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Formar y atraer talento

La educación y la I+D han estado prácticamente ausentes en el último debate parlamentario sobre el estado de la nación, algo que debería llevarnos a la acción, no a la resignación.

  • Federico Mayor Menéndez

  • Presidente de la SEBBM

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a educación a todos los niveles es esencial para promover la igualdad de oportunidades, la libertad individual y el desarrollo sostenible de las sociedades. Conscientes del papel central de la educación superior, la investigación y la innovación como motores del progreso social y económico, algunos países emergentes han lanzado recientemente iniciativas muy interesantes para promover la formación y capacidad creativa de sus ciudadanos como elemento vertebrador de su futuro. Así, México ha planteado en una cumbre con Estados Unidos y Canadá el plan denominado Proyecta 100.000, que tiene como objetivo incrementar los intercambios de estudiantes mexicanos en universidades norteamericanas, pasando de los 27 000 actuales hasta los 100 000 en 2018, para «permitir la proliferación del talento» y potenciar la colaboración interregional. Igualmente ambicioso es el Programa Ciençia sem Fronteiras de Brasil, que persigue aumentar tanto la formación de graduados y posgraduados en el exterior como facilitar la incorporación de investigadores extranjeros. Los países europeos y sus universidades deben tomar nota de estas iniciativas para reverdecer su liderazgo a través de programas ambiciosos de movilidad de estudiantes (como Erasmus) o los diversos instrumentos de intercambio y formación de capital humano que posibilita el programa Horizonte 2020.

 

En España es deseable y apremiante considerar los requisitos necesarios para ser competitivos en la formación y atracción de talento. Todos coincidiremos en que se precisa una masa crítica mínima de centros de investigación, un escenario de financiación de I+D suficiente y sin sobresaltos, y mecanismos de incentivación para atraer a los jóvenes a la carrera investigadora. Y, desde luego son imprescindibles universidades con un nivel avanzado de investigación, que puedan orquestar y ofertar programas de grado, posgrado y doctorado de verdadera excelencia internacional.

A pesar de los logros obtenidos y los ejemplos de éxito en los últimos años, en muchas ocasiones gracias al esfuerzo y voluntarismo de los promotores, queda mucho camino por recorrer. Las universidades públicas pasan actualmente por serias dificultades de financiación, lo que compromete el acceso de estudiantes, impide la planificación de su propia renovación a medio y largo plazo y supone un peligro para su vertiente investigadora. Por cierto, en las universidades privadas el énfasis en la investigación en las áreas de medicina y de bioquímica y biología molecular es, salvo alguna notable excepción, realmente desolador (véanse al respecto recientes estadísticas muy ilustrativas de la Universidad de Granada o del IUNE), lo que pone en cuestión nuestro propio modelo universitario, que exige la doble vocación y realidad docente e investigadora.

¿Cómo podemos reforzar la capacidad de las universidades públicas para realizar investigación de primera línea? ¿Cómo conseguir que incorporen a talentos jóvenes o ya consolidados de manera ágil y competitiva? ¿Cómo incentivar el liderazgo de grupos punteros de investigación en el entorno universitario y cómo compatibilizarlo con las (crecientes) responsabilidades docentes y labores burocráticas? Y, en otro nivel de reflexión más específico, ¿qué conocimientos imprescindibles deberán adquirir los bioquímicos y biólogos moleculares del futuro, y cómo ayudar a transmitirlos en la era de la información omnipresente y online?

La reflexión sobre estas y otras cuestiones relacionadas debería traducirse en propuestas consensuadas y realistas que puedan actuar como iniciativas transformadoras y catalizadoras del necesario proceso de reformas de nuestra educación superior, y también como instrumento de salida de la crisis económica. El hecho de que la educación y la I+D hayan estado prácticamente ausentes en el reciente debate parlamentario sobre el estado de la nación no debería llevarnos a la resignación, sino a la acción. ¿Por qué no impulsar y reclamar la proliferación de talento como gran prioridad nacional?


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