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¿Diáspora científica?

Los datos son pertinaces. Por más que desde el Ministerio de Economía y Competitividad sus responsables se empeñen en afirmar que en España no existe fuga de cerebros, el Instituto Nacional de Estadística señala un descenso del 8,5% entre 2010 y 2013, según su último estudio publicado. La caída del número de investigadores podría haberse acrecentado en 2014 y lo que llevamos de 2015, pero no hay datos al respecto. ¿Gana o pierde España con esta diáspora? La pregunta no es falaz ni la respuesta es trivial.

  • Xavier Pujol Gebellí

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e acuerdo con los datos publicados por el INE, el número de investigadores a jornada completa en 2013, último del que se tienen datos oficiales, ascendió a 123 224 personas. Según la misma fuente, la cifra supone 11 429 científicos menos, en las mismas condiciones, que en 2010, aproximadamente, un 8,5% inferior. Las cifras corresponden al sector investigación y desarrollo (I+D). Los números indican que el colectivo de investigadores dedicado a jornada completa a I+D es equivalente al de 2007, año en el que se registró un paulatino aumento para alcanzar su pico en 2010. Desde entonces, la línea ha sido descendente. Las cifras se corresponden con las registradas para personal a jornada completa dedicado a actividades de I+D (no solo investigadores). Equivalencia con el registro de 2007, pico en 2010 y caída paulatina desde entonces.

El cuadro estadístico se completa con la información relativa al gasto total en I+D, que en 2013 se situó en los 13 012 millones de euros. Comparativamente, es la cifra más baja desde 2006, lejos del máximo alcanzado en 2010, con 14 588 millones. En porcentaje del PIB representa el 1,24%, igualmente alejado del límite histórico de 2010, el 1,39% del PIB.

 

El silencio de las cifras

Desde que la crisis económica llevó al Ejecutivo presidido por Mariano Rajoy a tomar las tijeras para recortar ahí donde sus ministros le indicaran, el sentimiento de abandono de jóvenes científicos que afirmaban haberse quedado sin oportunidades en España, ha sido un in crescendo.

Las cifras en términos absolutos no son para nada irrelevantes. De acuerdo con un informe librado en febrero de 2015 por el Banco de España, la realidad indica que pocas veces en la historia española el salto cualitativo de la emigración ha sido tan importante. 

En su documento «España: ¿de la inmigración a la emigración». El supervisor advierte que el flujo migratorio empezó a cambiar de signo en 2007, justo cuando el crecimiento del PIB iniciaba su desaceleración. De acuerdo con su estudio, las salidas de emigrantes acumulan más de 400 000 personas por año desde 2010, aproximadamente el 10 por mil de la población total.

Buena parte de esta emigración corresponde a la «alta movilidad» de ciudadanos de otros países que habían llegado a España de forma masiva en el período previo a la crisis. El estudio, firmado por Mario Izquierdo, Juan Francisco Jimeno y Aitor Lacuesta, de la Dirección General del Servicio de Estudios del Banco de España, resalta sin embargo que los emigrantes que se van de España a partir de 2008 «son más jóvenes y con mayor nivel educativo» que los españoles que no emigran.

De acuerdo con la Estadística de Migraciones del INE, en 2014 más de 200 000 personas abandonaron el país, lo que supuso un descenso del 21% con respecto al año anterior. No obstante, el total de españoles que eligieron otro país aumentó un 15,4%, hasta poco más de las 42 500 personas.

Los mismos autores enfatizan que el cambio de signo migratorio sitúa a España en un marco similar al de otros países que ven cómo partes significativas de su población emigra por las condiciones laborales del punto de origen y las expectativas del de destino. De mantenerse la tendencia, indican, el fenómeno podría tener un «efecto significativo» sobre la economía española por la pérdida de fuerza de trabajo especialmente bien formada. El informe concluye que se debería «maximizar» el esfuerzo por «reducir la elevada tasa de paro» y por «propiciar un marco laboral que facilite el regreso futuro de las personas que han emigrado durante la crisis».

