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Reflexionando sobre la crisis, en los 50 años de SEBBM

Invitado a contribuir a algunas reflexiones en este número de la Revista SEBBM, lo haré desde la triple perspectiva de los cincuenta años de vida de SEBBM, desde mi experiencia como socio de 40 años e incluso expresidente (2004-2008) de la Sociedad, y desde la triste pero revulsiva vivencia de la presente crisis.*

  • Vicente Rubio

  • Expresidente de SEBBM (2004-2008) Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV-CSIC)

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ecordaré que SEBBM (llamada inicialmente SEB, Sociedad Española de Bioquímica), creada en 1963 por un puñado de bioquímicos y fisiólogos liderado por Alberto Sols y alentado por Severo Ochoa, dio carta de existencia e internacionalización a la bioquímica hecha en España.1 Abrió para los bioquímicos españoles una muy necesaria ventana al mundo exterior, particularmente a través de becas, cursos, congresos europeos y publicaciones de FEBS (la Federation of European Biochemical Societies, creada en 1964, con SEB como cofundadora).

El aire foráneo contribuyó a generar en sus miembros jóvenes una actitud de irreverencia hacia la autoridad no basada en el talento, la honestidad intelectual, la capacidad y el trabajo. Además, creo que compartíamos el credo de que no era (y sigo creyendo que no lo es) decente ocupar un puesto universitario o de investigación sin formación posdoctoral en el extranjero y dominio del inglés, compromiso con y gusto por la investigación, trabajo duro y un razonable registro publicado en revistas internacionales respetables.

Hijo de ese credo meritocrácico y paraanarquista fue el sistema de financiación de la investigación que aún disfrutamos hoy, basado en el mérito y la evaluación por pares, no en el escalafón o el poderío institucional. Miembros de la SEBBM (mencionaré aquí al prematuramente desaparecido Roberto Fernández de Caleya) contribuyeron con entusiasmo a la creación de ese exitoso sistema al que tanto debe la ciencia española, protegiendo al talento frente a caciques y mandos institucionales.

«La ciencia, aquí y ahora, no es prescindible.»

Es esencial preservar a toda costa e incluso incrementar ese sistema, dada su eficacia en hacer aflorar buena y abundante ciencia. En un país en que no destacamos por atraer el talento exterior, habiendo de apoyarnos mayoritariamente en nuestros propios efectivos formados aquí, perfeccionados luego fuera, y retornados a nuestra estructura productiva de ciencia, no puede haber superexcelencia sin excelencia, y esta no puede existir sin una base sólida de ciencia de batalla pero profesional, que permee todo el aparato potencialmente capaz de generar conocimiento científico (universidades, OPI, hospitales, fundaciones, etc.), lo que requiere el sistema de financiación hasta ahora vigente.

El gran espaldarazo europeo a la bioquímica española fue la organización por SEB, en Madrid en 1969, del 6th FEBS Congress (¡más de 2000 participantes, extraordinario póster anunciador de Dalí, y sello de correos conmemorativo!). Al año siguiente el Gobierno no tuvo otro remedio que hacer de España uno de los 14 países inicialmente firmantes de la European Molecular Biology Conference (EMBC), base de EMBO.

Ahora SEBBM ha organizado, en septiembre de 2012, en Sevilla, con gran éxito y masiva afluencia, el 37th FEBS Congress, y primero que la International Union of Biochemistry and Molecular Biology (IUBMB) celebra en España, verdadera olimpiada de la bioquímica y biología molecular mundiales, y, a pesar de que la ciencia está en la cima de la valoración y aprecio ciudadanos,2 el premio ha sido una verdadera bofetada: más recortes, retraso en la convocatoria de proyectos del Plan Nacional e incluso la noticia del riesgo de desaparición del CSIC por resistirse el Gobierno a poner cuatro duros (cuatro chavos, decíamos antes; peanuts,dirían los norteamericanos), a pesar de tratarse de una institución de primera, de inmaculada ejecutoria científica, a la que pertenece el centro dirigido por el máximo responsable de la organización de dicho último gran Congreso, Miguel Ángel de la Rosa. ¿Seremos capaces de dañar gravemente nuestro tejido científico y aun de cerrar el CSIC, valiosísimo activo del país, mientras mantenemos muchas entidades e instituciones (véase más abajo, las Diputaciones y el Senado), de ejecutoria mucho más dudosa? ¿Hemos perdido la cabeza? ¿O lo que hemos perdido es la decencia? Dejo a los socios de SEBBM y lectores de esta revista responder por sí mismos a estas preguntas.

