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REGINA REVILLA. Presidenta de ASEBIO

«La ciencia y la tecnología deben ser una prioridad para cualquier Gobierno»

ASEBIO, la organización de empresas e instituciones biotecnológicas de España, es una realidad consolidada. No porque lo asegure su actual presidenta, Regina Revilla, sino porque lo dicen los números: 281 entidades asociadas que dan voz a un sector que, en su conjunto, alcanzó un volumen de negocio superior a los 80 000 millones de euros, según datos recogidos por el INE. Ello no quita que siga siendo un sector «emergente» con las precariedades propias de toda área de negocio joven, pero con «grandes expectativas de crecimiento» en los sistemas de ciencia y tecnología avanzados. Una razón de peso, reflexiona Revilla, para que se preste un apoyo sostenido al sector.

  • Xavier Pujol Gebellí

¿Cómo andamos de salud?
ASEBIO acaba de cumplir 15 años, estamos todavía empezando. En buena parte, la biotecnología sigue siendo en España un sector emergente pero, como ocurre en todo el mundo, muy competitivo e innovador. La mayoría de nuestras empresas dedican más del 60% de su presupuesto a la investigación, sobre todo de frontera, con lo que implica de riesgo pero también de oportunidad de negocio de calidad.

 

Una relativa buena salud, por tanto. ¿A pesar de la crisis?
Por sus características de riesgo y un marco regulatorio insuficientemente desarrollado, el sector ha sufrido muchísimo la crisis. Pero los números son reveladores: en 2008 la bioeconomía no alcanzaba el 3 % del PIB español, mientras que el peso de la facturación de las empresas con actividad en biotecnología en 2012, según consta en el Instituto Nacional de Estadística (INE) fue del 7,8 %. El crecimiento ha sido espectacular pese a la crisis.
 
¿Cómo definiría al sector en España?
Emergente, en crecimiento, con grandes fortalezas en los territorios de la innovación y la creatividad, pero con una necesidad evidente de mejorar en su capacidad de organización, de gestión y de financiación para dar con garantías el salto al mercado.
 
«Apostar por las empresas de base tecnológica basadas en el conocimiento es una oportunidad.»
Con las cifras que ha dado uno diría que ese salto ya se está dando.
Hay ejemplos maravillosos de empresas que nacieron siendo una pequeña compañía biotecnológica y que han alcanzado posiciones más que relevantes en la escena internacional. Son los casos de Horizon Genomics, Grífols o tantas otras que nos marcan el camino a seguir. Sin embargo, hay muchas más que necesitan un apoyo sostenido, y no solo desde el punto de vista financiero.
 
¿Qué significa un «apoyo sostenido»?
ASEBIO viene a ser el reflejo del sector. Como organización cubrimos todo el espectro, desde el ámbito de la salud al agroalimentario pasando por la bioeconomía, con todas las exigencias de mercado y regulatorias que implica. Por otro lado, entre nuestros asociados se cuentan centros básicos de investigación, universidades, hospitales, parques científicos y tecnológicos, empresas de base tecnológica, spin off… Hay empresas de gran tamaño pero en su mayoría son pymes. ASEBIO, como el sector, es muy transversal. Lo que nos une es la tecnología, no el producto final o su destinatario. Hay múltiples necesidades que necesitan ser cubiertas para que el sector crezca y se consolide con garantías.
 
Disculpe, no me ha respondido. ¿De qué necesidades estamos hablando?
El manejo del llamado big data es crítico para el sector. En muchos proyectos representa la principal fuente de conocimiento. Está pasando ya en investigación clínica y es uno de los puntos centrales de la medicina personalizada, un área más que prometedora en biotecnología. Baste como ejemplo recordar que cuando eclosionó el proyecto Genoma Humano, España no pudo participar activamente al carecer de las estructuras necesarias, como un centro de regulación genómica o de tratamiento de datos. Simplemente, no teníamos la capacidad tecnológica necesaria. No podemos permitirnos semejantes lujos.
 
Hablamos, pues, de capacitación tecnológica.
Es esencial. La creación de los centros de excelencia, además de necesarios para dar el salto de calidad, ha sido uno de los motores del desarrollo científico y tecnológico español. En parte gracias a ello, por ejemplo, España ha pasado a ser una potencia más que notable a escala mundial en investigación oncológica, tanto en ciencia básica como en investigación clínica.

