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FEDERICO MAYOR ZARAGOZA Presidente Fundación Cultura de Paz

«La comunidad científica debe liderar la movilización ciudadana»

La biografía de Federico Mayor Zaragoza (Barcelona, 1934) rebosa de hechos relevantes, obra realizada y pensamiento crítico. No en balde a su primigenia profesión de científico y profesor universitario le iría añadiendo los de rector de la Universidad de Granada, ministro de Educación y Ciencia, y director general de la Unesco, además de constar como impulsor de múltiples iniciativas, como el European Research Council, la Initiative for Science in Europe o, muchísimo antes, la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular. Una organización que, a su entender, ha actuado como catalizador científico e incluso social.

Xavier Pujol Gebellí

  • Xavier Pujol Gebellí

La SEBBM se funda en los primeros años sesenta. ¿Le parece que nos remontemos a esa época?

En esa época solo se impartía bioquímica en las facultades de Farmacia con unos contenidos muy analíticos. Hacía muy poco que se había introducido la enzimología en las aulas y en los laboratorios y la especialidad de bioquímica recién incorporaba conceptos que facilitarían su posterior eclosión en España. A ello contribuyeron sin duda los profesores Alberto Sols y Ángel Santos Ruiz, artífices de la bioquímica moderna y dedicados de pleno a la labor de meter a España en la vanguardia científica.

Ellos dos y Severo Ochoa, nada menos que un premio Nobel.

Hay que reconocerle, en efecto, la enorme influencia positiva que ejerce tanto a escala internacional como en nuestro país. Fue un hombre extraordinariamente generoso que se dio cuenta de que habiendo recibido el premio Nobel en 1959 podía tener un gran peso para la ciencia española. Pero fueron Alberto Sols y Santos Ruiz los que durante muchos años mantuvieron la llama de una especialidad emergente en un entorno nada propicio. Ni en medicina, ni en química ni en biología se estudiaba bioquímica.

Y es en ese contexto que nace la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular.

En efecto. Hay dos reuniones ya conocidas, una primera en Santander y otra en Santiago de Compostela, en la que ya se habían unido Carlos Jiménez Díaz, el gran médico que ya explica que la bioquímica es esencial para entender la enfermedad y los tratamientos, y Francisco Grande Covián, el primer gran especialista en alimentación.

Es decir, que la SEBBM nace ya con casi todos sus grandes atributos.

Se iban poniendo las piezas principales. Como es lógico, queda mucho camino por recorrer y muchas piezas a incorporar. Entre ellas, la propia biología molecular.

Se redactan unos primeros estatutos.

Los empecé a redactar inspirándome en los de la Biochemical Society, adaptándolos a la realidad española y consultando con Alberto Sols. Había llegado el momento en el que España podía constituir una sociedad científica de este calibre, con ya grandes investigadores, la complicidad del mundo médico y de la alimentación y un premio Nobel como gran referencia. Aún conservo los documentos fundacionales, incluidos los borradores y el acta de la primera reunión. Alberto Sols fue nombrado el primer presidente.

«El mundo necesita una inflexión histórica»

 

«Soy de los que creen que esta capacidad de movilización que tiene la ciencia, junto con la de académicos, artistas, intelectuales, creadores en general, hay que ponerla al frente de la movilización popular.» Para Federico Mayor Zaragoza, el momento del cambio ha llegado. «El mundo hoy necesita urgentemente una inflexión histórica.»

Mayor Zaragoza se indigna cuando oye hablar de las leyes del mercado y la deslocalización productiva como un mal menor de la sociedad actual. «En los años ochenta se pactó debilitar a los Estados nación y sustituir el protagonismo de la ONU por el G7, el G8 y el G20», denuncia. «El resultado es el que vemos.»

