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Revista: Virología en el Cono Sur; el despertar


Virología en el Cono Sur; el despertar

Los virus son parásitos intracelulares obligatorios que constituyen un grupo de agentes infecciosos muy particulares. Existen aquellos capaces de infectar al hombre, animales, plantas, hongos y bacterias. Los virus presentan una especificidad estricta por un organismo, o bien por algunos tipos celulares que componen a este organismo, denominado tropismo viral.

  • Marcelo López-Lastra

  • Profesor de Virología Molecular, Escuela de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Los virus son parásitos intracelulares obligatorios que constituyen un grupo de agentes infecciosos muy particulares. Existen aquellos capaces de infectar al hombre, animales, plantas, hongos y bacterias. Los virus presentan una especificidad estricta por un organismo, o bien por algunos tipos celulares que componen a este organismo, denominado tropismo viral. Esta característica restringe la infección viral a células dianas específicas; por tanto, aún cuando un virus infecte a un organismo complejo como es el hombre, el virus sólo se multiplicará en algunos compartimentos biológicos de este. Esto resalta la necesidad de los virus por su huesped y la dependencia del virus por su entorno celular.

 

Dada esta interacción, se podría anticipar que un virus no debiese impactar de manera negativa a su huesped, puesto que al hacerlo inevitablemente termina afectando su propia integridad. Sin embargo, desde su caracterización inicial, los virus fueron reconocidos como agentes patogénicos caracterizados por su pequeño tamaño. De hecho, el primer informe documentado de una agente patogénico más pequeño que las bacterias conocidas en la época aparece en 1892. Este corresponde a un estudio del científico ruso Dimitry Ivanowsky, quien observa que la enfermedad del mosaico del tabaco era producido por un agente infeccioso que era capaz de atravesar un filtro de porcelana el cual retenía de manera eficiente a las bacterias conocidas de la época. Esta observación fue luego confirmada por el científico holandés Martinus Beijerinck, dando por iniciada la caza de agentes patogénicos filtrables: los virus. Por tanto, en el inicio de lo que luego se conocería como virología, o estudio de los virus, jugaron un papel importante las herramientas experimentales que ayudaron a determinar las características cuantificables del agente, filtros de porcelana y la capacidad del agente de producir un fenotipo específico y cuantificable en el individuo infectado: la patología. 

 

Es así como desde el inicio de la virología se estableció que estos agentes eran patogénicos. Con la llegada de las nuevas tecnologías de secuenciación masiva, esta visión parece estar cambiando al reconocer la existencia de muchísimas secuencias potencialmente asociadas a agentes virales que no serían del todo patogénicas. Existe de hecho evidencia que sugiere que para algunos organismos (plantas y hongos) el relacionarse con un virus le confiere capacidades adaptativas importantes al entorno, permitiéndoles sobrevivir en condiciones extremas. A pesar de esta posible asociación positiva desde el punto de vista del interés médico, los virus patogénicos siguen y seguirán representando enemigos a los cuales hay que derrocar. Sin embargo, y muy a pesar del éxito considerable en el desarrollo de una serie de vacunas y fármacos eficaces, en la actualidad existe un consenso general de que la lista de patógenos emergentes o re-emergentes virales continua incrementándose. Solo durante las últimas décadas, patógenos virales humanos tales como el virus de la Hepatitis C, el virus Dengue, el virus de inmunodeficiencia humana, los múltiples virus asociados a enfermedades gastrointestinales o a enfermedades respiratorias como el virus respiratorio sincicial, el metaneumovirus y más recientemente el virus de la Influenza A (H1N1); o bien los virus emergentes como el virus Chikungunya, el coronavirus que produce Síndrome Respiratorio del Nilo Oriental, el virus de Ebola y el virus Zika han surgido en diferentes partes del mundo causando un impacto severo en las diferentes poblaciones afectadas. 

 

Esto corresponde a una lista muy reducida de agentes virales que causan un impacto directo (enfermedad) en la población humana. Los patógenos infecciosos continúan causando un gran número de infecciones y muertes, particularmente en los países en desarrollo. Así mismo, la aparición de nuevos agentes infecciosos y enfermedades, así como el resurgimiento de patógenos conocidos en formas más virulentas, que pueden contener resistencia a antivirales, continúan siendo una particular preocupación. De forma importante, las enfermedades infecciosas emergentes no solo afectan a la salud humana contribuyendo a la carga de los sistemas de salud pública en todo el mundo, sino que también pueden afectar significativamente la producción animal y vegetal para el consumo humano. En este último caso los patógenos virales afectarían las fuentes de alimento necesarias para la manutención de una población en constante crecimiento. 

