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Informe de expertos

A finales de julio se hizo entrega pública en el MINECO del informe encargado a un panel internacional de expertos para que evaluara el Sistema Español de Investigación, Desarrollo e Innovación.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

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finales de julio se hizo entrega pública en el MINECO del informe encargado a un panel internacional de expertos para que evaluara el Sistema Español de Investigación, Desarrollo e Innovación. Y posteriormente, el 2 de octubre, era la secretaria de Estado de I+D+i, Carmen Vela, quien hacía la presentación del mismo en el Congreso de los Diputados.
 
Las conclusiones que se extraen del informe vienen a reflejar las deficiencias detectadas hace tiempo y, al margen de ciertas «islas de excelencia», los evaluadores no dudan en calificar como bajo el nivel medio de la investigación nacional. Modelo de gobernanza fragmentado en el ámbito regional y universitario, rigideces institucionales, ausencia de un sistema efectivo de evaluación, reducido número de empresas con capacidades de I+D e innovación se citan como vicios del sistema que lastran el desarrollo de una política científica moderna y avanzada. Vicios que asimismo impiden la implementación, incluso en sus aspectos más positivos, de la Ley de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación de 2011 y la Estrategia Española de Ciencia y Tecnología y de Innovación 2013-2020.
 
Ante este panorama, las recomendaciones del panel de expertos van claramente dirigidas a atacar de raíz las deficiencias observadas: reformas estructurales a escala institucional, con mayor autonomía y rendición de cuentas, tanto en los OPI como en las universidades; financiación de los centros públicos vinculada a los resultados de evaluaciones periódicas por expertos reconocidos; promoción de la colaboración público-privada e integración de un elevado número de empresas en el denominado ecosistema de innovación nacional; incentivar sinergias regionales; etcétera. Entre todas estas medidas, hay dos que merece la pena destacar, por su importancia y por haber sido repetidas veces reclamadas desde diferentes instancias, entre ellas la propia SEBBM.
 
Una primera hace referencia a la necesidad urgente de creación de la Agencia de Investigación, agencia independiente –por cierto, ya prevista en la antes citada Ley de la Ciencia– para la gestión de la financiación pública y la implementación de, al menos, parte de las reformas propuestas. Además del fomento de la excelencia y la promoción del intercambio de conocimiento, los dos retos clave de la agencia serían «lograr el compromiso de todo el Gobierno para que la investigación y la innovación se consideren parte de la agenda económica y liderar las reformas propuestas facilitando el desarrollo legislativo necesario»… es decir, el tan deseado y esperado Pacto de Estado por la Ciencia.
 
La otra medida del informe se refiere al incremento de los recursos disponibles, tanto financieros como humanos, sobre la base de una planificación estratégica estable y duradera. Especial hincapié se hace en que los recursos adicionales deben de ser utilizados exclusivamente para incentivar las reformas. En este contexto, el problema más acuciante es el de los recursos humanos, derivado del envejecimiento de las plantillas y de la ausencia de una carrera investigadora alternativa al estándar vigente y ligado al modelo funcionarial, por lo que se considera necesario introducir un cambio radical en la gestión de la carrera de nuestros jóvenes investigadores. La movilidad de los científicos, tanto entre instituciones públicas como entre estas y el sector privado, se destaca como factor clave para dinamizar el sistema y permitir la promoción de aquellos con mayor talento y méritos… es decir, la tan deseada y esperada carrera científica.
 
En resumen, el problema está más que detectado y las soluciones, más que apropiadas. Algunas ya se han empezado a considerar desde la Secretaría de Estado, lo que reconocemos agradecidos… pero aún se echa en falta que el Gobierno refleje en sus presupuestos que la ciencia es una prioridad de su estrategia política y, por ende, pieza clave de un nuevo modelo económico basado en el conocimiento.


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