A su juicio, el «desmantelamiento de valores» que protagonizaron Ronald Reagan y Margaret Thatcher, bajo la enorme influencia de lobbies agrupados entorno al Partido Republicano estadounidense, no hizo otra cosa que preservar el poder «de unos pocos» contra una gran mayoría silenciosa y anónima. «Echando la vista atrás, uno se da cuenta de que el 99 % de las personas no han existido; solo han nacido, han vivido y han muerto en apenas 50 km2, anónimos totalmente, sin que nadie sepa absolutamente nada de ellos.»

El estado de las cosas, no obstante, no tiene por qué ser inalterable. «El mundo empieza ahora», proclama. Las nuevas tecnologías de la información, asegura, permiten dotar a cada ser humano de visibilidad. «Hoy vemos que cada ser humano es único y es capaz de crear y de inventar su futuro, y de decir lo que piensa. (…) Es un momento fascinante», continúa. «Por primera vez sabemos qué ocurre en el mundo y eso nos hace corresponsables.»

Es la globalización «bien entendida», la que se basa en una toma de conciencia planetaria. En ella se espera la irrupción de la mujer a los mandos de órganos de poder. Y también la transición «de la fuerza a la palabra». Mayor Zaragoza se apoya en datos, como los 4000 millones de dólares diarios destinados a seguridad que se reflejan en estadísticas oficiales, que contrapone a «las miles de muertes debidas al hambre o a enfermedades evitables».

El exdirector general de la Unesco habla de «democracia real» como solución al mundo actual. Junto a personalidades como el expresidente portugués Mario Soares, el premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel o el pensador Edgar Morin, entre otros, está promoviendo lo que vendría a ser una Declaración Universal de la Democracia. «Hay que hablar de democracia social, económica, cultural e internacional. Y todo basado en la democracia personal.»

¿Y quien debe liderar ese cambio? Sin duda, responde Mayor Zaragoza, la comunidad científica, académica e intelectual. «Los creadores, los artistas, todos los que tienen consciencia de que cada ser humano puede inventar su futuro.»

Empieza así una andadura de la que acaban de cumplirse cincuenta años. ¿Con muchas diferencias entre ayer y hoy?

Se sentaban las bases de lo que vendría después. Por ejemplo, ya en los inicios se ve la apertura a la enfermedad, a los pacientes, a la interpretación de la patología… No se trata solo de pensar en el conocimiento de cómo somos sino, como decía Hans Krebbs, con quien tuve el honor de trabajar, la ciencia bioquímica es para evitar o mitigar el sufrimiento humano.

Un principio que bien podríamos aplicar en la actualidad.

Un principio y una pauta que nos ha guiado y también inspirado a lo largo de nuestras carreras. En mi caso, y con esta interpretación, impulse el Plan Nacional de Prevención de la Subnormalidad Infantil, el primero de este tipo en España. Estaba claro que no podíamos permanecer sabiendo cosas que luego no se aplicaran para evitar enfermedades irreversibles.

¿Qué hechos destacaría como más relevantes en esos años?

Con Alberto Sols, en 1964, acudimos a la fundación de la Federación Europea de Sociedades de Bioquímica. Es muy importante saber que la modesta España fue uno de los países fundadores de la FEBS. Ya en 1969, y en contra de la opinión de muchos que argumentaban que en España no podía celebrarse una reunión internacional de alto nivel, demostramos que la ciencia no tiene que ver con el contexto político en el que vivíamos. Y así fue que se organizó la Reunión de la FEBS en Madrid. Además de la colaboración del ministro de la época, José Luis Villar Palasí, tuvimos la suerte de contar con personalidades de tanto nivel como Severo Ochoa, Hans Krebbs y el también premio Nobel Carl Cori.

Podría decirse que empezaron 40 y ahora son 4000.

Es mucho más que eso. Cuando pienso en el impacto que ha tenido la SEBBM no solo pienso en lo que ha hecho por la bioquímica y la biología molecular. Pienso también en que la bioquímica ha sido un catalizador para la investigación científica en España en general. Al haber tenido esta capacidad de promoción y de visibilidad, de promover proyectos verdaderamente sociales, ha contribuido al sentimiento de que la investigación es importante y aporta valor a la sociedad. Por ejemplo, en la salud, uno de los pilares en cualquier estado de bienestar.

