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Tiempo de respuestas

Ojalá que los aires de regeneración democrática que todos los partidos ahora reclaman se extiendan también a un escenario estable, de confianza y exigencia mutua en la relación con las universidades y centros de investigación, que permita implementar las reformas precisas y conseguir que estas instituciones alcancen todo su potencial.

  • Federico Mayor Menéndez

  • Presidente de la SEBBM

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anto la universidad como la investigación científica continúan atravesando tiempos difíciles. En el ámbito universitario, la crisis económica ha afectado a las inversiones en infraestructuras y mantenimiento, ha paralizado la necesaria renovación y promoción del profesorado y aumentado las tasas para los estudiantes de grado y posgrado, con el consiguiente riesgo para la igualdad de oportunidades. Aunque la comunidad universitaria sabe en general ser solidaria y asumir su parte de sacrificio para contribuir a la recuperación del país, en muchos casos esas medidas de las administraciones públicas no han ido acompañadas del diálogo, la flexibilidad y las acciones alternativas o compensatorias que hubieran permitido una mayor comprensión y eficacia.
 
Esta falta de sensibilidad, cercanía y reflexión compartida ha caracterizado también el apresurado Real Decreto sobre ordenación de las enseñanzas universitarias oficiales que puede afectar a la duración de los grados y másteres. Estas cuestiones precisarían un debate sosegado, abierto y constructivo, como también el planteamiento de las necesarias reformas en la gobernanza de las universidades, la deseable especialización en la oferta académica y el papel de las universidades como elementos de transformación económica y social. Como afirmaba recientemente Adela Cortina, «la Universidad no puede ser una expendeduría de títulos orquestada desde el mercado». La formación de ciudadanos responsables, y la capacidad de anticipación y de situarse en la frontera de los conocimientos emergentes forma parte de su misión.
 
Para este último objetivo es indispensable una dimensión investigadora sólida (que debería estar presente y exigirse tanto en las universidades públicas como en las privadas). Y tampoco en el ámbito de la I+D los datos mueven mucho al optimismo. Los fondos destinados a proyectos en la última convocatoria del Plan Estatal (cuya resolución definitiva acaba de producirse) no han alcanzado los niveles deseables ni se ha recuperado la normalidad perdida en los calendarios de las convocatorias. A todos nos constan en nuestro entorno ejemplos tanto de investigadores emergentes como de grupos sólidos del tejido investigador universitario y del CSIC que han visto reducir significativamente su financiación, o que la han perdido. Esta situación puede tener importantes consecuencias en la capacidad de atraer talento, en la vertebración de nuestro sistema de I+D y en la dimensión investigadora de los centros de educación superior.
 
Es tiempo de respuestas. Las recientes elecciones autonómicas darán lugar en las próximas semanas a la constitución de gobiernos regionales renovados, de los que dependen las universidades y la definición de programas regionales de I+D. Ojalá que los aires de regeneración democrática que todos los partidos ahora reclaman se extiendan también a un escenario estable, de confianza y exigencia mutua en la relación con las universidades y centros de investigación, que permita implementar las reformas precisas y conseguir que estas instituciones alcancen todo su potencial.
 
A pesar de estas dificultades e incertidumbres, aprovecho esta oportunidad para animar a todos los socios de la SEBBM a acudir a Valencia el próximo mes de septiembre, para disfrutar del excelente programa del XXXVIII Congreso que con tanto entusiasmo y dedicación ha preparado el Comité organizador.
 


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