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Homenaje al Prof. Ángel Santos Ruiz en su centenario

Se reseña el acto celebrado el 22 de noviembre de 2012 en la Real Academia Nacional de Farmacia, con motivo del centenario del nacimiento del Prof. Ángel Santos Ruiz, «maestro» de bioquímicos.

  • Federico Mayor Zaragoza

  • Expresidente de la SEBBM (1972-1976). 8 de agosto de 2013

«Cuando bebas agua,
piensa en la fuente.»
C

on este proverbio comencé las palabras con las que, el 27 de mayo de 1982, contribuí al homenaje que se rendía a D. Ángel Santos Ruiz con motivo de su jubilación, al cumplir ochenta años. Le quedaban, por fortuna, muchos años de magisterio, de orientación adecuada por la inmensa experiencia y conocimientos acumulados en la búsqueda de respuestas sobre fisiopatología humana, en el afán de contribuir al bienestar, a la calidad de vida, a prevenir o paliar el sufrimiento humano.

El 22 de noviembre de 2012, la Real Academia Nacional de Farmacia conmemoró, con el patrocinio de la Fundación Ramón Areces, el centenario de su nacimiento (en Reinosa, Cantabria, el 18 de agosto de 1912), con la participación de los profesores José Antonio Cabezas Fernández del Campo, Julio Rodríguez Villanueva, María Cascales, Bartolomé Rivas Ozonas, María Teresa Miras Portugal, Ana María Pascual Leone, Manuel J. López-Pérez y José Miguel Ortiz Melón.

De la excelente y emotiva intervención del Prof. José Antonio Cabezas Fernández del Campo, «el discípulo viviente más antiguo de los numerosos bioquímicos formados bajo la dirección de D. Ángel», reseño algunos extractos en los siguientes párrafos:

«Catedrático de Bioquímica de la Facultad de Farmacia de la Universidad Complutense de Madrid durante 42 años, D. Ángel ha sido el principal impulsor del gran desarrollo adquirido por la bioquímica española, tanto en su faceta docente como investigadora, siendo además el representante oficial de esta rama de la ciencia en organismos internacionales»… En 1932 se licenció en Farmacia e inició su carrera docente como Ayudante de Trabajos Prácticos de Química Orgánica en la Facultad de Farmacia, al tiempo que realizaba su tesis doctoral sobre investigación de las vitaminas por métodos químicos, en el Instituto de Patología Médica, que dirigía –¡nada menos!– D. Gregorio Marañón.

En los primeros meses de 1936, fue nombrado Auxiliar de Química Biológica –impartida por el Prof. D. José Giral, que fue designado ministro de Marina de la República por aquellas fechas–, por lo que correspondió a D. Ángel el desempeño de la asignatura, siendo nombrado catedrático de esta disciplina en octubre de 1940. En 1944 se incluyen ya las denominaciones de Bioquímica Estática y Bioquímica Dinámica… que actuaron como núcleo de la multiplicación de su impartición en las facultades de Medicina, Ciencias Biológicas, Ciencias Químicas… hasta recibir, en general, la denominación de Bioquímica y Biología Molecular.

Como recordó el Prof. Cabezas, D. Severo Ochoa se había referido a D. Ángel diciendo que «fue quien inició en solitario la enseñanza y la difusión de la bioquímica en España... procurando el mantenimiento y el engrandecimiento de esta ciencia en nuestro país y más allá de sus fronteras». Su trabajoso y difícil recorrido «en solitario» de la bioquímica se vio reforzado en 1956 por la llegada de Estados Unidos del Dr. Alberto Sols, que proporcionó un gran impulso a la enzimología –desde el Consejo Superior de Investigaciones (CSIC) al principio y después desde la Universidad Autónoma de Madrid (UAM)–. En 1963 se crea la Sociedad Española de Bioquímica, designándose a D. Ángel, que desde hacía muchos años presidía el Comité Español de la Unión Internacional de Bioquímica, como miembro fundacional de la SEB y a Alberto Sols como primer presidente.

También se rememoró en este acto su papel como Académico de la Real Academia Nacional de Farmacia desde 1956. Fue su presidente, enormemente activo y lúcido, durante varios años. Desde 1991, cuando fue nombrado académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina, contribuyó a realzar el prestigio de la misma.

En su discurso de contestación a mi ingreso en la Real Academia Nacional de Farmacia en 1976, afirmó:

«He procurado –y no sé si siempre lo he conseguido– no ser un maestro dominante que impone límites al pensamiento de sus seguidores. De ambicionar alguna autoridad sería la de hacer pensar, y no necesariamente en mi dirección. Creo que es preferible una oposición viva a una aprobación muerta».

No se llama maestro al gran científico ni al excelente expositor. Se llama maestro a quien posee, a los ojos de sus discípulos, la autoridad moral, a quien no solo orienta investigaciones científicas sino las propias reflexiones.

Observar… y pensar. Es muy difícil, escribió Julián Marías, observar lo que vemos continuamente. Sabiendo que –es una de las citas del Prof. Hans Krebs que me gusta repetir– «investigar es ver lo que otros también ven y pensar lo que nadie ha pensado». Observar y reflexionar.

Estudioso, perseverante, diligente, abierto a la escucha, D. Ángel era, en el sentido estricto de la palabra, benevolente: quería y procuraba el bien para todos. Hizo de la lucha contra la enfermedad y el sufrimiento el hilo conductor de su vida. Pausado, firme, sonriente, sabía discernir lo esencial de lo secundario, lo importante de lo urgente.

Nos quedan innumerables discursos, libros, publicaciones… recuerdos de una larga vida de la que, de todas sus dimensiones, destacan la calidad humana, la preocupación y compromiso con los otros, con los más jóvenes en particular.

Nunca olvidaré la anécdota de la niña uruguaya que, en una excursión escolar, al ver el mar por primera vez exclamó: «Maestra, ¡ayúdeme a mirar!». D. Ángel nos ayudó a mirar. A observar y pensar. Su obra científica permanece, con su estela humana, para seguir iluminando muchos caminos de futuro.


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