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Cuéntame cómo pasó

Retroceso en el tiempo: la investigación biomédica en España. Testimonios y reflexiones: lecturas para el futuro.

  • Ana María Pascual-Leone (editora)

  • Instituto de España - Real Academia Nacional de Farmacia, Madrid (2012), 390 p.

Los que se pregunten para qué sirven instituciones como la Real Academia Nacional de Farmacia tienen ahora una buena respuesta: para producir libros como este. La fuerza vital de su editora, bien patente para los que la conocemos, se ha volcado en generar un producto indispensable, seguramente único, porque por su edad los autores de algunos de sus capítulos quizá tengan pocas oportunidades de volver a dar testimonio de sus vidas.

 
Se trata de una especie de libro-misión sideral Voyager que viaja a través del tiempo portando encapsuladas trayectorias vitales contadas por 21 protagonistas que nos dan noticia de lo que fue hacer biociencia en España en el hoy afortunadamente ya lejano planeta de la posguerra. El rango temporal no es idéntico para todos, algunos adentrándose más que otros en la noche del pasado, con incluso uno de los personajes (con quien, por cierto, me une el vínculo conyugal) proviniendo de un tiempo más reciente, pero en el que aún se percibían muy claros los ecos del pasado.
 
El libro va precedido de una breve presentación de la presidenta de la Real Academia de Farmacia, María Teresa Miras Portugal, en la que ya se recogen la moraleja y la genealogía última de los firmantes. La primera viene resumida en el acertado dictum del maestro Ochoa: En principio, la investigación necesita más cabeza que medios. La segunda señala el origen de todo en unos cuantos núcleos generadores en la posguerra inmediata, la mayoría de ellos centrados en Madrid, mencionando directamente a D. Ángel Santos Ruiz, creador de las cátedras de Bioquímica en Farmacia y primer representante español en la International Union of Biochemistry, y reconociendo sin nombrarlo explícitamente el papel central del CSIC, aunque sin mencionar al primer muñidor de todo en esa institución y constante referencia en los distintos capítulos, José María Albareda.
 
Con toda razón, ya que todos los firmantes a excepción de José María Segovia de Arana son bioquímicos o están directamente relacionados con la bioquímica, el presidente de la SEBBM, Federico Mayor Menéndez, prologa también el libro señalando una de sus inevitables flaquezas:si bien son todos los que están, no están todos los que son. Algunos tristemente no están porque ya se fueron: D. Ángel, fallecido no hace tanto, Alberto Sols, Carlos Asensio, David Vázquez, Eladio Viñuela y Primo Yúfera, por citar solo algunos mencionados en el libro. Otros no están, supongo, porque hay que poner límites a una obra y porque la obra, claramente escorada hacia lo bioquímico, no da la palabra a otras disciplinas biomédicas, como la biología del desarrollo, la morfología, la fisiología y la farmacología, en las que también hubo vida en España en ese período. Y, sin embargo, los nombres que están fueron muy representativos, habiendo dejado una fuerte impronta en la investigación biomédica española.
 
Señala también Federico Mayor Menéndez en su prólogo, justificadamente llevando agua a su molino (en realidad nuestro molino) igualitario de la SEBBM, que un buen número de los firmantes (exactamente 8 de 21) son mujeres. Tratándose los firmantes de personajes ya provectos, quiero creer que ello no se debe a la bien demostrada superioridad de la mujer en cuanto a capacidad de supervivencia, y sí realmente a que las mujeres tuvieron un protagonismo en la academia mayor del que lo tuvieron en otras esferas.
 
«Nuestra gran asignatura pendiente: la ciencia, al menos la biomédica, la hacemos en el mundo de lo público y de la subvención, y no en el de la industria, que en nuestro sector debería ser la biofarma y la biotecnología.»
En todo caso, en mi opinión, los testimonios de mujeres contenidos en este libro, en particular los de Gertrudis de la Fuente, Rosario Lagunas, Pilar González y el de la propia editora, ganan la palma por su frescura, sinceridad, avatares y peripecia vital, poniéndole a uno en ocasiones al borde de la carcajada y en otras al de las lágrimas.
 