El valor creciente de la bioeconomía

 

S

i algo distingue la biotecnología es su enorme transversalidad. No engloba a un único mercado ni mucho menos un único tipo de empresas o instituciones o sector. Aunque el área económica más visible sigue siendo el de empresas vinculadas a los ámbitos de la salud y la farmacia, cada vez ganan mayor pujanza sectores tan estratégicos como el agroalimentario, el de la cosmética y sobre todo el de la bioeconomía, donde se están sumando grandes compañías energéticas.

Fotos: Marc Llibre Roig

Para todos ellos, ASEBIO interviene no solo en buscar fórmulas para mejorar los aspectos financieros, sino también en los regulatorios, en los que se ha conseguido ser parte intersada a escala europea con su participación en la preparación de la regulación de terapias avanzadas, la nueva regulación de ensayos clínicos, la revisión normativa de organismos modificados genéticamente o la transposición de la directiva para permitir la prescripción por marca para determinados productos farmacológicos.

Pero es con respecto a la bioeconomía en su conjunto donde se están generando mayores expectativas, tanto por su enorme potencial de negocio como de creación de puestos de trabajo, buena parte de ellos de calidad. 

La Unión Europea ya la ha declarado una de sus grandes apuestas de futuro y motivos no le faltan. Solo en España, donde el sector está creciendo con fuerza, es posible encontrar compañías biotecnológicas que investigan en nuevos productos de alto valor añadido. Por ejemplo, enzimas, plásticos biodegradables, biomateriales, productos para detergentes o biodiesel, entre otros muchos.

En Puertollano, en una labor conjunta con la comunidad de Castilla-La Mancha y el Ministerio de Economía, se han conseguido 20 millones de euros de fondos tecnológicos europeos para la construcción de una biorrefinería. La entrada en escena de empresas del calibre de Abengoa, Repsol o Cepsa, además de otras biotec, está permitiendo acelerar un crecimiento para el que se reclama mayor inversión y apoyo económico.

 
En esa misma línea, un informe reciente sitúa a facultades o departamentos universitarios en el top 50…
El talento existe, siempre lo hemos tenido en ciencias de la vida. No es casualidad que seamos el décimo país en productividad científica. En un momento dado, España era un simple aspirante a país capaz de dar al mundo una ciencia relevante. Hemos superado ese punto crítico. Ahora nos falta dar el salto en transferencia de tecnología, que el conocimiento se transforme verdaderamente en producto y mercado.
 
«El talento existe, siempre lo hemos tenido en ciencias de la vida. No es casualidad que seamos el décimo país en productividad científica.»
Capacitación y talento. ¿Qué más?
La mayor parte de empresas de base tecnológica, como otras muchas, suelen empezar con poca gente, con una visión científica importante; nacen de universidades, centros de investigación, hospitales, de instituciones públicas, en definitiva. Necesitan un entorno y un apoyo sostenido hasta que puedan consolidarse y crecer. No tomar las decisiones políticas y de mercado adecuadas puede provocar que se pierdan oportunidades.
 
¿Como cuáles?
Nuestro planteamiento como ASEBIO es apoyar aquellas empresas que ya tienen producto, que han realizado fuertes inversiones y que en estos momentos están en situación de riesgo. Es una acción que estamos impulsando con la Secretaria de Estado y el Ministerio de Hacienda. El objetivo es evaluar de forma rigurosa aquellas empresas con potencial real de prosperar y ayudarlas a ello.
 
¿Con qué medidas concretas?
Esta crisis tan larga ha tenido un impacto muy duro en todo lo que tiene que ver con I+D, los datos así lo prueban. Ha forzado también una criba importante entre las empresas. Solo aquellas que contaban con un proyecto sólido han logrado sobrevivir, aunque no todas. Para las que lo han logrado, si su producto es interesante, hay mercado potencial y se precisa una prueba de concepto, por ejemplo, hay que facilitar la financiación.
 
¿Existe el instrumento?
Desde el Instituto de Salud Carlos III se está impulsando una fundación para financiar pymes en sus necesidades de desarrollo de prueba de concepto. Otro punto crítico es el adelanto de los créditos fiscales a las empresas innovadoras que todavía no han conseguido dar el paso al mercado. Es una demanda de años del sector que por fin hemos conseguido resolver.
 
