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EMILIO LORA-TAMAYO Presidente del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

«En la ciencia española falta fe con obras»

En su despacho de la calle Serrano se meditan y cuecen las decisiones más importantes en materia de política científica de España. Maderas nobles y gran tapiz presiden la instalación con una mesa repleta de documentos, papeles; retratos de expresidentes del Consejo en su sala de juntas, y un Vázquez Díaz situado frente a la puerta. Emilio Lora-Tamayo, madrileño de raíces andaluzas, habla del impacto de la crisis económica, de los nuevos presupuestos, del nuevo diseño de la carrera investigadora y de las grandes posibilidades que brinda Europa. Abre la entrevista con un titular: «por primera vez en los últimos seis años el Consejo se encuentra hoy en una situación de déficit cero». Presidente del CSIC por dos veces y miembro de la Real Academia San Dionisio de Jerez y de la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona su verbo es fácil y distinguido.

Ismael Gaona

  • Ismael Gaona

Dos veces presidente del CSIC en dos momentos económicos dispares ¿Qué diferencias ha encontrado en estas dos etapas?

Una diferencia muy importante de la que es difícil sustraerse es la cuestión económica y los problemas presupuestarios que conlleva. Pero no ha sido la única. Afortunadamente, hay otras más gratas, y es que ha pasado una docena de años desde que yo estuve al frente del Consejo como presidente, y más años como vicepresidente, y he ocupado una posición privilegiada para conocer no solo las capacidades, orientaciones y competencias del sistema de I+D español, sino también lo que se hace dentro de la casa. Durante estos doce años, el Consejo se ha ampliado, quizá no de una forma muy ordenada; ha aumentado el número de investigadores, no tanto en el número de técnicos, y ha continuado su línea de progreso ascendente en cuanto a la generación del conocimiento y la transferencia de este conocimiento. Esto se hace más notable con las dificultades económicas que hemos venido sufriendo estos años, a partir de 2007-2008, y que sin duda han afectado a la estructura. Pero quiero dejar claro que esta situación no ha producido daños irrecuperables. Ahora nuestro objetivo es que cualquier actuación derivada de un plan de viabilidad no dañe la semilla del Consejo, de modo que cuando nos encontremos con un entorno más favorable podamos volver a la misma velocidad de crucero.

¿Esa posibilidad de daño medular estuvo a punto de producirse el año pasado?

Es bien conocido que el año pasado estuvimos a punto de entrar en quiebra técnica, provocada por esa disminución de recursos económicos, una disminución, por otra parte, obligada por todas las circunstancias y no solo por las transferencias ministeriales que se han venido reduciendo desde 2008; sino porque el impacto de la crisis sobre el entorno con el que nos relacionamos (industrias, proyectos nacionales o europeos de I+D) se ha traducido en una merma de la capacidad económica derivada de la de reducción de recursos.

Aficiones a la ciencia inasequibles al desaliento…

De entre todas las comparaciones de la ciencia con otras disciplinas, la del fútbol es singular. El deporte estrella exige compromiso, esfuerzo, formación, cada partido es un ensayo que puedes terminar ganando o perdiendo... aunque en ciencia pocas veces se empata.

Puedes quedarte igual, pero como en el fútbol la emoción está en conseguir el mejor resultado. Para el presidente del CSIC, «en el fútbol, hay un público enorme, que se lo cree, y que sustenta cualquier operación. Si no existieran los millones de aficionados que están detrás, no ocurría absolutamente nada. Es la gente la que presiona el sistema».

La ciencia necesita, pues, una afición como la del Betis… «Sí, inasequible al desaliento».

Pero los científicos no son futbolistas… No obstante, Emilio Lora-Tamayo, asegura que en España se ha mejorado notablemente «como así demuestran las encuestas. Los científicos son profesionales muy valorados».

En concreto, el gran programa de contratación del Consejo, como es el Programa JAE (doctores, becarios, técnicos, entre otros), que venía desde 2007 financiándose con dinero exclusivo del CSIC y no con un presupuesto finalista ad hoc, no se redujo entre el 2007 y el 2011, lo que ha gravitado sobre las capacidades de reserva del Consejo hasta casi agotarlas. Esto es algo que advertimos a comienzos de 2012: la situación era ya insostenible, por lo que decidimos discontinuar el programa, sin congelar o rescindir los contratos y las obligaciones económicas derivados de los compromisos anteriores. En el mes de noviembre de 2011 se puso en marcha la contratación de 100 doctores JAE por un período de tres años que aún estamos pagando. Esta no continuidad fue algo a lo que nos comprometimos dentro de una primera tanda de medidas y tengo que decir que cuando identificamos y presentamos la situación del Consejo al Ministerio tuvimos una receptividad muy buena. No nos quedó otra salida que colaborar, porque los indicadores nos mostraban que el año 2013 iba a ser el de la quiebra técnica.

