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La mujer sin rostro de los laboratorios

Alemania vive desde 1993 bajo la sombra de uno de los casos más intrigantes de su historia, el fantasma de Heilbronn: una serie de crímenes por todo el país relacionados con el rastro de ADN de una misteriosa mujer.

  • Itziar Alkorta

 

En abril de 2007, en la ciudad de Heilbronn, en BadenWurtemberg, una policía murió de un disparo a bocajarro. Solo se encontraron restos de ADN que resultaba familiar en la historia criminal de Alemania: se trataba, una vez más, de un acto de la hasta entonces apodada “mujer sin rostro”.

 

En mayo de 1993, una mujer murió estrangulada en la ciudad de Idar­-Oberstein por un misterioso asesino que no dejó huellas ni evidencia alguna. Ocho años después, en Friburgo se dio un nuevo caso de asesinato por estrangulación. De nuevo, la única pista fue un rastro de ADN. Un ADN idéntico al del suceso de 1993. A partir de este caso, una larga lista de delitos se fue sucediendo no solo Alemania, sino también en Austria y Francia. El mismo ADN pudo encontrarse en numerosos atracos y asaltos. 

 

Innumerables horas de trabajo y millones de euros invertidos. Todo en vano. ¿Se trata de un genio del crimen? Tras 16 años de investigación e innumerables especulaciones, la policía ha empezado a considerar que la solución para el inquietante enigma sean los bastoncillos usados para tomar muestras en las escenas de los crímenes. Esta conclusión algo decepcionante en el caso de la “mujer sin rostro”podría ser, simplemente, una trabajadora de la fá­ brica de bastoncillos que, seguramente por descuido, olvidó ponerse guantes al tocar los productos.

 

¿Cuántas veces sufrimos fallos en nuestros experimentos que no sabemos explicar y que terminan obsesionándonos sin encontrar respuesta lógica? Nos hacen perder horas de trabajo, euros de material y reactivos... y el fantasma no termina de desaparecer. El desconocimiento técnico de los productos y materiales que utilizamos puede ser una de las causas principales de esta situación. Y es aquí donde la información de primera mano por parte de nuestras empresas proveedoras es de gran ayuda.

 

El pasado 24 de enero la compañía Eppendorf ofreció un taller-seminario de consumibles y lixiviados en el Instituto Biofisika, que es un centro mixto entre el CSIC y la Universidad del País Vasco. 

 

Este tipo de iniciativas son de gran valor para los grupos de investigación porque permiten conocer detalles de los productos que consumimos que nos ayudan en el día a día. El taller se dirigió a un grupo reducido de personas que tuvieron la oportunidad de aprender de primera mano metodologías de trabajo seguras. Durante el taller, los participantes aprendieron que no solo es importante la elección del consumible adecuado, según las especificaciones requeridas por el experimento, sino tener en cuenta también el proceso de producción y el control de calidad que sigue el fabricante. 

 

Existen ya numerosas publicaciones donde se demuestra la influencia que un consumible puede tener en los resultados de los experimentos. Uno de los puntos más importantes a tener en cuenta es la presencia de lixiviados que pueden acabar en la muestra y por tanto afectar a los resultados. Estas sustancias pueden acabar lixiviándose del plástico como consecuencia de pasos normalmente realizados en el laboratorio como la congelación, el calentamiento o la agitación. Hay numerosos ejemplos donde se demuestra la influencia de los temidos lixiviados, por ejemplo cuando se incuban tubos a 95º C durante un tiempo, muchos de ellos muestran absorbancia a 260 nm, dando lugar a falsos positivos de ADN. 

 

En Eppendorf saben que en entornos en continuo cambio, como la ciencia, el entrenamiento es una de las claves del éxito a largo plazo. Por ello ofrecen un catálogo completo de formación online y presencial, prácticos y teóricos, orientado a satisfacer las necesidades que plantean las nuevas tecnologías o a mejorar procesos existentes. 


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