Sin renunciar a nada del pasado de SEBBM, y con la complicidad de una Junta Directiva muy activa, Joan Guinovart refundó SEBBM durante su presidencia (1996-2000), poniendo en marcha un paquete de medidas dirigidas a convertir a SEBBM en el vehículo central de la biología experimental española y en una voz potente por la ciencia en plena sociedad civil. Una sabia política de incentivos a ser socio/a de SEBBM, de atracción de distintas subespecialidades y disciplinas mediante la creación de grupos científicos (21 a día de hoy), 3 a los que se asignaron las tardes del congreso anual sin restar protagonismo a las actividades transversales de interés general (simposios y plenarias, centradas en las mañanas), tuvo la consecuencia de un fuerte incremento en el número de socios/as, que en el año 2000 superó la barrera del mismo número y hoy se acerca a 4000. De la mano de Joan, SEBBM reconvirtió su hasta entonces encomiable pero interno Boletín que ya Carlos Gancedo había elevado a algo más que Boletín, en una verdadera revista trimestral, SEBBM,4 realizada profesionalmente, con director, editor y Consejo Editorial, y, a mi juicio, de excelente factura y presentación, en la que las noticias societarias de ámbito interno, sin dejar de estar presentes, pasaron a un segundo plano, y los temas de opinión y política científica tomaron el protagonismo principal.

Figura 1. Número 139, de marzo de 2004, de SEBBM, en el que se formula la propuesta de Pacto de Estado por la Ciencia

Estoy seguro de que nuestra revista, además de por nuestros socios, sigue siendo leída o al menos hojeada por los ministros y ministras de nuestro ramo, como puedo dar fe por mi fase de presidente de la Sociedad, en que, aunque informalmente, con frecuencia respondían a nuestros envites, bienvenidas y propuestas publicadas enSEBBM, confirmándonos así la recepción del mensaje.

Un ejemplo de la presencia pública de SEBBM fue nuestra propuesta de Pacto de Estado por la Ciencia. Cansados de los vaivenes experimentados por la organización y financiación de la ciencia española con los cambios de Gobierno y de partido gobernante; conscientes de la creciente valoración de la ciencia por la sociedad y de su protagonismo cada vez mayor en el desarrollo y bienestar de las sociedades avanzadas; convencidos de que el modelo económico español de sueldos bajos, ladrillo, turismo y mano de obra poco cualificada estaba agotado; seguros también de que todos los partidos compartían la fe en un futuro económico basado en el conocimiento, la SEBBM, liderada por su presidente, Jesús Ávila (2000-2004), tuvo la osadía de proponer, al final de la segunda legislatura de Aznar, poco antes de la elecciones generales, un Pacto de Estado por la Ciencia en el que los distintos partidos se comprometieran a una estabilidad organizativa y una apuesta por la ciencia que garantizara la dedicación a la misma de un porcentaje al menos constante del PIB.5 Con nuestra propuesta de Pacto de Estado, escenificada y difundida ampliamente, la ciencia llegó por primera vez al escenario público electoral como un tema de obligado debate o al menos de necesaria mención.

Figura 2. Propuesta pública promovida por SEBBM de Pacto de Estado por la Ciencia. De izquierda a derecha, Mariano Barbacid, Félix Goñi, Vicente Rubio, Miguel Beato, Federico Mayor Menéndez, Joan Guinovart, José López-Barneo, Margarita Salas, Jesús Ávila y Carlos Martínez Alonso. La foto apareció en diversos medios de comunicación, como El País el 5 de diciembre de 2003, además de en el número 139 referenciado en el texto de Revista SEBBM

 

En aquella contienda ganó el PSOE y, sin duda, el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, quiero creer que, al menos en parte, como consecuencia de nuestra iniciativa, adoptó una política activa de expansión de fondos para la ciencia, aunque los análisis de los Presupuestos Generales del Estado realizados primero por SEBBM y luego por la Confederación de Sociedades Científicas de España (COSCE) –que tanto colaboró SEBBM a crear (de nuevo a iniciativa de Joan Guinovart)–, revelaron truquillos contables pero sustanciales en los que no es preciso incidir ahora.

