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MANUEL LÓPEZ Presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas

«Si se prolonga la falta de recursos el daño a la universidad puede ser irreversible»

Las universidades españolas están pasando por un momento extremadamente «delicado», afirma Manuel López (Melilla, 1946), presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE). La acuciante falta de recursos motivada por la crisis económica amenaza con devolver al sistema universitario a un pasado con escasos réditos de su investigación y una docencia mermada. Un triste bagaje si se tiene en cuenta el enorme esfuerzo de modernización iniciado en la década de los ochenta del siglo pasado.

Xavier Pujol Gebellí

  • Xavier Pujol Gebellí

¿Qué tal anda la universidad española?

Está pasando un momento delicado de salud. Si la situación actual se prolonga, la salud se agravará. La investigación y todo cuanto tiene que ver con la formación y la retención del talento pasa por un momento de especial gravedad. La crisis económica nos ha golpeado duramente y si se mantienen los recortes por más tiempo el daño puede llegar a ser irreversible.

Pues no hace tanto tiempo que la universidad había logrado meter la cabeza en el top ten en cuanto a producción y calidad científica.

Estos resultados se verán afectados. Hemos mantenido la situación durante un cierto tiempo a pesar de los recortes en investigación. El momento era efectivamente magnífico en cantidad y calidad, lo que nos ha dado una inercia importante.

«En investigación, todos lo sabemos, se tarda mucho en construir, en conseguir unos niveles de calidad, y se tarda muy poco en perderlos.»

¿El daño se está haciendo ya?

Sí, pero me refiero a daño irreversible o que tarde mucho tiempo en recuperarse. En investigación, todos lo sabemos, se tarda mucho en construir, en conseguir unos niveles de calidad, y se tarda muy poco en perderlos.

 

¿Cuánto tiempo se podría aguantar en la actual situación?

Muy poco. Lo estamos apreciando en todas las universidades con el no retorno de investigadores que están en laboratorios extranjeros, en la precaución que empiezan a tener muchos egresados en iniciar la carrera universitaria y, tanto o más grave, investigadores consolidados que abandonan y se van fuera o siguen ahí su estancia porque aquí no existen posibilidades.

¿Ocurre algo similar en el área docente?

La docencia tiene mayor inercia, por lo que puede mantener por más tiempo su nivel. El esfuerzo del profesorado está compensando las deficiencias en financiación, pero también se va ver afectada. Hay situaciones bien conocidas como la obsolescencia del equipamiento o las dificultades en el mantenimiento o renovación de los sistemas informáticos, incluidos los dedicados a la gestión universitaria. Por otro lado, e igual de grave, es que se está dando un progresivo envejecimiento del profesorado en áreas en las que apenas hay renovación.

Fuente fotos: Archivo Universidad de Zaragoza

La tasa de renovación sigue siendo insuficiente.

Sigue siendo del 10 %. Eso significa que en una universidad de tamaño medio-grande en la que cada año se jubilen entre 30 y 40 profesores no puede reponer más que 3 o 4. Otro caso particular es el del programa Ramón y Cajal o las plazas reguladas por la ley de la ciencia. En conjunto son una rémora muy importante para la universidad.

Es de prever que también se vean afectadas áreas de expansión como los parques científicos y tecnológicos o la prestación de servicios científico-técnicos.

Los parques científicos y tecnológicos están sobreviviendo con extrema dificultad. Además de la dificultosa financiación, deben devolver los préstamos concedidos en estos últimos años. Además, cuando se estaba en condiciones de ofrecer retornos es cuando el sistema empresarial se ha visto más afectado. Por otro lado, la no renovación de equipamientos es un problema añadido. La obsolescencia empieza a notarse muchísimo.

El panorama no es nada halagüeño.

Claro que no. La inercia del sistema se está agotando. Por este camino en los próximos años llegaremos a momentos críticos.

«¿Pero cómo esperan que en España pueda haber una posición destacada en innovación con recortes en la investigación básica?»

Ante tamaño desaguisado, hablar de organización en las universidades o cómo va andando la adaptación a Bolonia igual es un sinsentido.