 

Fuente fotos: Israel Fernández

 

Eso en España. También hay que hablar de presencia internacional.

Siempre hemos mirado a Europa y al mundo. Y aquí hay que hacer mención especial a Julio Celis, en su día secretario general de la FEBS. Además de ser un gran investigador, siempre tuvo la visión de que la bioquímica podía catalizar a la investigación básica en general. Y en la SEBBM está Joan Guinovart, quien propició el impulso actual a la sociedad. Ambos han sido cruciales por su visión política además de por su visión científica.

¿Qué papel juega Celis en este contexto?

Julio Celis me pide un día que yo sea el que promueva, junto con un pequeño grupo, la creación del European Research Council (ERC); la petición se hace formal a través del primer ministro de Dinamarca que en aquel momento presidía la UE.

Hoy el ERC es una realidad incuestionable, pero no fue así al principio, ¿no es cierto?

En efecto. Cuando acudo al Europarlamento a solicitar un presupuesto de dos mil millones al año para la ciencia básica veo las enormes dificultades que nos esperan. Tras hablar con Julio Celis y Joan Guinovart convenimos en que la única posibilidad de avanzar pasaba por asegurar de que hablábamos en nombre de la comunidad científica europea. Guinovart impulsó en España la creación de la COSCE; y Celis y otros contribuyeron a crear ‘cosces’ en otros países.

El resultado es conocido.

Cuando me volví a presentar al Europarlamento pude sacar 1500 millones de euros anuales presupuestados en el VII Programa Marco. Luego desaparecí de escena, mi objetivo estaba cumplido. Fotis Kafatos asumió la presidencia del ERC. Representaba a la European Molecular Biology Organization (EMBO) y al European Molecular Biology Laboratory (EMBL).

Hay que relanzar a la COSCE

 

La participación de la SEBBM en asuntos de política científica merece, para Federico Mayor Zaragoza, una atención especial. De los muchos que se han protagonizado, destaca los dos más recientes. El primero, la propuesta de Pacto de Estado para la Ciencia, surgido de un debate entre destacados miembros de la comunidad de bioquímicos y que luego fue abrazado por otras sociedades científicas y asumido por la COSCE, la Confederación de Sociedades Científicas de España.

Es precisamente con respecto a la COSCE que reclama un mayor protagonismo para frenar «el disparate» que se está cometiendo en España al reducir la capacidad investigadora y, como consecuencia, el sistema español de ciencia y tecnología. «No se puede echar por la borda todo lo conseguido en estos años», reclama. «Hay que decirle claramente al Gobierno que su actuación limitando la capacidad de I+D+i es intolerable y totalmente errónea.» La COSCE, argumenta, debe liderar este proceso, por lo que antes debería recomponer su línea de acción. «Hay que relanzar a la COSCE», reclama.

El segundo hecho destacable es el Manifiesto de Oviedo, redactado por todos los presidentes vivos de la SEBBM con el mismo objetivo justo al inicio de la crisis económica. En ese documento se advertía de los riesgos de los recortes en ciencia y sus más que previsibles consecuencias para el sistema.

¿Y eso gracias a la bioquímica?

Es obvio que el protagonismo es compartido con otras muchas disciplinas. Pero es importante que se vea cómo la bioquímica a escala española y europea no solo ha favorecido la investigación en múltiples campos, sino también el desarrollo de la ciencia en general porque han provocado esta reacción de promoción de la I+D+i. Y creo también que es muy bueno que se diga que estas Sociedades no solo han servido para el avance de una disciplina científica. Han servido para catalizar y movilizar la conciencia de la sociedad y de los gobernantes y para pensar en un futuro que sea distinto.


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