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SALVADOR MONCADA. Director del Instituto de Investigación en Cáncer de la Universidad de Manchester

«Siempre es un buen momento para empezar»

No hay quien lo jubile. Después de más de 40 años en el laboratorio, Salvador Moncada (Tegucigalpa, Honduras) no ceja en su empeño por adquirir nuevo y relevante conocimiento científico. Tras circular con éxito por el sistema cardiovascular, lo que le ha convertido en referente mundial obligado, de un tiempo para esta parte es una nueva línea de investigación en cáncer lo que más le ocupa. Su opinión biomédica y en política científica, aunque puede causar cierto escozor, sigue siendo de las más respetadas.

  • Xavier Pujol Gebellí

H

oy.. ¿todavía se sorprende cuando le recuerdan que es uno de los científicos más citados del mundo en biomedicina?
Por supuesto. Especialmente cuando uno ha estado dedicado todo el tiempo a hacer su trabajo y le pone poca atención a ese aspecto específico. Nunca he estado interesado en índices de impacto, más bien me interesa que mi trabajo sea útil. La comunidad científica lo considera importante y útil. Eso es muy alentador y satisfactorio.

Empecemos por el principio. ¿Con qué hito se queda de sus comienzos?
A mediados de los años setenta, estando ya en los Wellcome Research Laboratories británicos descubrí la prostaciclina, uno de los antiagregantes plaquetarios más significativos. Fue el inicio de todo el trabajo que hicimos en el área cardiovascular.

¿Marcó ese descubrimiento su eclosión como científico?
Fue un descubrimiento importante, cierto, como lo demuestra que todavía está en uso clínico. Pero no creo que realmente fuera eso.

«Sin la participación de
la industria farmacéutica, probablemente, estos trabajos habrían tardado mucho más en hacerse.»

¿A qué lo atribuye, pues?
Al llegar a Inglaterra para mi Doctorado en Farmacología procedente de Centroamérica, tuve la suerte de incorporarme a un grupo que estaba investigando cuál podría ser el mecanismo de acción de la aspirina y drogas similares. Fue en el Royal College of Surgeons, bajo la supervisión de Sir John Vane, a quien corresponde este notable hallazgo. Participar en ese descubrimiento allanó mi camino como investigador.

En esa época la investigación cardiovascular no era especialmente notoria a nivel internacional.
Pues no, no lo era. La investigación en Aspirina estaba más relacionada con la inflamación. Interesaba saber, primero, cómo se explicaba que pudiera ser antiinflamatorio, antipirético, analgésico; y segundo, cómo producía el efecto colateral muy conocido de daño gástrico. La parte cardiovascular, curiosamente, fue incorporada después. No se sabía en ese momento si la Aspirina tenía un efecto sobre el sistema de coagulación o el sistema de las plaquetas. Se sabía, sí, desde su lanzamiento comercial en 1897, que quien tomaba Aspirina de forma regular sangraba más. Con el tiempo llegaría a sugerirse que podía usarse en la prevención de las enfermedades cardiovasculares pero se desconocía el mecanismo de acción.

La historia no se detuvo aquí.
En absoluto. Poco tiempo después del descubrimiento del mecanismo de acción de la Aspirina se vio que también inhibía la formación de una sustancia, el tromboxano A2, que participa en el proceso de agregación plaquetaria. La inhibición de esa sustancia es lo que produce el aumento de sangrado y al mismo tiempo la protección contra las enfermedades cardiovasculares. Luego seguirían, a escala internacional, otros descubrimientos en las décadas de los años ochenta y noventa en las áreas del metabolismo del colesterol, de la prostaciclina o del óxido nítrico, entre otros muchos, que pondrían definitivamente la investigación cardiovascular donde le corresponde.

Justamente la prostaciclina es la que mayor tiempo le ocupaba a principios de los años ochenta. Hizo un trabajo pionero.
Trabajé mucho en su desarrollo clínico. La empresa para la que trabajaba, Wellcome, decidió desarrollar la molécula como medicamento. Hicimos pruebas en una gran cantidad de condiciones: en trasplante de órganos, en sistemas de circulación extracorpórea de hígado y de corazón, estudios en enfermedad periférica vascular. Fuimos pioneros en todas esas áreas. También fue probada en hipertensión pulmonar primaria, su uso actual preferente.

Su empresa fue clave en este y otros avances.
Sin la participación de la industria farmacéutica, probablemente, estos trabajos habrían tardado mucho más en hacerse. También hay que entender que Wellcome era una farmacéutica muy peculiar, puesto que su único accionista era una organización de caridad, el Wellcome Trust. Eso permitía que se hiciese mucho trabajo de investigación fundamental y además de forma más eficiente cuando se trataba de desarrollos clínicos.

