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Revista: Publicar a cualquier precio


El vértigo del científico ante la tentación del atajo

La carrera y el reconocimiento de un científico dependen de las publicaciones en las que pueda demostrar su autoría. En este entorno, las reglas del juego científico pueden ser vistas en algún momento como un obstáculo para la rapidez de una publicación… Aparece, entonces, la tentación de tomar atajos. ¿En qué se sustenta la credibilidad de la ciencia frente a la sociedad que la apoya?

  • Pere Puigdomènech

  • Centre de Recerca en Agrigenòmica CSIC-IRTA-UAB-UB, Barcelona

L
a profesión de científico puede ser tremendamente apasionante y exaltante, por ejemplo cuando se produce un descubrimiento interesante. Pero puede ser también muy frustrante cuando hay que enfrentarse a obstáculos (en los experimentos, con el personal con que se trabaja o frente al sistema de gestión, por ejemplo) que el científico puede considerar injustificables. La del científico es además una profesión que en todas sus etapas depende de los resultados que obtiene de su investigación. Y los resultados no existen hasta el momento en que se publican. Y para publicar los resultados el investigador tiene que convencer a editores y evaluadores de que tienen interés suficiente para ser publicados. La tentación de buscar atajos alterando de alguna manera los resultados o la forma como han sido obtenidos puede ser muy grande.

La ciencia que un investigador realiza depende, por tanto, de la publicación de los resultados y hasta que estos no se publican todo el trabajo que se haya realizado no sirve para nada. Es un precio que se paga para que los resultados de la ciencia estén al alcance de todos y para que esta continúe avanzando. Para que se publiquen, los resultados tienen que aportar alguna novedad en los datos o las ideas y han de tener una garantía de calidad. Sin que permitan formular una nueva idea, sin que cualquier otro científico pueda reproducirlos y sin que las conclusiones estén sostenidas por los datos que se presentan tampoco, en principio, se publican. Son condiciones que impone el mismo método científico y en el que se sustenta la credibilidad de la ciencia frente a la sociedad que la apoya. Por esto cuando se evalúa la actividad de un científico se acude siempre a las publicaciones que ha hecho.

Desde hace un tiempo tenemos además sistemas, más o menos útiles, que permiten valorar de alguna forma el impacto a base de contar las veces que un artículo es citado. En conclusión, la carrera de los científicos, su contrato, su promoción o su reconocimiento entre colegas y por la sociedad depende de las publicaciones en las que pueda demostrar su autoría. En este entorno, las reglas del juego científico pueden ser vistas en algún momento como un obstáculo para la rapidez de una publicación y es entonces cuando aparece la tentación de tomar atajos.

La integridad científica

En los comités en que se analiza la integridad científica se considera que los problemas más típicos de malas conductas científicas son lo que se denominan fabricación, falsificación y plagio.

Fabricación quiere decir inventarse datos que no existen, falsificación modificarlos o interpretarlos de forma ilegítima y plagio atribuirse datos, textos o ideas de otros autores. De todo esto hay una literatura extensa y casos en todo el mundo, incluso en España. Pero hay también otros comportamientos que perturban el buen funcionamiento de la ciencia, por ejemplo, la presencia abusiva o la ausencia injustificada de algún autor en alguna publicación. Es este un tema recurrente de conflictos entre científicos que envenena a menudo el funcionamiento de los grupos y que está ligado a otro de importancia como es la relación entre supervisor y supervisado o entre el investigador principal o el director de un centro y los otros investigadores que están integrados en el mismo. Hay también una tendencia a dividir los trabajos en fragmentos de forma injustificada o publicar resultados similares vistiéndolos de formas distintas para aumentar el número de las publicaciones.

Existen conflictos de intereses a diferentes niveles, como en los revisores o editores de revistas o respecto a los financiadores del trabajo, sobre todo si son empresas. Todos conocemos o hemos sufrido casos de estos tipos de comportamientos que perturban el funcionamiento de la ciencia en una de sus etapas fundamentales, como es la publicación, y sabemos que no todo es blanco y negro, sino que las cosas suelen moverse en una zona gris difícil de delimitar.

Los casos de conductas impropias en el desarrollo de la ciencia se han dado en toda la historia y hay una literatura amplia sobre ellos. En al menos dos aspectos la situación es diferente de la que se daba hace un tiempo. Uno de ellos es que la actividad científica se ha multiplicado durante el siglo pasado y, por tanto, por simples razones estadísticas, sí –como afirman datos de Estados Unidos, entre el 0,1 y el 1% de las publicaciones científicas contienen algún tipo de fraude– el número absoluto habrá aumentado en los últimos tiempos. El otro aspecto es que la publicidad que se da a estos casos hace que seamos más conscientes de ellos cuando se producen. Existen webs en los que se publican casos de retractación de artículos, comoRetraction Wacht.1

Que un factor y el otro se estén dando no nos debería preocupar sino más bien al contrario ya que indican un aumento de la actividad científica y un interés de los medios por lo que ocurre en la ciencia. Algo así argumentamos hace pocos años en referencia a la ciencia española.2


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