El estudio del Banco de España destaca en este sentido que más del 50% de los que emigraron durante la crisis tienen un «perfil alto» y que se alcanza el 90% si se suma a los de «nivel medio». Es decir, los emigrantes españoles «son los más preparados, abundan sobremanera los titulados universitarios».

Carlos Andradas, expresidente de la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE), y actual rector de la Universidad Complutense de Madrid, señalaba recientemente en una Tribuna publicada por el diario El País, que el CSIC ha perdido «más de 4000 efectivos» desde 2011, citando un estudio técnico de CC OO. Lamenta, en este sentido, que la tasa de recuperación se haya establecido en el 50%, lo que «significa exactamente que seguiremos sin cubrir la mitad de las plazas vacantes». Se felicita, no obstante, de haber dejado atrás «la ridícula» tasa del previo 10%.
 

«El CSIC ha perdido más de 4000 efectivos.»

Como interpretación a un fenómeno que define sin tapujos como «fuga de cerebros», Andradas cita a Georgio Napolitano, expresidente de Italia, para explicar lo que a su entender es el verdadero sentido de las cifras: «Abandonar Italia no debería ser una elección obligada», dice el mandatario en una carta abierta a un investigador que se vio forzado a emigrar en busca de nuevas y mejores oportunidades. «La inversión hecha para su formación», continúa citando Andradas, ‘debería poder ser utilizada para el bien y el desarrollo de nuestro país’. Este es el concepto que parece no querer entenderse: que nuestros investigadores se vean forzados a buscar su futuro fuera no es una desgracia para ellos; lo es para nuestro país, a menos que reemplacemos esas mismas personas por otras provenientes de fuera de igual o superior cualificación, lo que me parece que no está ocurriendo».

 

Leyenda urbana

Lo que para el rector de la Universidad Complutense es una evidencia, para el exministro de Educación, Cultura y Deporte, José Ignacio Wert, es una «confusión» entre movilidad internacional y fuga de cerebros. Defendía el exmandatario que España se situaba en la misma onda que otros muchos países en los que sus científicos optan, en el marco de su carrera profesional, por instalarse temporal o permanentemente en otros países para ampliar su formación o estabilizarse como investigador.

De acuerdo con esta visión, muchos de los que emigraron durante la crisis lo habrían hecho por voluntad propia y no empujados por una mala situación o una falta de oportunidades manifiesta en el sistema español de ciencia y tecnología.

Emilio Lora-Tamayo, presidente del CSIC, en unas declaraciones tras los actos de celebración del 75 aniversario de la mayor institución científica del país, parecía dar crédito a esta visión. En las mismas, Lora-Tamayo se refería a esta cuestión como «una leyenda urbana exagerada», al entender que las cifras de investigadores expatriados se habían sobredimensionado. De lo que se trata, puntualizó, es que los investigadores que marchen, aspecto que debería formar parte de la actividad investigadora, «tengan la posibilidad de volver». Reconoció, sin embargo, que «son más los graduados y doctores que no encuentran plaza para investigar» y que el sistema español tiene dificultades para absorber a los científicos que se forman anualmente. El sistema funcionarial, añadía, no ayuda en este sentido.
 

«Felipe VI: `España no se puede permitir el lujo de preparar investigadores para que salgan al extranjero sin retorno posible.´»

Posteriormente, el presidente del CSIC, ante el alud de críticas que recibió por una expresión coloquial que entendió como «sacada de contexto», se expresaba en estos términos en una nota publicada por El Mundo en relación con «la limitada capacidad de absorción del sistema público» evidenciada en los últimos años: «A mi consideración por estas personas [investigadores que se han visto obligados a expatriarse] se añade mi sentimiento de frustración cada día que pasa sin que la situación empiece a revertir». 

Defiende en cualquier caso que en su institución se han mezclado conceptos al meter en el mismo saco a personal con contrato temporal, investigadores cuyo contrato se extinguía y a los que aceptaban ofertas de centros internacionales, con los jóvenes científicos en formación que no podían acceder a plazas en España. En el CSIC, sostiene, este tipo de baja voluntaria es relativamente baja.

