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El desembarco de la financiación colectiva de la ciencia

En el mundo de la globalización, las alternativas para la financiación de la ciencia luchan a brazo partido para hacerse un hueco. Entre ellas, el micromecenazgo, una fórmula atractiva en los países de habla anglosajona a ambos lados del Atlántico pero que está costando de cuajar en nuestro entorno. En España no abundan, aunque de vez en cuando surge una buena noticia en forma de plataforma digital. A través de ellas se financian proyectos científicos, start-ups e incluso patentes. Ciertamente, poco dinero para los recursos que precisa el sistema de I+D+i, pero en absoluto se trata de migajas.

  • Xavier Pujol Gebellí

E

l mecenazgo en ciencia, escrito en mayúsculas, es una práctica de uso común en los países con sistemas de investigación avanzados. Aunque, como bien es sabido, no en todos. En Estados Unidos o en los países del norte de Europa, la captación de recursos procedentes de la filantropía no es en absoluto una excepción sino más bien lo contrario: forma parte de las líneas de financiación de las instituciones de investigación en mayor o menor medida.

Tanto es así que alrededor de la filantropía, las donaciones individuales o las aportaciones de empresas privadas, bien sean derivadas de principios de responsabilidad social corporativa, de compromisos adquiridos para con sectores u organizaciones específicas o bien en aplicación de campañas de imagen o con interesantes desgravaciones fiscales, ha surgido un notable mercado y con él nuevos oficios. La captación de recursos económicos para proyectos de investigación y desarrollo o para la financiación de instituciones tiene nombre conocido, fundraising.

Ello significa, ni más ni menos, que la captación de recursos es una tarea que se ha profesionalizado en áreas tan fundamentales como la gestión, el diseño y planificación de actuaciones de mecenazgo, patrocinio y de márketing social. Asociar o no una marca a una campaña solidaria es en muchos casos una decisión estratégica de la que pueden derivarse algo más que réditos publicitarios.

Sin ánimo de entrar en detalle, esta práctica se ha convertido en usual desde que el mundo se ha convertido en un mercado globalizado, con multitud de marcas comerciales que hoy es posible encontrar de forma invariante en cualquier rincón, desde fármacos a productos alimentarios pasando por electrodomésticos o aparatos electrónico

Y si el comercio es global, también lo son el consumo, el acceso a la información y un cierto deseo de participación ciudadana en acciones, lucrativas o no, que escapan a los filtros convencionales de control y financiación. Actividades culturales y campañas solidarias, incluidas las médico-sanitarias, son las que mejor se adaptan a estos criterios. La ciencia, sin embargo, se ha hecho con un hueco notable, lo mismo que la generación de empresas o la publicación de patentes. Es así como se llega del mecenazgo y el fundraising convencionales al micromecenazgo o crowdfunding. O, lo que viene a ser lo mismo, la financiación colectiva.

 

Plataformas

De algún modo, el crowfunding se inspira en las campañas de recaudación popular de fondos destinados a un fin concreto. Desde costear la intervención quirúrgica de un vecino a recaudar fondos para la investigación del cáncer, podrían encontrarse cientos, cuando no miles, de ejemplos en los que su éxito o consecución radican en las cuestaciones populares. Las nuevas tecnologías no han hecho más que ampliar la difusión del objeto a financiar y multiplicar el número de potenciales donantes. La televisión a través de sus maratones solidarios, abrieron un camino que ha sido proseguido con éxito por las plataformas digitales.

Y eso, como era de esperar, nos lleva a tiempos recientes. De ahí que valorar su impacto real resulte un tanto aventurado. La web –que no internet, que hunde sus raíces en el primigenio Arpanet de los años sesenta del siglo pasado– no se formula hasta los primeros años noventa. Y la interactividad que hoy conocemos, aunque largamente predicha, no se consolida hasta la década pasada.

La interactividad, junto con el desarrollo de aplicaciones suficientemente seguras de comercio electrónico, es una de las claves de la eclosión de las plataformas digitales orientadas a la captación de fondos para todo tipo de finalidades. Un vistazo a Verkami, la plataforma de micromecenazgo más popular de Europa, nos desvela el resto.

