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FEDERICO MORÁN Secretario general de Universidades

«La universidad necesita reformas»

A la universidad española se le ha quedado el traje pequeño. Tanto, que desde muy diversos sectores se entiende que lo mejor sería uno nuevo, algo hoy por hoy poco factible. Las condiciones, políticas y económicas, no acompañan. Mientras se espera la llegada de tiempos más propicios, parece imprescindible que como mínimo se hagan retoques y ajustes que transformen al vestido en algo más llevadero. Esa es la postura que se defiende desde la Secretaría General de Universidades, de acuerdo con las directrices del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Xavier Pujol Gebellí

  • Xavier Pujol Gebellí

Desde muy diversos foros se sostiene que la universidad española, en su conjunto, necesita una reforma estructural urgente. ¿Comparte este punto de vista?

Yo no hablaría tanto de reforma urgente como de algunas medidas de ajuste para poner a nuestras universidades en el lugar que internacionalmente les corresponde. Es necesario poner los medios para facilitar que aquellas universidades que quieran mejorar puedan hacerlo realmente.

 

El último comité de expertos que evaluó el sistema universitario español, no obstante, recomienda ajustes más profundos.

Podríamos hablar de una reforma mayor, estructural, o de ajustes necesarios. Es lo que gana peso desde el propio tejido universitario. La universidad ha crecido y es obvio que es mejor que la que teníamos antes. El traje se nos ha quedado pequeño. O se le hace uno nuevo o se le ajusta.

 

«Estamos por encima de la media europea en cuanto a número de estudiantes. El acceso a nuestra universidad se ha socializado.»

 

Y lo mejor, hoy, es ajustarlo.

La universidad ha crecido y por tanto necesita ajustarse a esa nueva dimensión. Además, estamos en un mundo global, también para la ciencia y la educación superior. Todas las universidades europeas están en proceso de transformación para adecuarse a las nuevas exigencias. Hay que evolucionar.

 

¿Es posible aplicar las soluciones que plantea el comité de expertos?

El documento contiene propuestas muy valiosas y además está alineado con otros informes precedentes. Una de las coincidencias mayores es la necesidad de cambiar los órganos de gobierno. Ahora mismo, las estructuras de gobierno no son flexibles. El objetivo deseable es que el rector tenga un sistema de gobierno real.

 

¿Y lo va a tener?

Todo lo relacionado con la gobernanza de las universidades está vinculado a la Ley Orgánica de Universidades. Habría que revisar la Ley.

 

¿Entonces?

Hay aspectos que tienen que ver con normativa básica, mucho más simple de revisar, que pueden ayudar a las universidades a dotarse de mejores recursos. Rectores y comunidades autónomas están de acuerdo con empezar por este punto.

 

¿Por ejemplo?

Estamos trabajando con todos los agentes implicados en el ámbito de la educación superior, empresas incluidas, para definir qué tipo de egresados necesita ahora mismo la sociedad, qué formación demanda el sector que emplea. Es absurdo pensar que se va a dejar a las empresas redactar los planes de estudio, pero hay que tener en cuenta la empleabilidad, la inserción laboral de nuestros titulados.

 

No solo la empleabilidad sino también hasta qué punto la universidad evoluciona al ritmo de la sociedad.

Ese es uno de los aspectos que el proceso de Bolonia pretendía, es decir, hacer por un lado titulaciones más flexibles y adaptadas y en contacto con su entorno, lo que incluye el tejido empresarial, social y económico. Nos falta todavía un catálogo de titulaciones en el que se eliminen duplicidades.

 

Atracción de talento

Uno de los problemas relevantes de las universidades españolas es su dificultad para captar talento. En el caso de líneas de investigación de calidad, la capacidad de atracción se ha ido solventando con el tiempo a través de la contratación de científicos altamente cualificados mediante programas que obvian el sistema funcionarial. En el ámbito docente esa figura no es corriente sino más bien anecdótica. El Programa Ramón y Cajal podría ser una vía para dar salida a esta aspiración, pero para ello faltan medios y voluntad política.

«Invertir es el gran problema no solo de la universidad en su conjunto, sino de todo el país.»

Si la atracción de talento falla en lo que refiere al profesorado, también lo hace en lo relativo a estudiantes. A ello se refiere Federico Morán como un «objetivo deseable» al que contribuiría, sin duda, una mejor posición de las universidades españolas en los rankings internacionales. «La actual posición no hace justicia a nuestras universidades», lamenta. Por ello se ha puesto en marcha una comisión para evaluar este problema y abordar qué cambios habría que introducir para escalar posiciones.

Una de las mejoras que Morán entiende que sería deseable es la llamada concentración de talento en departamentos, facultades o institutos universitarios, al estilo de lo que sucede en las universidades punteras.

Sin duda, una estrategia de este tipo favorecería la atracción de estudiantes con talento, profesores reconocidos internacionalmente y líneas de investigación competitivas. Para ello hay que eliminar trabas. «No se puede atraer talento si no se quitan barreras», advierte. Y de nuevo, invertir, el gran problema no solo de la universidad en su conjunto, sino de todo el país. La cuestión no es solo atraer sino también retener ese talento, para lo que se necesitan unos recursos adicionales que ahora mismo no están disponibles.

