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Internacionalización de la universidad

Las universidades españolas deberían de realizar un análisis autocrítico para conocer sus potencialidades (áreas, profesores, grupos) y, sobre todo, necesitarían el coraje político de sus gobernantes para hacer pivotar su estrategia de internacionalización y desarrollo sobre dichas potencialidades.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

E
n buena parte apremiadas por los rankings, las universidades españolas han empezado a diseñar estrategias para escalar posiciones; y un ámbito de mejora, en el que la mayor parte de los equipos rectorales coinciden, es el contexto internacional. En efecto, la internacionalización ha pasado a constituir un objetivo básico de los planes universitarios en los próximos años. Mas la internacionalización no puede ser nunca un objetivo estratégico en sí mismo, sino la consecuencia de una política de largo alcance. Sin dejar de aplaudir la iniciativa, sirvan estas líneas como reflexiones de carácter general que puedan contribuir al desarrollo y puesta en práctica de recursos para facilitar la presencia española en el espacio de educación superior en el concierto internacional.

 

Empecemos asumiendo la clasificación general de las universidades, a escala mundial, en dos grandes grupos: las que «crean» conocimiento (en inglés, Research Universities) y las que «transmiten» conocimiento (en inglés, University Colleges). Sobre esta base, mejorar el nivel de internacionalización de las universidades españolas implica apostar decididamente por la primera opción y aceptar como punto de partida dos principios básicos, al menos, que deben regir la estrategia y el plan de acción de toda Research University: 1) la calidad de una universidad viene dada por su claustro de profesores y, muy en particular, por aquellos que generan conocimiento, es decir, por los que hacen investigación; 2) ninguna universidad puede ser excelente en todo, sino que tiene que identificar y potenciar con energía sus áreas de conocimiento y profesores/grupos competitivos a escala internacional.

 

Sobre esta base, las universidades españolas deberían de realizar un análisis autocrítico para conocer sus potencialidades (áreas, profesores, grupos) y, sobre todo, necesitarían el coraje político de sus gobernantes para hacer pivotar su estrategia de internacionalización y desarrollo sobre dichas potencialidades. La tarea, clave y urgente, sería diseñar el touch of distinction que las haga fuertes y diferentes.

 

Nuestras facultades cuentan con un excelente plantel de profesores acreditados por sus trabajos de investigación, pero suelen estar dispersos e inconexos; repartidos por campus, centros, institutos y departamentos, y en la mayoría de los casos adolecen de falta de reconocimiento y apoyo. En este sentido, una opción sería integrar los grupos más productivos en centros o institutos en red de carácter inter y multidisciplinar, agrupados por objetivos temáticos y estructurados en programas concretos de investigación, con financiación basal suficiente y mantenida, con una marcada componente de trabajo experimental de laboratorio, con un programa específico de formación a nivel de Máster y Doctorado y el inglés como lengua común. Serían centros virtuales de excelencia, con una dirección científica de prestigio, con profesores reconocidos como científicos de élite y salarios revisables, con programas de investigación prioritarios y una enseñanza especializada de vanguardia.

 

No cabe duda de que estos centros e institutos en red, cohesionados y estructurados, con una clara vocación de calidad científica y de formación especializada, actuarían como polos de atracción a nivel internacional de investigadores y estudiantes, empresas y mecenas. Afortunadamente, nuestras universidades tienen hoy capital humano e infraestructura más que suficiente. Tan solo faltaría el convencimiento y la decisión institucional para estructurarlos y potenciarlos como centros de élite.


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