Mapa

En el futuro previsible, el clima y los cambios ambientales, la globalización, la urbanización y el crecimiento de la población humana, así como el desplazamiento de la población desde una zona geográfica a otra, pueden comenzar a representar una nueva amenaza a los países tanto en desarrollo como desarrollados. Dado que es complejo poder contener la diseminación de un agente viral en los contextos señalados. Esto se aprendió bien durante la pandemia de virus influenza del 2009. Los patrones climáticos cambiantes, así como las necesidades locales de energía y espacio por habitación, que puedan resultar en el represamiento de los ríos, hecho que potencialmente puede alterar el hábitat del vector (animal o insecto) que porta un virus, puede asimismo afectar la abundancia de estos vectores así como su distribución, acercándolos más a la población humana incrementando así el riesgo del surgimiento de patologías zoonóticas. Es así como el desarrollo de nuevas infraestructuras en zonas rurales, evento necesario para el desarrollo sustentable del país, también proporciona un escenario real para la aparición de enfermedades zoonóticas nuevas y por tanto sin tratamiento específico ni vacuna preventiva. 

 

El pasado nos enseña, sin embargo, que tendemos a olvidar. Esta fragilidad de memoria nos lleva a cometer los mismos errores una y otra vez. A este respecto, los invito a recordar cómo el virus de la fiebre amarilla impactó en la política de la región centroamericana y dificultó el progreso social y económico que constituyó la construcción del canal de Panamá. En la actualidad viajar es fácil y rápido. La alta frecuencia de infecciones entre los viajeros conlleva que las enfermedades infecciosas se desplacen fácilmente a través de las fronteras, convirtiéndose rápidamente en una amenaza global que puede afectar al estilo de vida y bienestar de una población desprotegida. Es así como un país que por mucho tiempo puede haberse encontrado aislado, protegido por siglos por sus barreras naturales (desierto, hielo, montañas y mar), se transforma ahora en un blanco vulnerable. Aquí, nuevamente nos podemos detener a reflexionar sobre lo que nos enseña el pasado; basta recordar como los agentes virales fueron un aliado fiel de los nuevos arribados al continente americano durante la conquista del nuevo mundo diezmando ferozmente a la población indígena. Existen múltiples casos que ejemplifican el impacto histórico, económico y social de un patógeno viral sobre una población desprotegida. 

 

En este escenario global, hoy, el control y la prevención de las enfermedades infecciosas se han convertido en un asunto de seguridad nacional para muchos países, dado que el desarrollo sostenible sólo es posible si los países pueden derrotar a las enfermedades infecciosas que debilitan su población. En este contexto los invito a reflexionar sobre los eventos recientes asociados a la aparición de los virus Chikungunya, Ebola, y Zika.

Sudamérica no está ajena a esta realidad y dado el complejo escenario que los virus emergentes y reemergente representan para la salud humana hoy, se avala la inversión local para agrupar y formar equipos multidisciplinario de médicos y científicos altamente calificados para llevar a cabo investigación básica, clínica y traslacional en virología. Existe una necesidad urgente de generar nuevo conocimiento y experiencia científica local dirigida a comprender los procesos moleculares que determinan la evolución de los virus, la relación virus-hospedero incluyendo inmunidad, la transmisión de estos patógenos, virulencia y patogenicidad. Es fundamental poder llevar estos conocimientos a la clínica de manera rápida y eficiente. Para esto, es fundamental crear la infraestructura e institucionalidad necesaria para asegurar que el proceso sea adecuado y efectivo. Con este espíritu, diversos grupos de investigadores e institutos de investigación se han establecido en los diferentes países que componen nuestro cono Sur, contribuyendo así a establecer las plataformas científicas necesarias para a dar respuesta a las necesidades locales de investigación, clínica y, sobre todo, para asistir en la formación del capital humano avanzado (médicos especialistas, MD-PhD, PhD y posdoctorantes) necesario para perpetuar el desarrollo de la virología en el cono Sur. 

 

Los países en Sudamérica han comprendido que deben invertir en el desarrollo del conocimiento a nivel local y regional para así incrementar su capacidad de respuesta ante cualquier nueva amenaza de origen viral que pueda surgir. Es así como en Chile se han establecido diversos centros científicos para el estudio de patógenos virales tanto de plantas y animales, como de humanos. De estos, me permito mencionar al Instituto Milenio de Inmunología e Inmunoterapia financiado con fondos Programa Iniciativa Científica Milenio del Ministerio de Economía, Fomento y Turismo del Gobierno de Chile y el programa Anillo en Patología Molecular de Virus Emergentes, financiado por la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (CONICYT) del gobierno de Chile. 

 

De Uruguay me permito mencionar el programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA), que ha permitido descentralizar el estudio de la virología desde la capital del país. Estas iniciativas y otras constituyen un pilar fundamental para el desarrollo de la virología en todos sus aspectos en Chile y Uruguay.

 

En este número especial se han seleccionado trabajos de cuatro laboratorios Sudamericanos tres establecidos en Chile y uno en Uruguay que participan de manera activa al desarrollo del conocimiento en Virología. Estos trabajos abordan problemas locales, enfatizando en las necesidades de la región, así como en problemas generales con temas que impactan de manera directa a la población global. A mi humilde juicio, estos grupos conformados principalmente por científicos jóvenes representan el despertar de la virología en el cono Sur.


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