Concebida como una herramienta orientada a la captación de recursos para el fomento de la creación y los proyectos culturales, solo en 2013 logró recaudar cinco millones de euros para prácticamente un millar de propuestas presentadas con una financiación media cercana a los 5000 euros. El récord de esta plataforma eminentemente cultural lo ostenta el documental L’endemà (El día de mañana) con cerca de 350 000 euros aportados por más de 8000 micromecenas. El submarino Icíneo 3, con un millar de aportaciones y 60 000 euros recogidos, y los premiados hallazgos arqueológicos de la Cueva de Sant Sadurní (cerca de Sitges), destacados como uno de los más relevantes por National Geographic, representan una pequeña muestra de lo que puede hacer la financiación colectiva en ciencia y tecnología.

¿Significa eso que el crowfunding tiene sentido en el exigente mundo de la financiación de la ciencia? La respuesta, contrariamente a lo que cabría suponer, es afirmativa, aunque raramente podría considerarse como línea principal de financiación, sino tan solo parcial y complementaria. Al menos, en España.

Algunos proyectos financiados colectivamente

 

R

esulta harto complicado destacar proyectos e iniciativas científicas financiados mediante mecenazgo. Sin ánimo de ser exhaustivos, presentamos una pequeña selección de propuestas representativas:

El computador biológico

Proyecto de investigación en biología sintética desarrollado por el Grupo de Investigación en Biología Sintética de la Universidad de Sevilla. Se lanzó a través de la plataforma Lánzanos. Recaudó algo más de 6000 euros.

Help us find the first exomoon

Lanzado por la plataforma Petridish para investigar la existencia de cuerpos extrasolares mediante el uso del telescopio Kepler. Recaudó 12 247 dólares.

Ancient Roman DNA Project

Proyecto para el estudio del DNA de habitantes de la Roma antigua. Publicado por el portal Rockethub. Superó los 10 000 dólares.

Autism and protein markers

Desarrollo de una prueba de diagnóstico para el autismo basada en biomarcadores y análisis con software especializado. Recaudación de 6225 dólares.

 

Asentamiento en progreso

Las primeras plataformas digitales de crowfunding en España, entre ellas Verkami, Goteo, Microdonaciones y Lánzanos, nacidas mayoritariamente entre hace tres y cinco años, se han orientado fundamentalmente a financiar «proyectos», como escribe el especialista Jaume Albaigés en su blog especializado Tecnolongia. Algo así como «una iniciativa concreta con un resultado definido». Captar fondos para una entidad o una institución quedaría por consiguiente fuera de su alcance. La lista de las más activas se completa con Migranodearena, Teaming y MiAportación.

En buena medida, nacen con el objetivo de financiar proyectos artísticos y culturales, aunque no tardarán en ampliar la captación a propuestas de educación ambiental, campañas solidarias o incluso un poco definido espacio de ciencia y tecnología que actúa como cajón de sastre: ahí caben desde el desarrollo de una app para móvil hasta completar la construcción de un minisubmarino.

Con todo, no tardan en aparecer plataformas que, al igual de lo que viene ocurriendo sobre todo en Estados Unidos y el norte de Europa, van ganando impulso con una cierta especialización. Esther Viejo, en un breve análisis publicado en el portal madri+d, cita como plataformas de referencia en España y Latinoamérica, las plataformas Taracea y Vórticex, ambas con el apoyo de la Fecyt y la colaboración del Ministerio de Economía y Competitividad, la primera, y el Gobierno de Navarra, la segunda. Amplía la lista con SociosInversores (financia proyectos en salud, I+D+i, patentes, ecología y energía, entre otros), Inverem (reúne a más de 2000 emprendedores para los que ha conseguido más de tres millones de euros) y Nestarter, más generalista pero con una generosa sección dedicada a ciencia, salud y tecnología.

En el ámbito internacional, a menudo auténticas referencias inspiradoras, Viejo destaca a las dedicadas de forma exclusiva a la ciencia o a un ámbito de ella, y las que «giran en torno a diferentes categorías entre las que se dan inventos, tecnología y ciencia». En el primer grupo, engloba SunFunder (financiación de proyectos en energía solar), Greenfunder (proyectos ambientales) y Science donors (dedicada en exclusiva a proyectos científicos). En el segundo están Rockethub, Kickstarter y la alemana Startnext (ciencia, tecnología e inventos).

