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Revista: El Sistema de Ciencia y Tecnología


¿Qué podemos aprender del European Research Council (ERC)?

En la nueva Agencia estatal de investigación (AEI) nada impide que el patronato encargue a los miembros del comité científico y técnico, con funciones asesoras según la norma, que asuman tareas de selección y designación de las comisiones de evaluación de la propia agencia.

  • Andreu Mas Colell

  • UPF y Barcelona GSE Presidente del Patronato del Barcelona Institute of Science and Technology (BIST) Exsecretario General del ERC (2010)

Iniciada la singladura de la tan esperada nueva Agencia Estatal de Investigación (AEI) puede ser útil repasar algunos de los trazos distintivos del European Research Council (ERC), la agencia de la Unión Europea encuadrada en el programa Horizonte 2020 que este año celebra su décimo aniversario. El ERC ha constituido un éxito extraordinario y, por lo tanto, vale la pena examinar si sus características pueden proporcionar ejemplos y referentes de interés para la agencia española. Conviene advertir, sin embargo, que todas las agencias, incluidas la española y el ERC, son hijas de su historia. Las experiencias no son transferibles mecánicamente. Las tabulas rasas raramente existen. Aún así las experiencias pueden ser ilustrativas y fuente de inspiración.

 

Diría que el éxito del ERC, nacido en el contexto de la Comisión Europea, se basa en tres innovaciones conceptuales y en una consecuencia intencionada. Las innovaciones fueron:

  • El procedimiento de nombramiento de los miembros de las comisiones evaluadoras.
  • Las ayudas (grants) son individuales.
  • El principio de Excellence only (únicamente la excelencia). 

Y la consecuencia:

  • Refuerzo institucional. 

 

1. NOMBRAMIENTO DE MIEMBROS DE COMISIONES EVALUADORAS

El órgano clave del ERC es su consejo científico, nombrado por la Comisión Europea a partir de las recomendaciones de un comité de identificación, formado también por científicos. El consejo científico determina la estrategia del ERC, así como sus programas específicos. Su presidente es a su vez el presidente del ERC. Es un hecho notable, y muy singular, que el consejo científico del ERC tiene la responsabilidad del nombramiento de todos y cada uno de los miembros de las comisiones evaluadoras. De estas hay casi doscientas (correspondientes a 25 categorías de paneles). El nombramiento de los evaluadores queda pues fuera de las manos de los Scientific officers; es decir, de los servidores públicos del ERC. Por supuesto, estos son indispensables para el buen funcionamiento de la institución y, siendo altamente competentes, constituyen una ayuda inestimable para el comité científico. Pero en contraste con la situación habitual en la mayoría de agencias del mundo, empezando por la NSF, carecen de la potestad de seleccionar evaluadores. Es una característica que es consecuencia de las peculiaridades del proceso de formación del ERC. Podríamos considerar que el ERC nace como resultado de un pacto entre la comunidad científica más puntera, tradicionalmente muy crítica de la Comisión, con poca confianza en la misma y muy reivindicativa de una agencia auténticamente de excelencia, y la comisión misma, deseosa (el comisario Phillipe Bousquin fue ahí crucial) de ganarse a la comunidad científica (¿quizás como contrapeso a las empresas?). Dejar la evaluación completamente en manos de la comunidad científica fue una forma brillante de ganar credibilidad y, en verdad, funcionó espléndidamente bien. 

 

¿Qué lecciones podemos aprender de esta experiencia?. Ninguna muy drástica. Nuestra agencia, y ello es lógico, es más del tipo americano o alemán y, afortunadamente, no ha habido, como hubo en el caso europeo, una trayectoria de desconfianza entre los funcionarios a cargo y la comunidad científica. En el caso de la agencia española la regulación hace que el presidente/a de la agencia sea el secretario/a de Estado de I+D+i, pero nada impide que el patronato encargue a los miembros del comité científico y técnico, con funciones asesoras según la norma, que asuman tareas de selección y designación de las comisiones de evaluación de la agencia. La experiencia del ERC abona la importancia y la bondad de implicar en la evaluación a la comunidad científica al más alto nivel. En esto es mejor ir a más antes que a menos. 

