A+ A-


Embajadores de la Marca España

La Marca España la forjamos entre todos, y no es más que consecuencia directa de aquel trabajar sinérgico, con entusiasmo y confianza

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

C

on el fin de trabajar en la Marca España y difundir «los grandes activos y valores del país en todos los campos», hace unos años se creó la figura de embajadores honorarios, galardón que reconoce públicamente a las personas, empresas o instituciones que más han contribuido durante su trayectoria profesional al fortalecimiento de la imagen de España en el exterior. Este año, uno de los embajadores elegidos por el Foro de Marcas Renombradas (FMRE) ha sido María Blasco, directora del CNIO y miembro de la SEBBM. Se une así a Margarita Salas y Joan Massagué, también socios de la SEBBM y embajadores en ediciones anteriores. A los tres, nuestras más sinceras felicitaciones. 

No cabe duda de que la ciencia viene siendo uno de los mayores efectivos del país, y como tal ha contribuido a crear esa imagen de pueblo joven, dinámico y de futuro que cautivó al mundo en los tres últimos decenios. Los esfuerzos diplomáticos recientes –como el antes citado– contrastan, sin embargo, con la percepción actual del país en el exterior y su pronunciado declive. Así, el último barómetro de Marca España, elaborado por el Real Instituto Elcano y hecho público el pasado mes de abril, destaca el deterioro «enorme» que ha sufrido la imagen de nuestro país en el contexto internacional. Según el citado informe, los datos muestran que «se ha terminado el ''''milagro español''''» y que «ya no somos los prusianos del sur». Pocos meses antes, en agosto de 2012, el estudio anual Nation Brand 100, que realiza la consultora Brand Finance, reflejaba que el valor de Marca España había caído un 37,8 % entre 2009 y 2011, caída que ha llevado al país a pasar de la octava a la decimotercera posición en el rankingmundial en tan solo un trienio. 

Fue a principios de los años ochenta, aprovechando el tirón de la Transición, cuando se renovó y modernizó el sistema español de ciencia y tecnología. La Ley de la Ciencia de 1986 y los Planes Nacionales de I+D fueron los ejes clave del desarrollo científico, que literalmente nos abrió las puertas del mundo. Mas la política científica iba al rebufo de la política general: no solo en ciencia, también en deporte, economía, educación, sanidad… el país se entregó al diario bregar con la inmediata ilusión de su propio éxito. Los mundiales de fútbol del 82, la entrada en la UE del 86, la Expo y las olimpiadas del 92… empezaban a configurar la Marca España, escaparate y reflejo exterior del estado de ánimo interior. España ponía así punto final a su particularmente duradero siglo XIX, apenas cerrado con el bochornoso espectáculo del asalto al Congreso del 81, y en menos de veinte años se bebió de un solo sorbo todo el siglo XX. Con la entrada épica en el euro en el 2000, tras duros ajustes y sacrificio generalizado, emergimos esperanzados y triunfantes en el siglo XXI. España dejaba de ser el típico lugar de veraneo, de sol y playa, para empezar a codearse con las sociedades más industrializadas y avanzadas, dejaba de ser un país satélite marginal para empezar a girar en las órbitas de los planetas principales. 

La Marca España la forjamos entre todos, y no es más que consecuencia directa de aquel trabajar sinérgico, con entusiasmo y confianza… que es precisamente lo que hoy se echa en falta. Volvamos la vista atrás para aprender de la historia y convencernos de que no hay fórmulas mágicas. ¡Solo el esfuerzo y el ánimo renovado en nosotros mismos nos permitirán salir adelante!


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: