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La ciencia vence

SEBBM pretende avanzar a nuestros socios y lectores los planes estratégicos de los principales partidos del país, de aquellos con opciones de gobier­no, en materia de política científica. Ve­rán que todos tratan de adentrarse en el futuro cuatrienio manteniendo un equi­librio cauto entre el conservadurismo y la progresía, entre la comodidad de lo co­nocido y la aventura de lo ignoto.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

E

n el contexto de este núme­ro de la revista, aprovechan­do la proximidad de la cam­paña electoral, el título que antecede puede parecer ban­dera de hoy, mucho más que de ayer, desplegada con oportunismo al aire –siempre propenso, a veces proceloso– de los medios de comunicación y el reclamo publicitario: La Ciencia Vence. El fin no sería otro que hacer énfasis en el papel de la ciencia moderna como elemento clave de poder en las sociedades más desarro­lladas, ya sea en el manido ámbito de la economía basada en el conocimiento para el progreso de los pueblos, ya sea en el sofisticado escenario de la guerra como contrapunto defensivo indispensable frente a la barbarie fundamentalista, entre otros. 

Pero no. Las palabras que dan título a estas líneas tienen más de 250 años. Y son de autoría española, ensartadas con acier­to precisamente en el proscenio de lo bélico: La Ciencia Vence. Conforman el lema que presidió los cien años de perma­nencia del Real Colegio de Artillería en el Alcázar de Segovia. Fundado en 1764, durante los primeros años del reinado de Carlos III, el Colegio responde a la im­portancia del saber científico­-técnico –y, en particular, de la base matemática– en la enseñanza artillera. (La artillería se denominó «arma sabia» en el siglo XVIII.) El Colegio obedece, asimismo, a la política de selección de los mejores cadetes para ponerlos al frente como futuros mandos de los Reales Ejércitos, según corresponde a una academia mili­tar «ilustrada» propia del reformismo borbónico de la época. El avanzado perfil docente de los profesores y la exce­lente formación de los alumnos egresados fueron una constante en la historia del Colegio. De hecho, el alto nivel de las enseñanzas, la meditada selección del profesorado y la excepcional generosidad en la dotación de medios fueron los tres pilares básicos sobre los que se erigió y mantuvo el prestigio del Colegio sego­viano. 

Apenas treinta años después de su funda­ción, los dirigentes del Colegio sintieron la necesidad –ante la importancia de la química en la metalurgia, esencial en la práctica artillera– de profundizar sus conocimientos en las ciencias químicas. Y, poco antes de morir, el propio rey Carlos III impulsó la creación del Labo­ratorio Químico (hoy museo), también ubicado en el Alcázar de Segovia. Con la mediación del conde de Aranda, embaja­dor en Francia, y a propuesta del mismo Lavoisier, el gobierno contrató al quími­co francés Louis Proust como primer director del Real Laboratorio, siendo el científico mejor pagado de la Ilustración española con un sueldo vitalicio de 24 000 reales. En el solemne discurso de inauguración, en 1792, Proust reconoció que en Segovia se había montado «el mejor laboratorio de química de Europa». Desde la cátedra segoviana, Proust reali­zó una contribución clave: La Ley de las Proporciones Definidas.Los años de Proust en España coinciden con una época gloriosa de la ciencia hispana, cuando el marino e ingeniero sevillano Antonio de Ulloa trae el platino de Amé­rica y los hermanos riojanos Elhuyar descubren el wolframio, por citar solo un par de casos significados de la química. 

Este número de SEBBM pretende avanzar a nuestros socios y lectores los planes estratégicos de los principales partidos del país, de aquellos con opciones de gobier­no, en materia de política científica. Ve­rán que todos tratan de adentrarse en el futuro cuatrienio manteniendo un equi­librio cauto entre el conservadurismo y la progresía, entre la comodidad de lo co­nocido y la aventura de lo ignoto. ¿Y por qué no mirar con orgullo al pasado y seguir con humildad el ejemplo de aquellos sabios ilustrados? La Ciencia Vence.


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