A+ A-


El investigador: ese es el enemigo

Los investigadores españoles estábamos acostumbrados a ser transparentes para los gobiernos de cualquier signo o sesgo ideológico: incluso si miraban en nuestra dirección, no nos veían. 

  • Félix M. Goñi

  • Presidente SEBBM

Los investigadores españoles estábamos acostumbrados a ser transparentes para los gobiernos de cualquier signo o sesgo ideológico: incluso si miraban en nuestra dirección, no nos veían. Por otra parte, los políticos experimentados sabían que, en el caso improbable de que decidieran contentarnos, lo conseguirían con muy poco dinero. Así ha sido, por lo menos, en los buenos tiempos. Pero, miren ustedes por dónde, ahora la situación ha cambiado y los investigadores nos hemos hecho perfectamente visibles para nuestra querida administración, que nos ha colocado en el centro de la diana de sus desamores. Ya no se trata de que los fondos se reduzcan hasta estrangular el sistema, de que se cierren laboratorios de calidad, de que los jóvenes colegas se rindan o se marchen (de embajadores). Todo eso no es más que una ligera intensificación de la política científica tradicional; o sea, la transparencia de los investigadores. No nos alarma en demasía.

 

Pero lo que ahora ocurre es nuevo. Por fin los científicos somos objeto de la atención, atención minuciosa, diría yo, del gobierno español. Ahora nos hemos convertido en sospechosos y por lo tanto debemos estar en todo momento, como en la memorable película de Jiri Menzel, Rigurosamente vigilados. Mis lectores saben a lo que me refiero. Cuando deciden aprovechar un congreso para visitar a un colega, en una población próxima, pagando de su propio bolsillo la noche extra de hotel y no les autorizan a comprar pasajes que no se correspondan exactamente con las fechas del congreso, es porque el gobierno, que sabido es que no pasa una en materia de malversación, vigila la pureza de nuestras intenciones: ¡todo el mundo sabe que los congresos no son sino turismo encubierto! 

 

Y ¿qué me dicen del procedimiento repulsivo, diseñado para conseguir la práctica indefensión del ciudadano investigador, por el cual una solicitud de subsidio se rechaza porque no está escrita con un tipo de letra determinado? Seguramente yo soy un mal pensado, y lo único que quiere el gobierno es que no malgastemos papel escribiendo hojas y hojas, y que salvemos árboles. El hecho de que ahora el trámite sea electrónico no invalida lo anterior. ¡Hay que ahorrar electrones, caramba!

 

Tampoco tiene desperdicio el intento, frustrado por las fuerzas del mal, de cambiar las condiciones de los contratos de investigadores jóvenes… ¡con efectos retroactivos! Hay mucho vicio en esta juventud, y mucha molicie, y mano dura es lo que se necesita.

 

Pero la que es para mí la joya de la corona de la actual política científica es la táctica de arrebañar en proyectos, hace años concluidos, para sonsacar algunas pesetillas de facturas que el torvo investigador había ya pagado a proveedores desaprensivos, en un nuevo y flagrante aspecto de la malversación de fondos que es característica inseparable de la actividad científica en España. Dicen incluso que hay empresas externas dedicadas a la búsqueda y captura del euro perdido, buen provecho les haga. Permitan que les mencione un caso personal, solo porque tengo la documentación a mano y sin ninguna, desgraciadamente, pretensión de que mi caso sea excepcional. Tengo ante mí un documento de 14 páginas, con firmas y sellos oficiales, incluido el número de expediente de la Intervención Delegada del Ministerio de Economía y Competitividad. El objeto de este expediente es reclamarme el pago de 17,06 € (14,96 € por defectos de justificación más 2,10 € de intereses de demora) correspondientes a un proyecto MICINN de la convocatoria 2012. Los datos se comentan por sí mismos. Si no es malversación de fondos emplear docenas de horas de funcionarios para reclamar quince euros, que venga Dios y lo vea. Pero bien empleadas están si, al menos en parte, conseguimos domeñar al investigador. 


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: