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El presupuesto estatal para I+D+i en 2014

La crisis económica ha puesto en evidencia una de las mayores debilidades del sistema español de ciencia y tecnología: su discontinuidad y volatilidad.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

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asi al cierre de la edición de este número, COSCE ha hecho público, un año más, su análisis de los recursos destinados a I+D+i (política de gasto 46) contenidos en los Presupuestos Generales del Estado aprobados para el año 2014. Vayan por delante nuestras felicitaciones al presidente de COSCE, Carlos Andradas, así como a los autores del informe, José Molero y José de Nó.

El documento completo se puede encontrar en el portal de la Confederación, por lo que no es este lugar para comentar tan pormenorizado y riguroso estudio. Sí quisiera hacer referencia a un dato que considero relevante y que debemos interpretar en positivo: el cambio de tendencia, respecto a los últimos años, en la financiación estatal de la ciencia. Es cierto que estamos como en 2005 y lejos del nivel máximo alcanzado en 2009, pero el ligero incremento en los fondos destinados a I+D+i en 2014 vendría a significar el fin del período de recortes. El daño, aunque reversible, está hecho, sobre todo en lo que respecta al envejecimiento de plantillas y la consiguiente falta de relevo generacional, y asimismo podemos criticar el no haber aprovechado este tiempo para realizar cambios estructurales de fondo, como repetidas veces hemos reclamado desde estas mismas páginas… pero al menos podemos empezar a renacer con optimismo y esperanza.

De todos modos, no olvidemos que la evolución que ha seguido estos años la inversión estatal en ciencia refleja la política cíclica adoptada por los sucesivos gobiernos, fuera cual fuese su color, desde que estalló la crisis, acomodando la inversión en I+D+i a las disponibilidades presupuestarias del momento. Si nuestros dirigentes hubieran confiado realmente en la ciencia como motor de desarrollo y en la economía basada en el conocimiento, lo lógico y valiente hubiera sido aplicar con decisión una política anticíclica y apostar por la inversión en I+D+i para salir reforzados cuando los vientos volvieran a ser favorables. Desgraciadamente no se hizo así, a diferencia de lo que hicieron muchos de nuestros vecinos. De hecho, la crisis económica ha puesto en evidencia una de las mayores debilidades del sistema español de ciencia y tecnología: su discontinuidad y, por ende, volatilidad, con el consiguiente riesgo e incertidumbre que ambas conllevan. Creíamos haber conseguido un sistema firme y sólido, homologable a nivel internacional, pero la realidad es que todavía tenemos un sistema débil y vulnerable.

La política cíclica de estos años aplicada a la ciencia responde a la falta de confianza de la sociedad en la investigación científica como palanca impulsora de su progreso y mejora, una sociedad que considera la I+D+i como gasto superfluo y no como inversión de futuro. Esta actitud contrasta con la de otros pueblos de larga tradición científica, como los anglosajones y escandinavos, en los que el desarrollo económico pivota desde hace tiempo sobre los avances de la ciencia. Buen ejemplo de ese interés social son las conferencias navideñas en la Royal Institution de Londres, iniciadas por Faraday en 1825 y transmitidas por televisión desde 1966. Los conferenciantes presentan sus temas de manera formativa y entretenida a una audiencia general, incluyendo jóvenes, teniendo siempre presente la idea de Davy, maestro de Faraday, sobre la utilidad de las ciencias y su importancia económica. Son los pueblos, por tanto, los que marcan las políticas de sus dirigentes, quienes a su vez administran el tesoro público en función de las demandas de sus votantes... Sin duda, el apoyo social a la ciencia es nuestra asignatura pendiente.


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