En todo caso hubo progreso, pero no se firmó pacto alguno. Sinceramente creo que la firma de dicho pacto era poco menos que imposible en un marco político en el que el rédito cortoplacista desempeña un papel clave, pues dicho pacto privaría al gobernante, independientemente de su color, de la posibilidad de extraer dicho rédito político y propagandístico a sus acciones de promoción o supuesta promoción de la ciencia.

En algún momento ya lejano del pasado creo recordar que unas graves inundaciones en el País Vasco llevaron a destinar a los damnificados los fondos previstos ese año para ciencia, anulándose, creo recordar, la esperada convocatoria de proyectos de la CAICYT. Aun antes, en 1969, recuerdo oír al ya fallecido gran físico Pedro Pascual, entonces catedrático de Física Teórica en Valencia, quejarse amargamente de que los fondos de investigación de nuestra Universidad acababan siempre siendo utilizados para incrementar el número de camas de obstetricia en el Hospital Clínico Universitario. Seguimos igual. Las urgencias y estrecheces se transfieren enseguida a la ciencia. Claro que no solo estamos hablando de camas de hospital, de pensiones y subsidios a los parados. El sistema, por su propia dinámica interna, se resiste a hacer cambios radicales en otros sectores y ámbitos en los que sí podrían hacerse economías sin grave perjuicio, aun a despecho de, por no hacerlas, matar de inanición elementos más valiosos, como la ciencia, simplemente porque esta carece del suficiente poder político o social, sea cual sea su valor objetivo y valoración ciudadana.

Como ejemplo, recuerdo cuando, en noviembre de 2011, el PSOE hizo la propuesta de supresión de las Diputaciones. Transcribo sin comentarios (aunque omitiendo el nombre del político) una noticia del periódico Levante, de Valencia (22 de noviembre de 2011) para que los lectores extraigan sus propias conclusiones:

«El presidente de la Diputación de Valencia [...] se ratificó ayer en su amenaza a los grupos de la oposición (PSPV, Compromís y EU) de quitarles el sueldo, los asesores y hasta la subvención para funcionar como represalia contra su posición abolicionista de las diputaciones. En pasillos de las Corts, [...] explicó que lo único que percibirán serán las dietas por asistencia a plenos y comisiones. Defendió que su intención de dejar sin recursos a la izquierda no es una amenaza, es sentido común. Por dignidad y ética, deberían renuncian al sueldo, asesores.

[…] Exigió a la oposición que se retracte de su posición favorable a liquidar las diputaciones si quiere salvar sus nóminas. El ultimátum expira el día 21 de noviembre, el día siguiente de las elecciones. Si no dan marcha atrás, yo no tengo la obligación de pagar, [...] calcula que ahorrará un milloncete.

¿Han oído nuestros lectores algo más sobre supresión de diputaciones, aunque representan un coste anual de unos 20000 millones de euros? ¿A que no? ¿Cuál creen que es la razón? ¿Prevalecerá esa razón sobre la de financiar bien a la ciencia y permitir la supervivencia del CSIC?

El Estado moderno dice regirse por las normas de la razón, dirigida al bienestar del ciudadano. El viejo dictum (creo que del economista británico John Bentham) que «la mayor felicidad para el mayor número» es el objetivo último de la economía, puede aplicarse a las funciones del Estado y del Gobierno. Un análisis serio de coste/beneficio debería regir el uso de los fondos públicos, y su transgresión debería ser punible. ¿Para cuándo la aplicación de este criterio como base para la financiación, existencia y eliminación de unas u otras instituciones? ¿Es este criterio el que se aduce cuando dejamos al CSIC, y en general al sistema de financiación de la ciencia, al borde del colapso o de la quiebra, mientras mantenemos las diputaciones e incluso el Senado (mucho menos caro, desde luego, solo unos 50 millones/año), alta cámara de funciones poco claras en la que buen número de sus miembros ni siquiera ocupa sus asientos por decisión directa del pueblo, sino por acuerdo de partidos, haciéndolo susceptible de conversión en un aparcadero bien pagado de exaltos cargos?

