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El Informe Petsko

Este prestigioso informe recomienda de cara al futuro que la experiencia posdoctoral se contemple como un paso más en el proceso de formación de científicos y no como la etapa por defecto que sigue al doctorado. Esta y otras medidas se acercan a la filosofía que guió a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), núcleo germinal del actual CSIC, a principios del siglo XX, una de las épocas más florecientes del intelecto español.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

E
l National Research Council (NRC) estadounidense ha presentado un informe tituladoThe Postdoctoral Experience Revisited, en el que analiza la situación de los investigadores con grado de doctor en los laboratorios americanos. El análisis viene avalado por el prestigio de la institución y, en particular, del comité que lo ha llevado a cabo. De hecho, los miembros del comité ejecutivo del NRC son elegidos por la National Academy of Sciences, la National Academy of Engineering y el Institute of Medicine. El coordinador del comité responsable del informe ha sido Gregory A. Petsko, presidente de la Unión Internacional de Bioquímica y Biología Molecular (IUBMB). Por el interés de sus conclusiones y recomendaciones, de todo punto extrapolables a nuestro país, presentamos aquí un breve resumen del estudio. El documento completo se puede encontrar en www.nap.edu.

El informe del NRC parte de la definición de investigador posdoctoral como «individuo que ha recibido el grado de doctor (o equivalente) y está ocupado, por un período de tiempo definido, en el aprendizaje avanzado y supervisado necesario para aumentar sus competencias profesionales e independencia en investigación a fin de continuar los pasos en la carrera elegida». En este sentido, destaca que la práctica habitual de contratar doctores para realizar trabajos propios del staff (personal técnico) ha creado una situación en la que el número de investigadores doctores es muy superior al número de puestos disponibles para recibir aprendizaje avanzado y especializado. Por ello, el desajuste entre las expectativas y la salida real de la experiencia posdoctoral causa frustraciones y desilusiones en un buen número de investigadores doctores, desanimando a su vez a los estudiantes de grado y doctorado de emprender la carrera científica y disminuyendo, por tanto, la cantidad de talento del que depende la aventura de la investigación científica.

Entre sus recomendaciones de cara al futuro, el comité hace hincapié en que el período posdoctoral, en conjunto, no debe superar los cinco años y la condición de «investigador posdoctoral» solo debe darse a aquellos que estén recibiendo entrenamiento avanzado. Es decir, la experiencia posdoctoral debe contemplarse como un paso más en el proceso de formación de científicos y no como la etapa por defecto que sigue al doctorado. En este sentido, hace notar que la labor de tutoría es esencial y urge a las instituciones receptoras de los investigadores postdoctorales a que animen a estos a procurarse consejos de múltiples mentores, aparte del supervisor inmediato, con objeto de completar y diversificar su capacitación profesional. Asimismo, llama la atención sobre la conveniencia de la adecuación salarial al nivel de cualificación que corresponde a trabajadores a tiempo completo con formación especializada.

En buena medida, esta fue la filosofía que guió a la Junta de Ampliación de Estudios (JAE), núcleo germinal del actual CSIC, entre los años 1909 y 1939, una de las épocas más florecientes del intelecto español. Bajo el liderazgo de Ramón y Cajal, la JAE dio un impulso decisivo al desarrollo y difusión de la ciencia y cultura españolas a través de un activo programa de intercambio de profesores y alumnos y el establecimiento de becas para estudiar en el extranjero. En su seno se formaron y trabajaron los mejores intelectuales y científicos del país, como Río Hortega, Blas Cabrera, Menéndez Pidal, Américo Castro, María de Maeztu y otros muchos. 

Nuestros doctores recién egresados deben salir y formarse en el exterior, en los mejores centros y universidades del mundo, pero asegurándoles –y asegurándonos– el retorno. En caso contrario, la ilusión inicial de los jóvenes degenera en frustración y el esfuerzo inversor de la sociedad se traduce en despilfarro.


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