La adaptación a Bolonia se ha visto muy perjudicada porque las estructuras no estaban preparadas, como es el caso de la dotación de profesorado. Ha habido mejoras en los sistemas de garantías de calidad que, no obstante, han generado también mucha desazón en el profesorado porque han supuesto un fuerte aumento de trabajo.

Con estas expectativas y pese a la inercia, mantenerse en posiciones destacadas en los rankings va a ser misión casi imposible.

Pronto empezaremos a verlo. Los primeros efectos en indicadores los vamos a apreciar en producción científica.

¿Nos quedaremos sin universidades españolas entre las 200 mejores del mundo?

En contra de lo que se dice, hay clasificaciones muy interesantes además de la de Shanghai donde es verdad que ya se ha empezado a observar un descenso de posiciones. Por ejemplo,Times Higher Education, en donde aparecen varias universidades de reciente creación entre las cien primeras. Pero si en lugar de considerar los datos globales nos fijamos en áreas específicas o de conocimiento, podremos encontrar muchas universidades entre las cien primeras.

No hay manera de mejorar.

Como descargo conviene recordar que mucha de la calidad universitaria española desaparece con la Guerra Civil y que durante la dictadura no hay políticas activas de mejora hasta entrados los años sesenta. La modernización real empieza en los años ochenta. Nos parece que hemos sido un país desarrollado toda la vida y no es así, sobre todo en materias que tardan tantísimo tiempo en consolidarse y que resultan estratégicas como la educación en general y la investigación.

Las quejas desde el profesorado y los investigadores no cejan.

Es que la precariedad está aumentando. Se están empleando muchas y muy variadas fórmulas de urgencia para superar las restricciones en contratación, algo en absoluto positivo desde el punto de vista estratégico. Por otro lado, nuestros jóvenes están mejor preparados que nunca, con mayor capacidad de internacionalización que nunca y son demasiados los que están sin expectativas. Y es una grave paradoja, por cuanto todos sabemos que la ciencia y la innovación tecnológica son el futuro del país.

«Tenemos los instrumentos pero nos falta la financiación»

 

¿C

on la crisis se puede transformar algún problema en oportunidad?

Si la presión sobre el sistema universitario empezara a ceder, entraríamos en un proceso de crecimiento importante porque la universidad va a salir reforzada de esta situación. Si se sigue con la presión financiera y de restricciones normativas, puede ocurrir que la recuperación sea mucho peor que lo previsible.

¿Podríamos volver a tiempos de oscurantismo?

Me cuesta trabajo creer que volvamos a tiempos de oscurantismo porque la sociedad en su conjunto ha cambiado. Pero a una regresión en la calidad, seguro que sí.

Tenemos una Ley de la Ciencia aprobada, una Agencia Estatal de Financiación planteada, unos Campus de Excelencia a medio arrancar… Si hubiera que escoger, ¿con que instrumento se quedaría?

Todos son importantes para la Universidad. El desarrollo de la Ley de la Ciencia, que ya está en marcha en algunas universidades, está abriendo expectativas muy interesantes en materia de investigación. En el caso de la Agencia, se trata de un instrumento central que no siempre está siendo bien entendido por los políticos. Hay que transmitir con claridad que debe ser el sistema científico el que se encargue de la gestión de sus propios fondos. Y con respecto a los Campus Internacionales de Excelencia fueron un camino bien diseñado en la línea de agregación y colaboración de instituciones superiores. Es el camino que está marcando el Horizonte 2020 y la estrategia de Innovación Inteligente. Pero si una vez creados los instrumentos no se les da el combustible necesario, si no podemos sacar plazas de profesorado ni de investigadores permanentes o no hay financiación para nada, de poco nos van a servir.

¿Puede preverse un escenario optimista para cuando lleguen más recursos?

Quiero decir con absoluta claridad que con los sistemas universitarios y los sistemas de I+D europeos, con los que nos estábamos empezando a relacionar, no hemos estado a la altura. Los sistemas potentes europeos no han sufrido los recortes que hemos padecido nosotros. Basta con mirar el caso alemán, y más recientemente, el francés. Los recortes sociales planteados son escasos y no se van a introducir ni en educación ni en investigación. No hemos estado a la altura ni en ciencia ni en innovación tecnológica. ¿Pero cómo esperan que en España pueda haber una posición destacada en innovación con recortes en la investigación básica?

