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Julio Rodríguez Villanueva (1928-2017)

  • Federico Mayor Zaragoza


  • Manuel Losada Villasante


  • César Nombela

Ciencia y conciencia 

Federico Mayor Zaragoza

 

El asturiano Julio Rodríguez Villanueva (Villamayor, 1928), fallecido el pasado día 21, fue uno de los científicos españoles de mayor renombre nacional y europeo. Licenciado y doctor en Farmacia, con premio extraordinario, en 1955. Realizó su formación posdoctoral con Ernest Gale en la Universidad de Cambridge, en la que también se doctoró en 1959. En España fue uno de los más acreditados discípulos de Lorenzo Vilas, catedrático de Microbiología en la Facultad de Farmacia de la Universidad de Madrid.

 

 

Le recuerdo bien con su grupo de amigos del Consejo Superior de Investigaciones Científicas: Manuel Losada, Avelino Pérez Geijo, Gonzalo Giménez, Manuel Ruiz Amil…

 

Fue catedrático del Instituto de Microbiología y Bioquímica de la Universidad de Salamanca y del CSIC. Como muchos de los maestros de la bioquímica española, fue discípulo de Ángel Santos Ruiz, que introdujo en España la Química Biológica en los estudios de licenciatura.

 

Rodríguez Villanueva siempre prestó atención especial a las generaciones que llegaban a un paso de la suya. Responsabilidad: esta es la palabra clave en su vida. Ya en 1961 colaboró en la creación de la Sociedad Española de Bioquímica, cuyos principales actores fueron Severo Ochoa, Ángel Santos Ruiz, Alberto Sols, Santiago Grisolía, Francisco Grande Covián, Juan Oró y Carlos Jiménez Díaz. Esta sociedad formó parte desde su origen, de la Federación Europea. Años más tarde se convertiría en la Sociedad de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM), una de las de mayor prestigio y actividad en nuestro país, con más de 3.700 asociados en la actualidad. Rodríguez Villanueva la presidió entre 1966 y 1969. En 1972 fue nombrado rector de la Universidad de Salamanca. ¡Joven sucesor de Miguel de Unamuno!

 

En 1976 le acompañé al Centro Europeo de Educación Superior (CEPES) de la UNESCO, de cuyo comité asesor era presidente. El 12 de marzo de 1986 se constituye el Consejo Científico de la fundación creada por Don Ramón Areces, presidente de El Corte Inglés, otro asturiano fuera de serie que había decidido devolver a la sociedad lo que de ella había recibido y promover la aplicación de la ciencia para evitar o paliar el sufrimiento humano. Isidoro Álvarez, que sustituyó a Areces, y su actual presidente, Florencio Lasaga, han dado siempre prioridad desde el patronato de la fundación a la investigación en biomedicina, en particular de las enfermedades infrecuentes.

 

Severo Ochoa —¡ya van, con Isidoro Álvarez, cuatro asturianos!— presidía el consejo, al que Rodríguez Villanueva nunca dejó de pertenecer, durante muchos años como vicepresidente.

 

Recuerdo cuando tuve la ocasión, el 5 de junio de 1986, de darle la réplica en la recepción pública como académico de la Real Academia Nacional de Farmacia: “Hay demasiadas estancias vacías en la investigación española, y demasiados científicos e intelectuales aletargados y que nadie acude a despertar porque así no pueden promover movilizaciones indeseadas”.

 

Al cabo de unos años, Rodríguez Villanueva dirigía esta gran institución de la que a partir de 2009 fue presidente de honor. También durante muchos años encabezó el jurado del premio de Investigación Científica y Técnica Príncipe de Asturias, así como patronato de la Fundación Jiménez Díaz.

 

El resultado más sobresaliente de toda su vida, dedicada a sembrar ciencia en terrenos normalmente poco propicios, es la gran cantidad y calidad de docentes e investigadores que hoy orlan la microbiología y bioquímica de nuestro país.

 

Las personas con tan extenso recorrido e inusitada altitud dejan huella imperecedera. Un día se ausentan, pero de ellos permanece lo que más importa: ciudadanos del mundo, siguen iluminando los caminos del mañana e impulsando nuevos rumbos en las generaciones venideras. Julio Rodríguez Villanueva, ciencia y conciencia, sigue presente, inolvidable.