Por supuesto, la lista es muchísimo más amplia. Universo Crowfunding, referencia digital en temática de financiación colectiva, publica su propia selección. Por su interés, reproducimos parte de ella:

Microryza: Plataforma de proyectos de investigación científica, fundada en el 2012. Permite a los investigadores publicar sus proyectos para solicitar donaciones. Su funcionamiento es clásico, si se consigue el objetivo, se recauda la financiación y se le entrega al investigador.

Petridish: Los investigadores pueden publicar materiales sobre ellos mismos y su investigación, y el público puede descubrir proyectos que considere interesantes. A cambio de contribuir al proyecto, los mecenas reciben actualizaciones de información privilegiada en la investigación, y otros recuerdos de la obra.

IAmScientist: Además de ser una plataforma de crowdfunding con proyectos de investigación científica se presentan como una comunidad global para la ciencia, que permite a los investigadores encontrar colaboradores y buscar el asesoramiento de los compañeros.

SciFlies: Sitio web estadounidense para fomentar la participación ciudadana en torno a la ciencia y la tecnología, la construcción de relaciones significativas entre el público y los científicos que trabajan para resolver problemas médicos, medioambientales o relacionados con la ingeniería, y otros retos.

Innovocracy: Portal californiano que presenta proyectos de investigación académicos. Surge como fuente de financiación que conecta a las personas que quieran apoyar la innovación desde un punto de vista académico.

Superior Ideas: Creado por la Universidad Tecnológica de Michigan, para conseguir que las investigaciones universitarias y proyectos de servicios públicos puedan ver la luz. En general, ayuda a los investigadores universitarios de todo el país a conseguir los fondos necesarios para realizar sus proyectos.

Scifund: Más que una plataforma es una sección dentro de Rockethub, una de las mayores redes americanas de crowdfunding. Enfocado en recaudar fondos para proyectos de investigación, crear un lugar de encuentro para que los científicos de todo el mundo puedan colaborar entre sí, y además acercar los proyectos de investigación presentados a la sociedad.

Cancer Research UK: Es una plataforma inglesa centrada en buscar financiación para llevar a cabo investigaciones científicas que ayuden a prevenir, diagnosticar y tratar el cáncer. A través de ella, se ha conseguido contribuir al descubrimiento de cerca de 50 medicamentos que están actualmente en desarrollo clínico.

ILoveScience: Originaria de Albacete, se trata de una plataforma de crowdfunding focalizada en la ciencia y promovida por varios científicos que ofrecen el servicio de asesoramiento científico a los proyectos que se quieren financiar con ellos.

¿Herramientas de política científica?

 

Definitivamente, las prácticas de financiación colectiva no deberían ser una herramienta alternativa para la captación de recursos destinados al sistema de ciencia y tecnología, cosa en la que coinciden no pocos expertos. No obstante, algunos de los rasgos que la caracterizan bien podrían ser incluidos en el marco de políticas científicas promovidas o apoyadas desde la Administración. Sería el caso en España de diversas iniciativas en las que la Fecyt tiene un papel protagonista como promotor o agente impulsor. Precipita, de reciente creación, o la ya citada Taracea, cumplen con este rol.
 

En ningún caso, estas plataformas deberían constituirse en sustitutivos de nada, aunque tampoco deben considerarse meros paliativos o, en lenguaje coloquial, simples engañabobos. Todo lo contrario, puesto que se asocian ya a campañas de márketing de donantes, a menudo pequeñas empresas, además de individuos, y vinculan de forma muy efectiva la ciencia con la ciudadanía por el esfuerzo en divulgación científica que contienen de forma implícita.

Por otro lado, y gracias a la especialización, han surgido plataformas que sobrepasan los objetivos del micromecenazgo para entrar de lleno en la captación de inversores para la financiación destart-ups, preferentemente de base tecnológica. La publicación de patentes y otras iniciativas de carácter empresarial vinculadas a la I+D+i entran en esta categoría.

Y en tercer lugar, pero no por ello menos relevante, distintas plataformas digitales han apostado directamente por la innovación y la expansión de productos o propuestas de éxito más allá de sus fronteras de origen, por lo que acaban siendo herramientas válidas para la internacionalización de ideas, proyectos o productos y tecnologías.

Lecturas recomendadas

7 plataformas comparadas
 
Asociación Española de Fundraising
 
Crowfunding para proyectos científicos
 
Crowfunding científico
 
Universo Crowfunding


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