 

 

2. AYUDAS INDIVIDUALES

Todos los grants del ERC son individuales. Con matices: puede haber dos IP si el tema, por su interdisciplinariedad, lo demanda, y una categoría especial de ayudas, los Synergy Grants, se dirigen a grupos de investigación. Pero no se financian proyectos de colaboración con múltiples equipos (redes). Ello ha simplificado enormemente la gestión y la evaluación. Esta, por ejemplo, puede incorporar entrevistas con el IP. Naturalmente con ayudas individuales hay una clara asociación entre el investigador y la propuesta que se evalúa. No fue cosa fácil que la Comisión Europea aceptara los grants individuales. Debía superarse el escollo de encontrar un valor añadido europeo en estas ayudas, única justificación posible para el gasto de la Unión Europea. Los proyectos colaborativos multinacionales (las redes) se consolidaron, precisamente, para asegurar que el gasto afectase a más de un país y, por lo tanto, que el valor añadido europeo estuviese garantizado automáticamente. Me apresuro a añadir que ese valor añadido en las redes multinacionales no solo existe sino que también ha sido históricamente muy útil e importante en países, como España, de desarrollo científico medio. En cualquier caso, se llegó a comprender que las ayudas individuales tenían valor añadido europeo de una forma más indirecta, porque fomentaban la existencia de un espacio europeo de investigación muy transparente, dotado de criterios de comparabilidad y, por lo tanto, de estímulos positivos a la mejora. Lo veremos en las próximas dos secciones.

 

¿Alguna lección para la nueva agencia española? Al menos una: conviene resistir la tentación, cómoda, de impulsar de forma prioritaria redes o proyectos colaborativos. Sin negar que las redes puedan ser parte del acerbo de instrumentos de una agencia, quiero destacar que la justificación europea para las mismas no es ahora relevante (las redes serían ahora internas a un Estado) y que su motivación, inconfesada, es con frecuencia la de repartir y contentar a cuantos más mejor. En lo que concierne a las ayudas que no son a redes, el consejo es que sean individuales; es decir, que tengan un responsable a quien se le pueda pedir cuentas. 

 

3. ÚNICAMENTE LA EXCELENCIA

La tercera, o quizás primera, característica del ERC es el principio de Excellence only. Es un principio que ha sido mantenido con radicalidad y con todas sus consecuencias. En sí mismo parece poco discutible y hoy estoy convencido de que no hay ninguna agencia o programa de investigación, los del ERC incluidos, que no se reclame del mismo. Ahora bien, la potencia del principio depende en gran medida de la estructura y del contenido de una convocatoria. Si, por ejemplo, la valoración es entre dos redes, entonces el principio establece que debe ganar la científicamente más valiosa. Pero el valor de una red es una compleja media de sus componentes y su formación puede estar, para todos los candidatos, muy condicionada por los requisitos de la convocatoria sobre la composición de la red. En cambio si, como en las convocatorias del ERC, las propuestas son individuales, entonces la potencia del principio es enorme porque a priori no hay ningún otro condicionante. Nada diluye la calidad máxima alcanzable por la propuesta. Uno puede preguntarse, y confieso que al principio de mi propia implicación con el ERC (el año 2010) me lo pregunté, si las restricciones no vendrían a posteriori; es decir, si los resultados de la aplicación del principio del Excellence only fuesen muy desequilibra dos en alguna dimensión ¿no se generaría una dinámica correctora vía alguna interferencia con el mismo? Es una inquietud legítima, y lo sigue siendo porque, por ejemplo, la distribución geográfica de los resultados ha sido mucho más favorable a algunos países que a otros. El mayor ganador ha sido el Reino Unido, seguido de Alemania y Francia, aunque en relación al tamaño del país lo han sido los Países Bajos y, como miembros asociados, Israel y Suiza. En el caso español el resultado, dado nuestros parámetros básicos de financiación de la investigación, ha sido aceptable, aunque debería mejorar. Dicho esto, estoy ahora sin embargo persuadido que el principio es sólido. Evidentemente, volviendo a la distribución geográfica, ha habido presiones y protestas de los países con peores resultados pero los grandes Estados han sabido contextualizar adecuadamente el tema. El programa ERC no es, evidentemente, el único programa europeo con implicaciones distributivas. Hay muchos otros, y más importantes, como los fondos agrícolas y los fondos estructurales, y en estos los países ganadores en la carrera del ERC son los perdedores. En otras palabras: los países centrales de la Unión Europea son contribuyentes netos a la misma. Si el ERC les favorece, ello no es más que un detalle en un panorama global en que, en su conjunto, son los financiadores de la Unión.