En todo caso, el libro está lleno de historias que son verdaderos thrillers. Un punto común a todos los autores es su patriotismo y voluntad regeneracionista, lo que tiene sentido, porque nos hablan quienes eligieron quedarse aquí, renunciando a hacer ciencia en entornos más favorables fuera de España. Los autores son, además de los ya mencionados, Julio Rodríguez Villanueva, Gabriela Morreale, Claudio Fernández de Heredia, Federico Mayor Zaragoza, Bartolomé Ribas, José Rodrigo García, Juan Antonio Subirana, Emilio Muñoz, Rafael Sentandreu, la pareja Günter-Sillero, Margarita Salas, Emilio Gelpí, Vicente Conejero (concesión al mundo vegetal y a la memoria de Primo Yúfera), Consuelo Guerri y Luis Miguel García Segura. Destaca por su amargura con el burocratismo español (heredero del muro que aisló a España de las nuevas ideas en la contrarreforma) el capítulo de Emilio Gelpí, y por su optimismo y humanidad el de Federico Mayor Zaragoza.
 
¿Qué falta en este libro? Faltan historias de afuera del mundo académico. ¿Las ha habido? Seguramente no, o si las ha habido han sido escasas. Federico Mayor Zaragoza es quien más se ha aproximado a un mundo de empresa cercano a la ciencia, cuando nos cuenta algo de Antibióticos Españoles SA. Pero ni siquiera él ha hecho una vida en la industria, a pesar de su vertiente de vocación de servicio a lo aplicado (véase el programa de cribado neonatal, que él lanzó en Granada). A mi juicio, esta es nuestra gran asignatura pendiente: la ciencia, al menos la biomédica, la hacemos en el mundo de lo público y de la subvención, y no en el de la industria, que en nuestro sector debería ser la biofarma y la biotecnología. Esta falta de salida hacia el mundo productivo, y el estatismo y falta de competitividad de nuestras instituciones en cuanto se ha ganado una plaza (y en ocasiones aún antes de ganarla), hacen que nuestra producción sea dispersa, traducida solo en papers y no en patentes.1¿Cuándo cambiaremos las estructuras para que cambien las cosas, contribuyendo de verdad a crear riqueza sobre la base del conocimiento? Desde luego no ahora, en que no sólo no cambiamos el sistema a pesar de la patente necesidad de hacerlo, sino que además adelgazamos las dotaciones para la ciencia.
 
Acabaré recomendando el libro sin ambages ni restricciones (por cierto, una nota a las Academias: ¿cómo se consigue un ejemplar de un libro publicado por una Real Academia? ¿los vende Amazon? ¿Se va a colgar online?).2 Aun con la variabilidad de los libros multiautor, el conjunto resulta ameno e interesante, alcanzando en ocasiones el nivel de apasionante. Interesará a cuantos se dediquen a la investigación biomédica, y creo será de gran utilidad para los más jóvenes, pues les permitirá hacerse una idea del origen y la genealogía de lo que existe hoy, tomando además conciencia de lo mucho que ha costado construir nuestro aún endeble edificio científico, y percibiendo a través de historias a menudo ejemplares, la importancia de la determinación, la formación, el coraje y la actividad e iniciativa individual, dejando bien a las claras que nada está escrito: el presente y el futuro no nos vienen dados, sino que hemos de construirlos cada día con nuestro trabajo.

Notas

  1. Además de su contribución en este Dossier, véase también el artículo de Alonso Rodríguez Navarro enEl País titulado «El fracaso de la investigación no permite cambiar el modelo productivo».
  2. Nota del editor: La sesión de presentación del libro puede seguirse en RANF.TV.


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