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Cumplir los compromisos en I+D

Reivindicar el apoyo a la I+D no es fácil en tiempos de crisis, pero hay que esforzarse en recordar que su fomento es crítico para remontar el vuelo y para el futuro del país… No solo con protestas sino también con propuestas.

  • Federico Mayor Menéndez

  • Presidente de la SEBBM

E
n las últimas semanas ha suscitado gran preocupación y debate en los foros científicos europeos el recorte o redistribución de 2700 millones de euros del presupuesto de ciencia Horizonte 2020, incluido en la iniciativa de la European Fund for Strategic Investments (EFSI), presentada por el presidente de la Comisión Europea Jean-Claude Juncker, conocida como Plan Juncker. Este Plan pretende estimular con 21 000 millones de euros la realización de proyectos (principalmente en infraestructuras y energía, según se deduce de los presentados por los Estados miembros) para revitalizar la economía europea, con la esperanza de atraer inversión privada cifrada en 315 000 millones de euros. 

Diversas asociaciones, universidades y personalidades científicas europeas (destacando la carta de 27 premios Nobel encabezada por Paul Nurse, enviada al presidente de la Comisión Europea) han expresado su desacuerdo ante ese escenario. El Plan supondría una reducción del 3,5 % del presupuesto Horizonte 2020 durante 5 años, si bien se estima que alcanzaría el 8 % en los años 2016 y 2017. La rebaja del presupuesto del pilar de «ciencia excelente» será de 544 millones de euros, incluyendo el programa de movilidad de científicos Marie Curie o los fondos del European Research Council, que disminuyen su dotación para proyectos en 220 millones de euros. 

Con independencia del impacto concreto de estas cifras, los recortes aludidos conllevan una pérdida de confianza de la comunidad investigadora y de la ciudadanía, que ve una vez más cómo las afirmaciones retóricas de los responsables políticos de que la ciencia y la innovación deben ser la base de las economías sostenibles y del conocimiento del futuro (recuérdese la incumplida Agenda de Lisboa del año 2000) no se trasladan a las políticas reales. Es esencial que Europa consolide e impulse su competitividad en ciencia, sin dar pasos atrás, especialmente cuando otros países como China, India, Brasil o Corea están entrando cada vez más en la carrera.

No es sorpresa que Juncker y los ministros de Economía hayan sido insensibles a las consideraciones de los científicos y hayan aprobado el Plan el 17 de febrero, trasladándolo al Parlamento europeo. Sería deseable que los parlamentarios modificaran estos recortes o, al menos, garantizaran que los fondos ahora retirados se dediquen específicamente a proyectos de comprobada relación con la innovación.

Estos hechos constatan que la comunidad investigadora, aunque bien considerada por la opinión pública, no es capaz de hacer llegar su voz con suficiente fuerza y vertebración al ámbito político, tanto a escala europea como en nuestro país. En el último debate sobre el estado de la Nación fue clamorosa la casi total ausencia de menciones a la situación y al futuro de la I+D, cuando esta debería desempeñar un papel central en todas las políticas de Estado que no antepongan los intereses a corto plazo de las próximas elecciones a los de las futuras generaciones. 

No es fácil en estos momentos de crisis, con graves carencias en servicios públicos y con situaciones de emergencia social, reivindicar el apoyo a la I+D, pero hay que esforzarse en recordar que su fomento es crítico para remontar el vuelo y para el futuro del país, reforzando nuestras capacidades de generar conocimiento y de formar y atraer talento. Los investigadores y docentes deberíamos, desde las sociedades científicas, la COSCE, las universidades y organismos públicos, y también como ciudadanos, ser particularmente activos en reclamar a las formaciones políticas que concurren a las próximas citas electorales tomas de postura y compromisos claros. No solo con protestas sino también con propuestas. 


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