La ciencia se gestiona de otro modo en estos países.

Este es un problema estructural muy grave. No hemos sido capaces de generar a nivel social y político pactos que apoyen con claridad el desarrollo científico y la educación pese a las demandas de las sociedades científicas con el Pacto por la Ciencia o la reiterada reivindicación de las universidades. Los Pactos por la Ciencia y por la Educación son necesarios si queremos tener una sociedad moderna con una economía productiva basada en el conocimiento y, como estamos pretendiendo, con unas capacidades de innovación tecnológica de alta especialización. Si no se va más allá de los intereses electorales, España siempre estará en una posición intermedia, lejos de la posición a la que aspiramos.

Tiempo atrás el Gobierno del Estado planteó un fuerte impulso a la innovación. ¿Qué ha quedado de aquello?

Estábamos en ese camino y aún seguimos manteniéndolo con cierta intensidad. Un ejemplo, aunque se están quedando sin gasolina, es el impulso dado a los parques científicos y tecnológicos. La universidad española en su conjunto no ha dejado de hacer transferencia de conocimiento y de tecnología y de crear spin off. Las cifras no han dejado de crecer. Hay que decir, no obstante, que ha habido un déficit de atención política. Parece difícil creer que puede haber un cambio de modelo económico si no existe además una política de promoción desde las Administraciones públicas.

Habrán crecido las cifras, pero siguen siendo preocupantemente bajas.

Estoy de acuerdo pero, de nuevo, debemos recordar nuestra historia. España ha experimentado un desarrollo científico muy importante durante las últimas décadas. Pero este desarrollo científico no ha ido acompañado de una mejoría tecnológica en nuestras empresas. Cuando hablamos de indicadores de producción científica estamos muchísimo mejor que con respecto a innovación tecnológica. Para que exista innovación se precisan dos cosas: tener capacidad científica y luego volcarla a la innovación. Una vez existen empresas potentes, multinacionales, es cuando empieza a crecer el interés por la innovación propia y como elemento clave del crecimiento empresarial.

¿Se nos va a escapar el tren de la innovación?

Estábamos ahí cuando nos hemos encontrado con la crisis y no ha habido una política incentivadora en este sentido. Ojalá lo sepamos coger y podamos cumplir con los objetivos del Horizonte 2020 europeo y la Estrategia de Innovación Inteligente. Como se nos pase, quedaremos en muy mala posición.

¿Estamos aún en condiciones de cogerlo?

Hay que hacer un esfuerzo muy importante. Además, hay que hacerlo en el conjunto del Estado, entre la Administración central y las autonómicas, con las universidades y con todo el sistema de I+D+i español. Y por supuesto, porque sino no existiría el objetivo 2020, con la participación de las empresas. Estamos bien en cuanto a recursos humanos y de conocimiento. Falta inversión y voluntad política.

Un currículo marcado por la universidad

 

Manuel López se describe a sí mismo como alguien profundamente enamorado de la universidad desde que ingresara en la Complutense de Madrid. Nacido en Melilla en 1946, se licencia en Farmacia y obtiene poco después el doctorado en la misma Universidad en Bioquímica y Biología Molecular. Posteriormente sería profesor agregado en la Universidad de Alcalá de Henares y catedrático en la de Zaragoza, donde ejerce de rector desde 2008. Su última posición es la de presidente de la Conferencia de Rectores de las Universidades Españolas (CRUE).

Su pasión por la universidad se traduce en «una vida dedicada a la docencia y a la investigación universitaria» que en los últimos años se ha pasado a la gestión. En todo este tiempo dice haber visto «con gran satisfacción» cómo la universidad iba transformándose a la par que la sociedad española. «La universidad que conocí de joven se ha convertido en una universidad moderna y potente», defiende. Ello no quita que desee que siga mejorando. «La universidad debe saber cambiar y adaptarse a los nuevos tiempos», proclama.

Desde su nueva posición en la CRUE se ha marcado como objetivo defender estos mismos postulados, al tiempo que demandar «con lealtad» un cambio de rumbo a las Administraciones públicas con respecto al papel que debe jugar la universidad en una sociedad que aspira a ser moderna, con un nuevo modelo productivo y con capacidad para destacar en el selectivo grupo de los países avanzados.


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