«Es peligroso enfatizar solo en investigación traslacional»

 

D

urante 10 años ejerció como director de investigación de los Wellcome Research Laboratories británicos, una empresa singular.

Wellcome era un lugar donde la investigación fundamental y la investigación para el descubrimiento de medicamentos se juntaban muy bien, había una gran sinergia entre las dos áreas. 

Fotos: Rafael Gil

(Sesión realizada durante el XXXVIII Congreso de la SEBBM en Valencia, septiembre de 2015)

Con un nivel notable.
A mí me pareció un sistema sensacional. Descubrimos varias sustancias importantes que se convirtieron en medicamentos. En primer lugar, un antimalárico que todavía se usa; un antiepiléptico también en uso; un compuesto contra la migraña; y comenzamos el proyecto que llevó después al desarrollo de lapatinib, que es un medicamento contra el cáncer. Para diez años como director de investigación no está mal. 

¿Estableció en ese período algo parecido a un modelo de investigación? ¿La llamaría traslacional?
Wellcome era un ejemplo de investigación traslacional, sin duda alguna. A mi regreso a la Universidad, apenas nadie entendía el concepto. Tuve problemas infinitos de comprensión y de financiación cuando propuse crear un instituto de investigación traslacional. Pasaron muchos años antes de que se entendiera lo que estábamos tratando de hacer.

Habla de dificultad de comprensión en un entorno aparentemente propicio como el británico.
El concepto no era aceptado y se pensaba que la investigación traslacional iba en contra de principios universitarios. Eso ha cambiado y ahora, como siempre pasa, se ha ido al otro extremo, lo cual tiene el peligro de dañar la investigación fundamental. Ahora no se puede escribir una petición de ayuda a la investigación si no se pone la palabra traslacional en cada párrafo. Fui de los primeros en este campo, pero creo que es peligroso enfatizar demasiado. Si solo se apoya la investigación traslacional, mañana no tendremos qué trasladar.

Hábleme del óxido nítrico, por favor.
Estábamos muy dedicados al desarrollo clínico de la prostaciclina cuando Furchgott publicó el trabajo de la relajación vascular dependiente del endotelio vascular. No tardé en darme cuenta de que las técnicas que nosotros desarrollamos para estudiar compuestos inestables derivados del ácido araquidónico como el tromboxano A2 y la prostaciclina, iban a ser muy útiles para estudiar este factor, que era tan inestable.

De ahí a un descubrimiento que ha resultado ser capital.
Nuestro trabajo identificó el óxido nítrico como factor de relajación independiente del endotelio vascular y demostró que el endotelio producía cantidades suficientes de esa sustancia para explicar el factor descrito por Furchgott. Además, descubrimos el mecanismo de síntesis del óxido nítrico a partir de la L-arginina y describimos el primer inhibidor de la síntesis que ha sido usado farmacológicamente y bioquímicamente para identificar los papeles del óxido nítrico en muchos sistemas biológicos.

Es decir, que casi de una tacada contribuía a describir el papel, relevancia y trascendencia de este compuesto.
Esos fueron los pilares sobre los que la investigación del óxido nítrico se construyó. Nosotros fuimos los primeros en darnos cuenta de que la producción de NO trascendía el sistema cardiovascular y que también era relevante en el sistema inmunológico y el sistema nervioso. Por eso sugerimos muy temprano que ese era un camino metabólico importante en muchos sistemas, lo que ha sido correcto.

Una vía metabólica que ha sido reconocida por la industria como una línea abierta para la explotación de nuevos fármacos.
Por supuesto, porque el NO junto con la prostaciclina empiezan a explicar mucho mejor cómo funciona el sistema vascular. Por ejemplo, un experimento crucial fue dar un inhibidor de la síntesis de óxido nítrico a un animal y ver que la presión arterial subía. Eso sugería que el tono vasodilatador del NO era fundamental para el control de la presión arterial que además modulaba el tono vascular y el flujo sanguíneo facilitando la circulación de la sangre.

El óxido nítrico recibió el premio Nobel pero usted quedó al margen…
La Academia Sueca no dice exactamente cómo toma sus decisiones, es una prerrogativa que le corresponde. Mi actitud al respecto ha sido siempre la misma: mi trabajo está ahí, sobre la mesa; creo que he tenido un reconocimiento increíble de parte de la comunidad científica internacional que todavía me sorprende. La historia tomará sus decisiones con respecto a lo que pasó. Yo no tengo mucho que decir.

