ciencia española?

 


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