 

A Isabel García Hacha, científica y compañera en toda su trayectoria humana y académica, a sus hijos y familiares, a sus discípulos, colaboradores, allegados y amigos, la condolencia más sincera.

 

Publicado en El País el 23 de noviembre de 2017.

 

 

Pionero de la microbiología española

Manuel Losada Villasante

 

Hoy ha muerto el insigne asturiano, universitario y científico de vanguardia, Julio Rodríguez-Villanueva. Con profundo dolor, Antonia y yo nos unimos al de su mujer e hijos para recordar al inseparable amigo y compañero en la promoción y desarrollo de distintas facetas de la Biología en España. El catedrático y profesor de investigación R. Villanueva ha sido pionero en el desarrollo de la Microbiología en España, en cuyo empeño ha participado de por vida como paladín y promotor indiscutible. En esta ocasión resaltaré lo que a mi juicio han sido algunas de sus más notorias y sobresalientes contribuciones en este área destacando más bien otros aspectos peculiares de su riquísimo currículum científico y humano. 

 

Hace ahora más de setenta años iniciamos en compañía de varios entusiastas y laboriosos condiscípulos (algunos ya desafortunadamente desaparecidos, pero nunca olvidados) nuestra licenciatura de Farmacia, culminada brillantemente con el doctorado, en la Ciudad Universitaria de Madrid. Formados por excelentes maestros, entre ellos don Lorenzo Vilas y don Ángel Santos Ruiz, y guiados por la sabia, firme y paternal mano de don José María Albareda, los dos emprendimos en la década de los 60 (tras una provechosa y prolongada estancia en el extranjero) nuestras carreras científicas en Microbiología y Bioquímica en el vanguardista Centro de Investigaciones Biológicas (CIB) del Consejo, que Fisac levantó a la sazón en la madrileña calle de Velázquez, vivero magnífico de jóvenes biólogos venidos de todos los rincones de la extensa y diversa geografía española y marcados ante todo por su dedicación, vocación y excelencia. Juntos fuimos entonces, formando triángulo con el citólogo y condiscípulo Gonzalo Giménez, artífices de la creación del primer Instituto de Biología Celular fundado en España, plantel excepcional de bioquímicos, microbiólogos y biólogos moleculares y celulares, que completarían su formación en los mejores centros de Europa y América, aspecto que siempre consideramos primordial e inexcusable. Finalmente, ambos fuimos a partir de 1967 pioneros de la puesta en marcha, de nuevo partiendo de cero, de Institutos mixtos universitarios y del CSIC en las recién creadas Facultades de Biología de las Universidades de Salamanca y Sevilla, una de las hibridaciones más fecundas entre docencia superior e investigación conseguidas hasta la fecha en nuestro país: el Instituto salmantino de Microbiología-Bioquímica y el sevillano de Bioquímica Vegetal y Fotosíntesis. La Universidad de Salamanca se benefició también enormemente durante el periodo 1972-1979 de la magnífica labor realizada por el Rector Rodríguez Villanueva, fiel y tenaz continuador del inolvidable don Miguel. Después de su jubilación como catedrático fue nombrado en 1998 director de la Real Academia Nacional de Farmacia, a la que imprimió un vigor y empuje extraordinarios.

 

La renombrada Escuela salmantina de microbiólogos, nacida a la sombra y con el calor de Julio, PhD, en Bioquímica en 1959 por la Universidad de Cambridge, y de su encantadora mujer, Isabel García Acha, investigadora de primera línea en enzimas líticos de paredes celulares de hongos, es una espléndida realidad que goza de reconocido prestigio nacional e internacional. Ambos han sido auténticos y prolíficos líderes en la docencia, la investigación y la divulgación de ciencia, y sus curricula son difíciles de emular. Desde 1987 Julio R. Villanueva fue vicepresidente del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces, donde con la capacidad de trabajo, experiencia y visión que le caracterizan realizó una labor admirable.

