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El Taller del Joven Investigador

¿Valdría la pena transmitir a nuestros jóvenes investigadores alguna guía para moverse en las tareas de comunicación que se les vienen encima, y que son marca natural de nuestra profesión?

  • Vicente Rubio

  • Expresidente de SEBBM (2004-2008) Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV-CSIC)

E

sta pregunta se formuló al entonces presidente de la SEBBM, Miguel Ángel de la Rosa, por Carlos Gómez-Moreno, veterano miembro de la SEBBM y exvocal de su Junta Directiva, activo profesor de Bioquímica y Biología Molecular en Zaragoza, con fuerte experiencia organizativa de actividades docentes de posgrado, algunas de ellas compartidas con Miguel Ángel. Ambos decidieron convertir la discusión en multibanda, formulando la misma pregunta a los entonces respectivos chairmen de Publicaciones y de Becas de la Federación Europea de Sociedades de Bioquímica (FEBS), Félix Goñi y yo mismo. El resultado de las discusiones fue un sí alto, claro y unánime.

Lo siguiente fue diseñar una hoja de ruta. No sé si participó alguien más en la cristalización de la idea, pero fue Miguel Ángel, organizador infatigable, quien la formuló en forma precisa. Se trataba de montar un taller en dos fases para un número reducido de participantes predoctorales o posdoctorales muy recientes, pastoreados por tutores locales jóvenes pero expertos (profesores o investigadores de plantilla o con contratos de tipo Ramón y Cajal o Juan de la Cierva). La primera fase, teórica, debía ser de interacción y exposiciones. La segunda fase debía tener lugar al menos un mes después y ser de carácter práctico.

En más detalle, la primera fase debía comenzar con una introducción general por el organizador, exponiendo la idea y el modo del taller, seguida de una conferencia de apertura de un/a científico/a de éxito y buenas capacidades comunicativas, que ilustrara bien la emoción de descubrir y el gusto por transmitir. Luego, dos charlas más el mismo día, y otras dos más el siguiente, sin apuros de tiempo, con multitud de preguntas, a las que seguiría una mesa redonda final. Una de las charlas, por Félix Goñi, chairman de Publicaciones de FEBS (cuatro revistas, cientos de manuscritos al año), versaría sobre cómo escribir un manuscrito científico. Otra charla, de un servidor, quien con las credenciales de revisar 400-500 solicitudes de beca por año para FEBS (¡por entonces adjudicábamos unos 2,5 millones de euros al año, que llegaron a ser 2,75 en 2011! ¡Qué tiempos aquellos, y, sin embargo, tan cercanos!) debía instruir sobre qué debe tenerse en cuenta al solicitar una beca para no disminuir o incluso para incrementar las posibilidades de éxito. La misma idea, con respecto a un proyecto de investigación, era la temática de la charla de Carlos Gómez-Moreno, quien, investigador pertinaz, siempre ha tenido éxito en las solicitudes de sus proyectos. Y, finalmente, una cuarta charla, de un extraordinario comunicador, Miguel Ángel de la Rosa (¡le he visto dar una charla de divulgación en un país de la ribera sur del Mediterráneo, con las diapositivas proyectadas boca abajo, y el público feliz y él tan campante!), sobre cómo preparar y exponer un seminario científico y hacerlo sin dañar la propia reputación bien por mal comunicador/a y aburridor/a de auditorios, bien por vendedor/a de lavadoras. Finalmente la mesa redonda, donde conferenciantes y tutores/as debían hacer frente a las críticas, comentarios y sugerencias, individualizadas, de cada uno/a de los/las participantes jóvenes del taller.

La segunda fase era la del trabajo duro. Cada participante debía hacer una exposición oral de carácter científico y había de presentar un producto escrito, fuese paper, solicitud de beca o proyecto de investigación. El lapso para hacerlo debía ser largo, al menos un mes y preferiblemente más, y los estudiantes podrían ser asistidos por sus directores de trabajo y por los tutores, pero la escritura del trabajo, proyecto o beca había de ser suya, no de sus mayores. Deberían proveer sus productos escritos a los cuatro profesores, unos días antes de la segunda sesión. Nosotros deberíamos leerlos, escucharlos y criticarlos en vivo (algo así como operación triunfo en versión de lo nuestro). Finalmente, una recapitulación final de nuevo en forma de mesa redonda, y una conferencia de clausura por otro/a reconocido/a primer/a espada en ciencia y en comunicación.

La primera edición del taller tuvo lugar en Sevilla, al comienzo de la primavera de 2011, organizada por Miguel Ángel. Se le dio el nombre de Taller del Becario, nombre que a mí me gustaba (me habría gustado más, por atenerse más a la verdad, Taller del Precario, pero no me atreví a proponerlo por si teníamos una asistencia demasiado masiva). En la última edición, en aras de la corrección política, esa denominación ha debido ser sustituida por la de Taller del Joven Investigador, aunque, si nos ponemos serios/as con lo de ser correctos/as,

Para aquella primera edición e incluso para la segunda, de 2012, que también tuvo lugar en Sevilla, Miguel Ángel consiguió fondos públicos, y no hubo que pedir más colaboración a la SEBBM que prestarnos a su presidente y a unos cuantos de sus socios/as como conferenciantes, charlistas y tutores/as. Por supuesto, todos ellos y los estudiantes íbamos de gratis, a saber, ni los estudiantes pagaban matrícula, ni nosotros recibíamos nada que no fuera pago de viaje en clase turista o segunda clase de tren, el hotel (módulo funcionario) y las comidas (a las que éramos invitados). A lo mejor podían tomar ejemplo todos esos desprendidos banqueros y miembros de consejos varios, incluidos los más altos del Estado y de las comunidades autónomas, todos ellos de tan elevadas miras, que, sin embargo, se atribuyen dietas de asistencia a reuniones hasta en su propia ciudad: ¿no bastaría con que les pagaran el bonobús (bueno, o el taxi) y la comida (solo en caso de que se les haga tarde para ir a comer a su casa)?