«La carrera investigadora sigue teniendo carencias fundamentales y no está bien definida en España. Tenemos escollos para fichar, por ejemplo, a investigadores extranjeros.»

Pusimos en marcha con el Ministerio ese plan de viabilidad para reducir en 137 millones los gastos entre 2013 y 2015, de los que en 2013 comprometíamos del orden de 50 millones, y el resto a repartir entre 2014 y 2015. Pusimos en marcha un programa de anticipo de transferencias ministeriales. Y éramos conscientes de que podíamos entrar en situación de colapso si no obteníamos un crédito extraordinario de unos 100 millones de euros. Obtuvimos 25 millones en junio y fuimos viviendo, prácticamente, mes a mes. Realizamos un plan de racionalización para atender los compromisos de personal, contratos y proyectos; diseñamos una bolsa de contingencia... y al final nos llegó el 18 de octubre el resto de la transferencia hasta completar los 100 millones que, finalmente, nos salvaron de la quiebra técnica.

¿Y este nuevo año?

Justo antes del verano, y también con absoluta receptividad del Ministerio, hablamos del presupuesto para el año 2014. Efectivamente, nos habíamos salvado, y estábamos convencidos de que no sería nada bueno pasar por una situación similar en 2015. Incluso antes de saber que se había aprobado y que venía una segunda inyección, supimos que teníamos una ampliación del presupuesto de ingresos de unos 50 millones de euros más. Aunque esto no nos deja en una situación boyante, por primera vez en seis años hemos abierto 2014 con déficit cero lo que nos permite afrontar el año en una situación más clara.

Esta angustia científica que crea la economía provoca importantes dientes de sierra en la I+D+i.

Soy contrario a estos dientes de sierra. Prefiero tener un crecimiento pequeño, pero sostenido, que donaciones importantes que supongan un paquete económico fuera del presupuesto que tenemos, porque la investigación es una tarea de fondo, a largo plazo, y para eso necesitas programar y saber los recursos de los que vas a disponer los próximos cinco, siete u ocho años. No aporta nada que el año que viene venga un filántropo con una donación de 500 millones que, efectivamente, puedes utilizar, pero incluso llegues a malgastar porque no la integras en la planificación estratégica. Prefiero contar con un presupuesto estable que con compromisos discontinuos.

Entonces, ¿qué nos falta para que realmente se dé la vuelta al porcentaje actual de la participación privada en I+D+i? Recientemente, el Consejo ha presentado el proyecto Comfuturo, ¿se trata de un primer paso para comprometer al sector privado?

Recientemente, hemos presentado en público un programa que será pilotado por la Fundación del CSIC y que pretende llamar la atención a una mayor colaboración de la parte privada. Se trata de una iniciativa mixta, tan en boga ahora, y que debemos estimular, aunque en España está poco explotada. El proyecto Comfuturo consiste en intentar recuperar o fichar a los mejores y más brillantes jóvenes investigadores. Las condiciones son que los aspirantes sean doctores y que no hayan pasado más de 12 años desde que acabaron la tesis. El objetivo es que presenten proyectos novedosos y originales para que, a su vez, puedan presentarse a convocatorias competitivas nacionales o extranjeras y, a partir de ahí, puedan contar con capacidad de financiación suficiente. En una primera etapa estarán financiados mediante contratos a modo de apadrinamiento o tutoría empresarial. Incluso antes de presentarse hemos obtenido seis contratos, aunque en un par de meses concretaremos y puliremos las condiciones con otras empresas que ya han expresado el interés de analizarlo conjuntamente y aspiramos a que nos dé capacidad para un paquete inicial de contratos. A partir de un número razonable estoy más interesado en que esto signifique abrir una brecha que en resolver un problema que es numéricamente importante.

Fotos: Alberto Cubas

 ¿Habéis puesto el foco en alguna disciplina científica?

En principio ninguna, pero tampoco es algo que rechazamos, porque sabemos que hay empresas que son así, y que tienen un interés más focalizado, que alguna empresa nos diga que tiene capacidad de financiar dos o tres contratos en áreas como energía, TIC, biotecnología, … mientras que el área sea de gran capacidad y definida de forma amplia no me preocupa mucho que algunos de estos contratos acarreen este tipo de condicionamientos. Y digo mientras sea grande, porque si la condición es demasiado estrecha, el universo en el que estamos seleccionando a los mejores no es el más amplio.

Habla de jóvenes... ¿La carrera investigadora, tan extensa en el tiempo en España, no es limitante en cierto modo al propio investigador?

La carrera investigadora sigue teniendo carencias fundamentales y no está bien definida en España. Tenemos escollos para fichar, por ejemplo, a investigadores extranjeros. Y en este sentido, resulta que aquí no eres absolutamente estable hasta que ganas una oposición, bien como profesor o bien como científico titular en el Consejo, en este caso. El resto se trata de una especie de nube en la que hay distintas formas de vivir o malvivir que no dan estabilidad. Este asunto lo estamos trabajando conjuntamente con el Ministerio a través de distintas convocatorias, y en el Consejo Rector lo planteamos como un avance de lo que puede ser. A partir de las convocatorias del Ministerio, con la cofinanciación del Consejo, podemos diseñar sobre el papel, una carrera investigadora, que empezaría por convocatorias de introducción a la investigación, en donde los estudiantes de último año pueden incorporarse al Consejo y utilizar esa introducción para acabar el trabajo de máster. Estas convocatorias cuentan con financiación del Consejo y es una etapa que en la actualidad no cubre el Ministerio. Ya existía antes y no es muy caro.

A partir de ahí existen etapas que cubre el Ministerio, como la etapa predoctoral (contratos FPI o FPU), de cuatro años de duración y que presenta la particularidad de necesitar cofinanciación. Aquí, el consejo cofinanciará para que pueda hacer su tesis y al cabo de cuatro años puedan obtener la tesis doctoral.

¿Y después qué?

De nuevo sobre el papel, si quiere continuar la carrera, el Ministerio ya no tiene los contratos Juan de la Cierva, sino que ahora ha dividido las etapas en dos años: de formación de doctores (posdoctoral en formación), de dos años, que necesita cofinanciación y que desde el Consejo estamos estudiando aportarla; y una segunda etapa, de otros dos años, de posdoctoral de incorporación, con contrato y que el Consejo también cofinanciaría. Ya se tiene con eso cuatro años asegurados al acabar la tesis. Después vendrían los Ramón y Cajal, de cinco años de duración, y que también cofinanciaría el Consejo. Y al cabo de este tiempo, te encuentras con una persona que si ha seguido esta línea ha tenido una carrera posdoctoral de 9 años. Este año ofrecemos la posibilidad de contratar a estos cajales por dos años más. Con ello completamos 11 años posdoctorales sobre el papel. Ahora, el investigador debe esperar a que se convoque una plaza y que adquiera la naturaleza de investigador estable y de por vida: la de funcionario, que no digo que sea ni buena ni mala, sino que debería coexistir con una vía laboral con pasarelas e incluso una vía de contratos laborales que estuviera mejor pagada. Para mi sería lo ideal, y he estado en centros extranjeros en donde coexisten ambas figuras. Junto con la oferta de empleo público, este año nos autorizan a convocar hasta el 10 % de la tasa neta de reposición, hecho que no ocurre en otros sectores. Además de esas plazas que rondará la veintena larga, este año la oferta de empleo público, por primera vez, posibilita la contratación laboral indefinida de investigadores, acogiéndose a la Ley de la Ciencia (se les llamainvestigadores distinguidos), aunque falta que detallen y anuncien las convocatorias.

Hacer maletas para crecer

Hacer maletas, crecer y volver, si se quiere. Para el presidente del CSIC es importante que el individuo desarrolle su actividad en centros extranjeros. «Es fundamental para demostrar al exterior y a uno mismo que puede poner en marcha una investigación, montar un laboratorio, asegurar un proyecto, en un entorno que no sea tan favorable como en el que se ha formado.»o, a investigadores extranjeros.»

España es un país de talento de ida y vuelta, qué le falta a España para dar ese salto cualitativo en materia científica.

Lo que falta es una fe con obras. Nadie te va a decir que es mentira que la investigación sea necesaria porque genera conocimiento, que este alimenta la innovación, que la innovación mejora la competitividad y que esta da resultados sobre las aplicaciones e impacta sobre la sociedad… Esa cadena nadie la va a discutir, porque todo eso es cierto. Ahora falta que nos creamos todo esto, y que obremos en consecuencia, todos y cada uno de los que tenemos alguna responsabilidad en esa cadena.

Europa se ha convertido en un apoyo financiero importante y de proyección para el CSIC…

Europa nos ha ido bastante bien hasta última hora. El problema con Horizonte 2020 es que tiene que arrancar las convocatorias en las que podemos participar y aquí tenemos un problema a corto plazo, puesto que no esperamos la financiación prácticamente hasta 2015. Horizonte 2020 tiene una visión más aplicada que los anteriores programas y en nuestro plan estratégico aprobado por el Consejo Rector, hemos identificado 1700 grupos que por su línea de trabajo pueden encontrar cancha o nicho de oportunidad en Horizonte 2020 y estoy razonablemente satisfecho de cómo se colocan.


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