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Además de, no en vez de

En SEBBM no podemos más que admirar y aplaudir tan ingente esfuerzo integrador de las políticas de I+D+I en buena parte del continente, pero tampoco podemos ignorar la preocupación por el peligro cierto de polarizar en exceso las inversiones hacia la “transferencia del conocimiento generado” más que hacia la “generación de nuevo conocimiento” 

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

Hace años se puso de moda cierto régimen de adelgazamiento basado en la ingesta de barritas con alto contenido en fibra vegetal. El objetivo era provocar una fuerte demanda de líquido, sensación de saciedad y ausencia de apetito.  Tras varias semanas de régimen, un señor acudió extrañado al médico porque no conseguía perder peso, incluso había llegado a engordar. Sorprendido también el galeno, le pidió detallar el protocolo seguido, a lo que aquel contestó, no sin preocupación, que la dieta le estaba resultando harto incómoda pues no le eran nada apetecibles las susodichas barritas al finalizar cada comida. La respuesta no se hizo esperar: ¡Señor, le dije “en vez de, no además de”! Exclamación parecida, si bien a la inversa, nos surge espontánea ante el devenir de las políticas presupuestarias de I+D+I europeas y españolas, tanto a nivel nacional como regional, en estos últimos años.

 

El año 2020 se ha fijado como fecha clave para la consecución de los grandes objetivos de la UE y sus estados miembros. Primero fueron la estrategia general de crecimiento Europa 2020 y el programa-marco de investigación y desarrollo Horizonte 2020. Y ahora, próximas a su lanzamiento efectivo, las denominadas estrategias RIS3 (del inglés, Regional Innovation Strategy for Smart Specialization), englobadas en Europa 2020 y complementarias a H2020. Las RIS3 se configuran como estrategias integradas de transformación económica territorial a fin de promover un cambio radical en la estrategia de innovación en Europa. 

 

Europa 2020, en su conjunto, pretende centrar la inversión futura de la UE y alcanzar objetivos concretos en cinco áreas principales, a saber: empleo, innovación, educación, inclusión social y clima/energía. A su vez, cada estado ha adoptado sus propios objetivos nacionales en cada una de dichas áreas, diseñando estrategias concretas de especialización a fin de que los Fondos Estructurales y de Inversión Europeos puedan utilizarse de forma más eficaz y facilitar las sinergias entre las políticas regionales, nacionales y europeas, así como las inversiones públicas y privadas. A través de un proceso previo de “descubrimiento de emprendedores”, las estrategias RIS3 persiguen que los estados y regiones de la UE identifiquen las especializaciones de conocimientos que mejor se ajusten a su potencial de innovación. La “estrategia de especialización inteligente” no se impone, pues, desde arriba, sino que requiere el trabajo conjunto de empresas, centros de investigación y universidades para identificar las áreas de especialización más prometedoras de un estado o región, pero también los puntos débiles que obstaculizan la innovación. El fin último es convertir la innovación en una prioridad para todas las regiones.

 

En SEBBM no podemos más que admirar y aplaudir tan ingente esfuerzo integrador de las políticas de I+D+I en buena parte del continente, pero tampoco podemos ignorar la preocupación por el peligro cierto de polarizar en exceso las inversiones hacia la “transferencia del conocimiento generado” (o liderazgo técnico-empresarial) más que hacia la “generación de nuevo conocimiento” (o liderazgo científico-académico). En los países europeos de cabeza, con un sistema nacional de I+D+I estable y bien financiado, las nuevas políticas dirigidas a enfrentar los retos sociales y promocionar la innovación industrial suponen un refuerzo sustancial, pero en los paí- ses menos desarrollados, como el nuestro, con un entramado científico-técnico todavía inestable y escasamente dotado, pueden conducir a un mayor debilitamiento. 

 

Parafraseando al galeno dietista, los dineros que vienen de Europa deben ser “además de, no en vez de” los fondos nacionales y regionales, esenciales para mantener un sistema básico de I+D+I competitivo y duradero. No olvidemos que el liderazgo técnico-empresarial está sometido a las frecuentes oscilaciones del mercado global, en tanto el liderazgo científico-académico se sustenta en el saber acumulado de años y años... y difícilmente se alcanza el primero sin el segundo.


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