 

El profesor R. Villanueva fue Presidente y miembro de numerosos Jurados de Premios científicos y Culturales, y él mismo ha sido distinguido con prestigiosos premios, distinciones y honores. Quisiera terminar resumiendo lo que ha sido la realidad de nuestros sueños. A Julio y a mí nos ha unido más de medio siglo de sólida, leal y fraternal amistad, cimentada en mutua admiración y ferviente comunidad de afectos e ideales, de insobornable amor a España y de sana pasión por la ciencia y por la promoción de jóvenes aspirantes a científicos. Nuestras vidas han sido paralelas hasta extremos insospechados, y cuando hubimos de separarnos físicamente en la distancia, nuestros corazones y nuestras mentes se sintieron más unidos y cercanos. Ambos hemos tenido la suerte de que Dios haya premiado graciosamente nuestras vidas uniéndonos a mujeres y madres ejemplares, Isabel y Antonia, también amigas del alma, sin cuyo cariño y entrega en casa y en el trabajo ninguno de los dos hubiéramos podido ni logrado nada.

 

¡Que el Señor conceda a Julio el descanso eterno y brille para él la Luz perpetua!

 

Publicado en ABC el 25 de noviembre de 2017

 

 

Pasión por la universidad investigadora

César Nombela 

 

En la muerte del profesor Villanueva viene a la mente su esforzado trabajo en pro de una universidad investigadora. Para él, la institución académica solo merecería tal nombre cuando la creación de conocimiento tuviera un lugar preferente en su seno. Es la universidad que soñó, la que España merecía y necesitaba como apuesta de futuro. Conocido por el intenso despliegue de energía que ponía a contribución en todos sus empeños, pudo constatar en vida los frutos de su esfuerzo, materializados en la creación de una verdadera escuela de profesores e investigadores, en el campo de la Microbiología, repartidos por toda la geografía nacional e irradiando notablemente en ámbito internacional. 

 

La escuela de Villanueva se ha extendido con efecto multiplicador desde Madrid (CSIC) o Salamanca, a universidades como Santiago de Compostela, Oviedo, León, Complutense, Alcalá de Henares, Extremadura, Valencia, Murcia, Tenerife, etcétera. Seleccionó a los mejores discípulos, respetando sus ideas, animando a cada cual a alcanzar las metas más elevadas. 

 

Doctor en Farmacia por la Universidad Complutense (1955), con el estímulo y la orientación de José María Albareda se desplazó a la Universidad de Cambridge, en Inglaterra, doctorándose en Bioquí- mica (1959) bajo la dirección de Ernest Gale. En 1959 fue decisivo para promover el Centro de Investigaciones Biológicas del CSIC, en Madrid; pero un hito fundamental en su vida fue obtener en 1967, por oposición, la Cátedra de Microbiología en la Universidad de Salamanca. En la decana de las universidades españolas encontró un ambiente propicio para combinar la docencia y la investigación. Imbuido de la necesidad de promover un verdadero ambiente científico en España, en la línea de Cajal, Ochoa o Albareda, no dudó en acceder a innumerables responsabilidades. Entre ellas, la presidencia de la Federación Europea de Sociedades Españolas de Bioquímica (1968-72), con la celebración en España del Congreso Europeo de Bioquímica en 1969, un acontecimiento de impacto para la ciencia española; el Rectorado de la Universidad de Salamanca (1972-79), siendo además el primer presidente de la Conferencia de Rectores de España; la dirección de la Real Academia de Farmacia (1998-2001); la presidencia del jurado del Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica, desde 1996; y la vicepresidencia del Consejo Científico de la Fundación Ramón Areces, a cuya gestión ha dedicado sus esfuerzos durante un largo período.

 

 

Su grupo, del que formó parte destacada la investigadora Isabel García Acha, su esposa, fue pionero en estudios de microorganismos eucarióticos, abordando la pared celular de hongos y levaduras, que se había de revelar como una estructura esencial para la patogenicidad de estos microbios, así como blanco de ataque por parte de agentes antimicrobianos de interés terapéutico. Una temática de investigación, actualmente basada en la ingeniería genética y la genómica como fundamentos de notables aplicaciones biotecnológicas. Esta temática de investigación ha tenido una notable continuidad en España, en Salamanca y en otros muchos lugares del extranjero.

 

Publicado en ABC el 22 de noviembre de 2017.

 


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