«Desde ASEBIO hemos impulsado el proyecto SUMA para el desarrollo de biomarcadores en el área de oncología y hematología. También es una forma de ayudar al sector en competitividad internacional.»

En la adquisición de obra pública también se apuntan problemas pendientes. ¿Es eso correcto?
Es una cuestión importantísima, sobre todo la compra pública de tecnología innovadora. En el sector biotecnológico, y particularmente en salud, el hecho de no aplicar la compra pública lastra el correcto desarrollo de las empresas. Desde ASEBIO hemos impulsado el proyecto SUMA para el desarrollo de biomarcadores en el área de oncología y hematología. Tras una encuesta a los 100 hospitales más importantes del país y un matching con nuestras empresas asociadas, se ha convocado un primer concurso de obra pública en Galicia. Ahora estamos intentando elevarlo a otras comunidades autónomas y al Ministerio de Sanidad, junto con otras tecnologías. Es una forma de ayudar al desarrollo del sector y a su competitividad internacional. Y lo mismo estamos haciendo en compra sostenible.
 
¿En qué consiste?
En la compra pública, por Ley, no cuenta solo el precio, sino otros condicionantes como la responsabilidad social corporativa o la protección del medio ambiente. En la compra pública centralizada hospitalaria no se aplican estos criterios, lo cual no deja de ser un factor discriminatorio que debe ser resuelto para no perjudicar a las empresas propias.
 

«Echamos en falta una apuesta decidida»

 

A

demás de su actual posición en ASEBIO y en la industria privada, ha desarrollado una intensa labor en distintos puestos de la Administración General del Estado. ¿Qué visión le aporta su dilatada experiencia?

No se pueden generalizar las políticas, por supuesto, pero sí puede pedirse que haya una política general, independientemente de quién esté gobernando, en la que la ciencia, la tecnología y la innovación fueran una prioridad.

Eso significa que, a su juicio, el sistema de I+D+i no es prioritario. ¿Lo achacaría a una falta de visión o voluntad política?

Creo que es así, lamentablemente. Ninguno de los partidos políticos, en sus programas, dedica a la ciencia y al conjunto del sistema un lugar preeminente.

Y así nos va.

Claro. En esta crisis tan dura que estamos pasando hay países que no han recortado sus recursos dedicados a investigación; algunos incluso los han aumentado.

¿Con qué resultados?

Saltan a la vista. Los países tecnológicamente más avanzados son los que mejor han resistido la crisis. Son también los países que generan más empleo, de mayor calidad y con un valor añadido mayor. El retorno económico de la inversión en ciencia y tecnología es extraordinariamente elevado.

Pues no todo el mundo parece opinar lo mismo.

Solo hay que ver las propuestas de los distintos partidos políticos para darnos cuenta. Sinceramente, se echa en falta una apuesta decidida.

¿A qué atribuiría esa alarmante falta de interés?

Todos somos en parte responsables. Los políticos por no tomar las decisiones adecuadas y los técnicos por no hacer llegar los mensajes y necesidades a aquellos que tienen la capacidad de decidir.

En tiempos de crisis es difícil defender esa posición.

Más allá de la crisis, el momento político y las personas desempeñan un papel determinante. Cuando se promulgó la primera Ley de la Ciencia, quien asumió el peso y luego la desarrolló estaba formado sobre todo por científicos, un grupo de personas conocedora de la situación, comprometida con ella y ya muy acostumbrados a competir por su formación.

¿Ahora no es así?

Solo digo que cuando tienes a gente que conoce el problema a resolver y lo pelea, todo es más fácil que si no se forma parte de ese mundo. Solo así puede verse que apostar por las empresas de base tecnológica basadas en el conocimiento es una oportunidad.

Sabiendo que es así, ¿por qué tanta resistencia?

Es difícil contestar, estamos así desde los tiempos de Unamuno. Es un problema que se arrastra desde antiguo. Hace mucho tiempo… y quizá no hemos sabido convencer a la clase política de la importancia que tienen la investigación y la tecnología para el desarrollo económico de un país.

 
 


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