Pero volvamos a esa primera edición del Taller. Encontramos el Centro de Investigación Isla de la Cartuja en ebullición por la nueva experiencia, con gerente, personal de apoyo y tutores supercolaboradores, salón de actos disponible, anuncio en el pizarrón electrónico, y asistentes de distintas tribus, pues, dada la naturaleza del Centro, unos eran biológicos y otros químicos-químicos (y no bio-químicos). Ayudó muchísimo a romper el fuego y a establecer una ancha autovía de comunicación de doble sentido Ángela Nieto, quien habló de su caracol (snail) en todas las dimensiones imaginables de la realidad biológica (y patológica), y quien podría seguir hablando aún si a las dos horas unos carraspeos incesantes de Miguel Ángel (que no de los alumnos ¡estaban encantados!) y sus miradas insistentes al reloj no hubieran hecho que Ángela finalmente pusiera fin a su fiesta al filo de las dos horas y media.

Participantes en el taller celebrado en Leioa en 2013.

Por no ser prolijo no entraré en detalle sobre lo que hicimos en aquella primera ocasión. Solo mencionaré que cada una de nuestras charlas también excedió, con preguntas, las dos horas de duración. Félix no se atuvo tan solo a cómo escribir un manuscrito científico, sino que además planteó cuestiones estratégicas como por qué revista decidirse, qué nombre artístico elegir para uno mismo (el que determinará el muy denostado índice h, pues los códigos nominales compartidos lo confunden), cómo dirigirse al editor, de qué manera responder a los referees y otras tantas naderías que, sin embargo, constituyen piezas importantes de nuestro savoir faire. Carlos tampoco se atuvo solo a cómo redactar un proyecto de investigación, revisando el cuándo solicitar y a quién hacerlo, repasando el repertorio de sitios existentes dependientes de la edad y experiencia de los solicitantes y del tipo de proyecto. Algo así hice yo también con las solicitudes de fellowships, sean becas o contratos. Además del cómo, discutimos el cuándo, y el a quién, repasando los sitios posibles y los rangos temporales que entrañan, así como temas subsidiarios como la preparación del currículo adaptado a la solicitud que se va a hacer. Miguel Ángel estuvo a cargo de la presentación más normativa, pues además de su experiencia hizo referencia a varias guías publicadas sobre cómo preparar una comunicación oral, para lo que, de nuevo, no se ocupó solo del cómo sino también del para quién, y en parte también del qué. Finalmente, la mesa redonda representó un excelente feed-back a la vez que una respuesta a cuestiones que, a pesar de lo extenso de las charlas y tiempos para preguntas, no habían surgido todavía.

La segunda sesión, más de un mes después, también fue sobre ruedas, con un ambiente de complicidad y de conocerse de siempre entre ambas partes, docentes-tutores/as y alumnos/as. Todos/as hicieron su trabajo y algunos/as con grados muy altos de corrección. Las presentaciones orales revelaron en muchos casos que es importante que demos a nuestros/as becarios/as –perdón, jóvenes investigadores/as– más oportunidades de hablar en público durante su período formativo. La presentación de paneles en congresos ciertamente no ayuda a las habilidades orales no coloquiales. La mesa redonda final fue un excelente reflector del balance muy positivo, y también de los defectos y lagunas que hemos tratado de enmendar en las otras dos ediciones posteriores del taller. El colofón, la conferencia de clausura del Prof. Carmona, quien nos tuvo en vilo... ¡hablando de complejos organometálicos!

Hemos repetido esta experiencia dos veces más, de nuevo en Sevilla en 2012 organizada otra vez por Miguel Ángel, y en 2013 en Bilbao, a cargo de Félix Goñi y con José María Mato como conferenciante de apertura de lujo. En este caso no solo el producto escrito estaba en inglés: también las presentaciones orales. Como a la España del supuesto bienestar ha sucedido la España de la crisis permanente, ha tenido que ser SEBBM quien corra con los muy modestos gastos en esta tercera edición, lo que no ha significado que demos más cancha que antes a la SEBBM, pues ya se la dábamos toda en las ediciones anteriores, solo que ahora, además de cancha, es a quien hemos de darle las gracias, o mejor han de dárselas los alumnos del taller, quienes indefectiblemente aprueban con entusiasmo, a su fin, la organización y el funcionamiento del taller.

¿Habrá más ediciones del Taller?

 

C

iertamente sí en 2014, en Zaragoza, en mayo-junio y organizada por Carlos Gómez-Moreno. Ya contamos con el beneplácito de la SEBBM, y la nave ha salido ya de puerto.

En 2015 debería organizarlo el que esto escribe, en Valencia. ¡Ojalá tenga fuerza, tiempo y recursos para ello, y para el Congreso de la SEBBM que también me he comprometido a liderar en Valencia ese mismo año! Hasta entonces el 


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