¿Le molesta hablar del tema?
No, para nada. Me siento muy orgulloso del trabajo que he hecho. Premios son premios, las instituciones que los convocan tienen derecho a dárselo a quien quieran. Mis trabajos de investigación publicados son mi verdadero premio.

Con esos trabajos se empieza a hablar de estilo de vida en prevención cardiovascular.
No solo con nuestro trabajo. Hay muchísima investigación en el área cardiovascular: control de lípidos, metabolismo del colesterol, tabaquismo, radicales libres. Contribuimos en algunas de esas cosas, pero era ya un campo muy amplio de investigación en el que muchos datos estaban sugiriendo que la prevención es mejor que el tratamiento.

Así pues, se instauran los estilos de vida como factor preventivo.
Empieza ahí, en efecto, pero lo mismo ocurre en otras muchas patologías, muy notablemente en oncología. Un porcentaje significativo de cánceres son prevenibles con cambios en el estilo de vida.

«Nosotros fuimos los primeros en darnos cuenta de que la producción de óxido nítrico trascendía el sistema cardiovascular.»

Justamente ahora investiga también en cáncer.
En nuestro grupo nos interesaba entender cómo el óxido nítrico interactúa con los radicales libres para producir daño. Gracias a este trabajo y a nuestra investigación en complejos mitocondriales terminamos cayendo por casualidad en el papel de la mitocondria en la proliferación celular. No es que trabajemos en cáncer, es que la proliferación celular es muy importante en células cancerosas.

¿Y ahora?
Estamos tratando de ver si la proliferación de la célula de cáncer y la proliferación de la célula normal son cuantitativa o cualitativamente distintas. Si es lo segundo, podría llegar a desarrollarse algún medicamento que actúe contra el metabolismo específico de las células cancerosas sin afectar la proliferación de las células normales. En otras palabras, parar el cáncer sin efectos colaterales resultantes del mecanismo de acción del medicamento.

Eso, a los 70 años.
Siempre es un buen momento para comenzar.

«Algún día deberá analizarse lo que se hizo con el CNIC»

 

U

sted formó parte del equipo inicial sobre el que se levantó el Centro Nacional de Investigación Cardiovascular (CNIC).¿Qué recuerda de esa etapa?

Fui invitado a venir a España para dirigir ese proyecto e hice todo lo que pude en ese momento: planeé y diseñé junto con el arquitecto un edificio que resultó ser emblemático; y contribuí a formar el grupo inicial, medio centenar de personas. Desgraciadamente, la falta de comprensión y las contradicciones que surgieron con las autoridades fueron suficientes para entender que mi etapa había terminado.

¿Con qué sabor de boca se quedó?

Qué se hizo y qué ha pasado con el CNIC será algo que España tendrá que analizar en algún momento para decidir si se hizo bien o no y cuáles son las consecuencias de ello. Mi única actitud con respecto a este tema es que lo que yo hice era todo lo que se podía hacer en ese momento. En particular, la creación de un concepto de desarrollo científico avanzado, una manera de trabajo y la gestión de una inversión importantísima. Habría que ver qué ha pasado desde entonces y qué se ha hecho. Un buen referente podría ser el CNIO, creado más o menos al mismo tiempo y reconocido ahora como un centro de investigación de nivel internacional. 

No voy a preguntarle sobre lo que ha pasó pero sí sobre el concepto científico que defendía. 

Pensaba en ese momento, y lo sigo pensando, que España tiene una reserva de talento científico enorme y tendría que desarrollarlo para crear ciencia fundamental. La investigación aplicada viene después, sobre la base de un desarrollo científico robusto. Si eso ocurriese en paralelo con un desarrollo del tejido industrial, se crearía una relación entre la investigación y la industria que tanto se busca y que al igual que en los países desarrollados, generaría riqueza y bienestar propios.

¿Qué rol le asignaría al CNIC en este escenario?

La idea del CNIC era hacer un instituto de investigación fundamental en el área cardiovascular que sirviera como eje de desarrollo de una red nacional de investigación. Comenzamos a trabajar en esta línea empezando a apoyar a grupos periféricos. Creo que ese concepto sigue siendo interesante de discutir y analizar. Lo que se pensó en esa época, que a mí me parecía interesante, era crear en el Instituto de Investigación Carlos III un campus de investigación que se asemejase a los NIH (National Institutes of Health, en Estados Unidos) y que sirviera como referente para el desarrollo de la investigación nacional. 

 


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