Sin embargo, si cuando hay que elegir, la ciencia siempre pierde, hay que preguntarse por qué se la considera en España un elemento accesorio, un lujo social del que se puede prescindir. ¿Hay algo de verdad en ello? Aunque es seguro que globalmente, en el mundo, la ciencia no solo no es un lujo social sino que es un elemento esencial para la supervivencia, ¿podría la ciencia española considerarse un lujo? La inversión científica hecha en España ¿ha producido retornos proporcionados? ¿Ha cuantificado seriamente nuestra contabilidad social dicha inversión y tales retornos para un período largo, es decir, hemos hecho un buen análisis de coste/beneficio para la inversión en ciencia en España? ¿Tenemos los científicos alguna responsabilidad en que persista la visión de la ciencia como lujo social? ¿Cómo cambiar las cosas? Dejo estas preguntas sobre el tapete, pero no excluyo que parte de la culpa sea nuestra, de los científicos, que hemos permitido que se nos asiente generalmente en la confortable vitalicia mediocridad salarial de posiciones funcionariales en las que no es preciso dar cuentas a nadie para continuar en el puesto.

«Si cuando hay que elegir, la ciencia siempre pierde, hay que preguntarse por qué se la considera en España un elemento accesorio, un lujo social del que se puede prescindir. ¿Hay algo de verdad en ello?»

En todo caso, parece probable que el sistema de ciencia español requiera reformas que mejoren su eficacia, y que seguramente lo hagan menos dependiente de la función pública, reformas que requerirán voluntad de hacerlas, coraje político y renuncia a tentaciones corporativas o a protegerse tras parapetos de privilegio. Las reformas deberían venir del análisis racional, de coste/beneficio riguroso, largoplacista y bien ejecutado, sin cicaterías coyunturales presupuestarias ni apriorismos de postura, y deberían suscitar identificación, complicidad y compromiso en todos los actores implicados; todo ello, de nuevo, sobre la base del debate racional, las razones objetivas y el deseo de alcanzar la máxima productividad posible.

¿Qué puede y debe hacer SEBBM en el presente contexto de amenaza a la ciencia? Desde luego, seguir en la brecha, manteniendo vivo el debate sobre la ciencia y su gestión, pero sobre todo luchando a muerte contra la disminución de nuestra capacidad y actividad científica y contra la desaparición de instituciones científicas que funcionan y son altamente productivas. Sin duda, el Congreso anual de la SEBBM que acaba de tener lugar a principios de septiembre, en Madrid, incluye elementos de reflexión y de debate, formales e informales, que, como esta oportunidad que me brinda la revista, promuevan la autocrítica sobre la eficacia de nuestro quehacer y sobre cómo mejorarla.

Pero, sobre todo, SEBBM debe enviar el mensaje alto y claro, emitido a toda la sociedad española y a sus gobiernos, de que la ciencia, aquí y ahora, no es prescindible; y que una disminución del volumen de la producción científica española no beneficia a nadie, y desde luego no al bienestar actual y futuro de los ciudadanos españoles y europeos; que tener menos ciencia minaría la seriedad y el peso de España; y que, a veces, apoyar algo obliga a optar por una cosa y a abandonar otras menos cruciales, sin que valga ya la medida coyuntural del café para todos a la inversa, disminuyendo a todos la financiación en la misma proporción. Recordemos que a algunas instituciones, como al CSIC, les pasa lo que al asno de Freud: cuando comen por debajo de cierto límite, en vez de acostumbrarse, va y se mueren.

 

Notas

* Este artículo es una versión expandida de otro mío en Encuentros en la Biología, publicación de la Universidad de Málaga a la que agradezco la autorización a usar parte de su material.

1. Véase http://www.sebbm.es/archivos_tinymce/Articulo_Vicente_Rubio_SEBBM_2008.pdf.

2. Noticia del diario El País (25/08/2013).

3. En el portal institucional de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular, se pueden consultar los 21 grupos científicos actuales. Visite www.sebbm.es .

4. La edición digital de la Revista SEBBM es de consulta pública en www.sebbm.com/revista .

5. Véase el dossier monográfico «Razones para un pacto», dedicado al tema, en el número 139 de SEBBM, marzo de 2004. Consultable en: http://www.sebbm.com/139.htm.


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