Investigadores de peso internacional que han hecho su paso por el CSIC antes de trasladarse a centros europeos o estadounidenses salían al paso de estas consideraciones reclamando una profunda reestructuración del ente y denunciando una situación «anquilosada y enfermizante». El propio rey Felipe VI, en su discurso de conmemoración del 75 aniversario del CSIC, reclamaba: «España no se puede permitir el lujo de preparar investigadores para que salgan al extranjero sin retorno posible».
 

Flujo neto de talentos

 

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spaña no es una excepción, lamentablemente, al evaluar cualitativamente el flujo neto de talentos surgido de los procesos migratorios. Si bien las cifras de emigración, según el Banco de España, son equiparables a las de otros países de Europa, en especial los del sur, lo que más importa en términos de impacto económico no es cuántos sino quiénes. Y es aquí donde España sale claramente perdiendo.

Cuando se contabiliza el flujo de una eventual fuga de cerebros, hay que tener en cuenta al menos tres factores: la movilidad estudiantil, la expatriación de licenciados e ingenieros y lascondiciones del país receptor.

De acuerdo con los múltiples estudios publicados, Estados Unidos, Reino, Unido, Francia, Alemania y Japón, por este orden, son los principales receptores de estudiantes universitarios. El Sudeste Asiático, el subcontinente indio, y en los últimos tiempos, África, son las zonas tradicionalmente de «emisores». La caída del bloque soviético también ha propiciado la entrada en el flujo migratorio a estudiantes de la antigua URSS. Con ello, sería el bloque de los llamados países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) los que envían a sus estudiantes a formarse en centros de prestigio reconocido.

El retorno, según los mismos estudios, depende de cómo se combinen las condiciones económicas de los países emisores y receptores. Suele ocurrir que los estudiantes más brillantes reciben ofertas en sus países de origen para instalarse en empresas o universidades con las que difícilmente se puede competir. Proporcionalmente, la cifra es pequeña, pero es así cómo se explica que en Estados Unidos o en el Reino Unido, sobre todo, su I+D la desempeñe una fuerza abiertamente multinacional. Esta tendencia, que no es nueva, se consolida en los países receptores con ofertas a investigadores consolidados, sea cual sea su origen.

Que se formulen ofertas significa, simplemente, que existen las condiciones adecuadas para aceptarlas. Es lo que resume el concepto de movilidad internacional y captación y retención de talento. Y, en el fondo, uno de los graves problemas del sistema español.

En contadas ocasiones, España ha dispuesto de una posición globalmente competitiva para atraer talento internacional, bien sea en formación, bien lo sea como investigador consolidado. Para los estudiantes, solo las escuelas de negocios cuentan con verdadera proyección internacional, además de formación posdoctoral en unas pocas universidades y centros de corte científico.

Y en lo que refiere a investigadores consolidados, solo ICREA (Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados) y el programa Ramón y Cajal pueden aportar condiciones competitivas para un número menguante de plazas en universidades y centros de investigación. Por otro lado, y en el caso de que la plaza fuera de interés, el estricto régimen funcionarial que impera en el sistema español dificulta, por no decir que imposibilita, la contratación.

En resumidas cuentas, España no ejerce apenas de país receptor de talento, que sería lo ideal cuando otros se van. Y los que se van no pueden regresar, como se ha denunciado por activa y por pasiva, no solo por la falta de plazas sino también de condiciones.

Todo ello, según se lee en informes propios y ajenos, nos lleva a que España exporta talento por el que no recibe beneficio alguno, puesto que la formación corre a cargo del Estado, y en cambio ha estado importando mano de obra poco cualificada que se dedica al turismo o a la construcción. Como señala Jean Johnson en la obra Diásporas científicas,1 la descapitalización del sistema de I+D en forma de recursos humanos, repercute negativamente en su capacidad de innovación y, por consiguiente, en su competitividad económica.

 

Nota

1 Nos referimos a un texto de Jean Johnson sobre cuantificación de las diásporas científicas, incluido en la obra colectivaDiasporas scientifiques: Comment les pays en développement peuvent-ils tirer parti de leurs chercheurs et de leurs ingénieurs expatriés ?, cuyo principal editor es Rémi Barré (IRD Éditions, 2003).


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