¿Qué otros cambios pueden hacerse sin tocar la Ley Orgánica de Universidades?

La diversidad de títulos y la proliferación de universidades han provocado que haya titulaciones con muy poco alumnado. Eso se puede cambiar, dejando margen para aquellas titulaciones consideradas estratégicas. Del mismo modo, hay que cambiar de modelo con respecto a la homologación de títulos, una tarea ahora mismo demasiado compleja y poco procedente. Hay que irse adaptando a las necesidades que plantea el proceso de Bolonia y la globalización del espacio de educación superior.

 

¿Entiende que hay demasiadas universidades?

Estamos por encima de la media europea en cuanto a número de estudiantes. El acceso a nuestra universidad se ha socializado.

 

«La cuestión es si se necesita que todas las universidades sean generalistas, que todas den todos los grados. (…) Hablamos, por tanto, de racionalización de grados, pero también de control de calidad de instituciones y de profesorado.»

 

¿Pero tantas?

No es esa la pregunta. La cuestión es si se necesita que todas esas universidades sean generalistas, que todas den todos los grados. Sería buena una cierta especialización y desde el Ministerio, de acuerdo con las comunidades autónomas, puede ayudar a ello. Estamos hablando, por tanto, de racionalización de grados, pero también de control de calidad de instituciones y de profesorado.

 

Para ello se precisa mejorar el proceso de selección del profesorado.

Cambiar el modelo de acuerdo con las sugerencias del comité de expertos obligaría, de nuevo, a revisar la Ley Orgánica de Universidades. Pero hay otras opciones. Por ejemplo, es el caso de Cataluña, que está apostando por un modelo de contratación no funcionarial a través de su programa ICREA. Y parece que funciona. En todo caso, no importa tanto como hagas los procesos de selección, si vía oposición o contratación, si se vinculan los resultados de los equipos docentes e investigadores a la financiación. La mejor fórmula es la competitividad. Cuando un departamento es mediocre, el personal que entra es mediocre; y cuando es excelente, selecciona. Es la tendencia a seguir, pero sabiendo que es a largo plazo.

 

Hablemos de financiación.

El gran problema en estos momentos es de disponibilidad. En particular, para adaptar espacios, aulas, a las exigencias de Bolonia. Por otro lado, el establecimiento de cuotas que van desde el 15 % al 25 % a cargo del estudiante, me parece correcto siempre que se complemente con un buen sistema de becas.

 

¿Existe ese buen sistema de becas?

El nuevo modelo, todavía en fase de borrador, propone que cualquier familia que tenga unos ingresos por debajo de los 40 000 euros anuales para cuatro miembros, se le paguen las tasas. A partir de aquí, cuanto menos renta y mayor rendimiento académico, más se va a recibir. En el extremo inferior se encuentran las familias con una renta inferior a los 15 000 euros anuales. Si se cumplen las condiciones académicas y se está por debajo de este umbral, la beca para matrícula está más que asegurada.

 

Los Campus de Excelencia Internacional (CEI) parecían una buena idea, pero al final uno tiene la sensación de que, otra vez, es café para todos. ¿Todavía tienen sentido?

El programa acaba en 2014 y no hemos sacado una nueva convocatoria, lo cual no significa que el programa no interese. Ahora toca hacer un filtrado, es decir, evaluar los actuales CEI y seleccionar aquellos que cumplan con los criterios fijados. Asimismo, hay que revisar su modelo de financiación.

 

¿Entiende que han funcionado?

Algunos son muy brillantes. Además, ha habido mucha inversión en equipamiento, infraestructuras, profesores, en líneas, en becas. Habrá que esperar a la evaluación, que se inicia en septiembre para ver cómo se puede premiar a las mejores iniciativas.

El difícil equilibrio entre el investigador y el político

Federico Morán (Madrid, 1956) se define a sí mismo como bioquímico. Y así consta en su currículo, en el que destaca su participación primeriza en líneas de investigación asociadas a la biofísica y posteriormente a la cronobiología, al tiempo que escalaba posiciones docentes en la Universidad Complutense de Madrid hasta alcanzar la de catedrático. Con el tiempo, su interés ha ido derivando hacia la biología de sistemas. En concreto, al estudio de redes metabólicas a partir de información genómica.

Como investigador que ha sido, ha tenido que someterse al sistema español de ciencia y tecnología, en permanente estado de construcción, así como a un sistema universitario para el que se reclaman reformas profundas desde hace por lo menos 20 años.

Como político, debe lidiar entre ambas realidades y aplicar reformas más en lo que sea posible que no en lo deseable. La escasez de recursos económicos y las dificultades para modificar la Ley Orgánica de Universidades, limitan su campo de acción a ajustes que, por más que necesarios y útiles, son insuficientes para el sistema español.

 

Fotos: Alberto Cubas


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