 

¿Lecciones para la agencia española?: adhiérase sin re servas al principio de “únicamente la excelencia”. Por las mismas razones que lo hacen recomendable en Europa, y por otra adicional. Si, de iure o de facto, se pretende (la tentación existirá) que los resultados de las convocatorias estén “equilibrados”, la calidad del conjunto del sistema sufrirá. Pero además, y esa es la consideración adicional no presente en el caso europeo, sufrirá nuestra competitividad científica internacional. La posibilidad de atraer fondos europeos, o de otro tipo, ha sido clave en la capacidad de resistir los estragos de la crisis. Lo continuará siendo. Es esencial que nuestro sistema sea como un cuchillo bien afilado. Y lo que afila es la exigencia interior. Si internamente somos condescendientes con la medianía externamente nuestro cuchillo no cortará. 

 

 

4. REFUERZO INSTITUCIONAL

La consecuencia de todo lo anterior es el refuerzo de las instituciones europeas de investigación, especialmente de las más competitivas. Los grants del ERC son, como se ha indicado, individuales, y aunque en sus inicios se consideró que un criterio a valorar era la adecuación del entorno investigador en que se proponía realizar la investigación, esto muy pronto fue dejado de lado porque, claramente, constituiría una discriminación ex ante a favor de los centros más fuertes y con mayor reputación. O sea que, en primera aproximación, las ayudas están orientadas a reforzar carreras individuales y el impacto individual. Pero algunas de sus características tuvieron desde el principio un efecto muy importante sobre las instituciones, aunque más indirecto. Así: 

 

  • Las ayudas son muy generosas. Puesto que de forma natural las mejores instituciones disponen de los investigadores más fuertes, el resultado es una distribución de recursos que favorece, y por lo tanto refuerza, a los mejores centros.
  • Las ayudas son móviles, sin cortapisa alguna, con el investigador. Si este considera que puede desarrollar mejor su investigación en una institución diferente que la inicial, puede trasladar sus fondos (muy considerables) a una institución que le dé mejor servicio. Otra vez las instituciones más fuertes estarán en mejor posición de atraerlos. 
  • El ERC no ha tratado de disimular o esconder este efecto. Desde el principio ha exhibido el “medallero” de las distintas instituciones europeas de investigación, estimulando así el interés y la competencia de estas por atraer, y retener, talento. Y para el refuerzo institucional no hay mejor fórmula que la de acumular talento. Existía en el ERC una consciencia clara de que su labor estaba teniendo, y era deseable que lo tuviera, este efecto. 

 

¿Lecciones para España?: la política de refuerzo institucional es crucial. Para la fortaleza global importa todo el sistema, pero no se llegará muy lejos sin instituciones tractoras. En España esto se ha entendido bien con los programas Severo Ochoa y María de Maeztu, que, sin duda, deberían convertirse en programas centrales de la nueva agencia. Añado que con los programas referidos hemos estado por delante del ERC que no se ha atrevido a dar el paso de articular programas de ayudas a instituciones. Sí se dio, con mucho éxito, en algunos países, como Alemania (la Excellence initiative). En descargo del ERC diría que los efectos descritos anteriormente han tenido, como hemos explicado, un impacto indirecto muy poderoso. Una dificultad para la confección de un programa de ayudas a instituciones es que en este caso el principio de excellence only probablemente no hubiera podido mantenerse a nivel europeo. En contraste con las posibilidades de los programas interiores de un Estado, el programa europeo debería haber dado necesariamente consideración al entorno y situación económica del estado miembro donde residiera la institución considerada. En estas condiciones mejor actuar por la vía indirecta.

 

PARA LEER MÁS

Mas Colell A (2015). La Agencia Estatal de Investigación. Una evaluación de urgencia. Ahora Semanal, 14, 18-25 diciembre 2015. https:// www.ahorasemanal.es/agencia-estatal-de-investigacion:-una-evaluacion-de-urgencia. 

 

Cruz Castro L, Benítez Amado A & Sanz Menéndez L (2016). “The proof of the pudding. University responses to the European Research Council”. Research Evaluation, 25 (4): 358-370. https://rev.oxfordjournals.org/content/25/4/358.full

 

Duarte CM (2012). “La excelencia científica en tiempos de crisis”. El Huffington Post, 24 septiembre de 2012. http://www.huffingtonpost. es/carlos-m-duarte/la-excelencia-cientifica-_b_1889379.html.

 

Puigdomenech P (2016). “Un programa para el nuevo Gobierno”. El Periódico, 26 de noviembre de 2016, http://www.elperiodico.com/ es/noticias/opinion/programa-para-nuevo-gobierno-puigdomenech-5652666. 

 

Sanz Menéndez L (2015). La Agencia Estatal de Investigación: ¿Son galgos o podencos? El País, 14 diciembre de 2015. http://elpais.com/elpais/2015/12/12/ciencia/1449940435_374484.   


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