A+ A-


Trabajadores de la Ciencia

Mucho y en múltiples foros se viene hablando de los daños provocados por la crisis económica de esta última década en el sistema español de ciencia y tecnología, a saber: recortes presupuestarios, reducción de personal, emigración de jóvenes, abandono de profesores universitarios, envejecimiento de plantillas, burocratización administrativa, pérdida de competencia internacional, etcétera. 

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

Hace poco ha sido el Instituto de España, considerado como el senado de la cultura nacional, el que se ha pronunciado públicamente mediante la emisión del Manifiesto sobre la Situación Actual de la Investigación Científica en España. Dicho documento, al que nos adherimos y alabamos, advierte del alcance del deterioro y ofrece un detallado abanico de recomendaciones prácticas a nuestros dirigentes políticos a fin de revertir tan peligrosa deriva. 

 

Mas con ser grave todo lo antedicho, nada comparable al perjuicio derivado del cambio de actitudes personales, sobre todo entre los jóvenes, motivado por la crisis. Ya no se vive la ciencia en los laboratorios con la “emoción por descubrir” de la que nos hablaba Severo Ochoa, ni con la “curiosidad intelectual” y “perseverancia en el trabajo” que destacaba Santiago Ramón y Cajal en su muy recomendable libro Reglas y consejos sobre investigación científica; los tónicos de la voluntad, por citar solo un par de reseñas ad hoc con firma de premio Nobel.

 

El científico ha pasado a ser hoy un componente más del tejido productivo del país, un trabajador del sector de la ciencia, como cualquier otro trabajador del sector de la construcción, el automóvil o el turismo. Su razón de ser individual solo se justifica en el conjunto como elemento integrador y contribuyente neto al aumento del PIB nacional. Atrás quedan los tiempos en que la observación de la naturaleza, el descubrimiento de lo ignoto y hasta la explicación de nuestra propia existencia ocupaban con pasión inteligente y ánimo escrutador las discusiones que impregnaban a diario el ambiente académico y universitario. 

 

La generación de nuevo conocimiento era obsesión vital, objetivo último y único de la inefable ansiedad observadora del científico, en tanto la aplicación del conocimiento revelado se veía como una consecuencia interesada de la sagacidad y sentido práctico del ingeniero. Este vivía en cierto modo al acecho del primero, presto a sacar partido del descubrimiento aún caliente con el que acelerar sus avances. Hoy es el técnico con sentido empresarial, espoleado por la política pública de incentivos, el que marca la pauta laboral del científico y el punto de mira de sus indagaciones. El cambio de tornas mantiene cautivo al espíritu indómito del científico que, como presa enjaulada, transita con desánimo y falto de ilusión; así lo avala su pasar entre tubos de ensayo y probetas cada jornada, otrora sin horas ni fin, ahora con horas y presto fin.

 

En junio de 2016, en esta misma página, escribía: «La ciencia de siempre se caracteriza, en esencia, por la búsqueda de la verdad y el saber. La ciencia de hoy demanda, sobre todo, soluciones a los retos sociales. Es la evolución entre dos formas de hacer ciencia, en la que el afán de descubrir propio del Homo sapiens de Linneo da paso al impaciente sentir práctico del Homo faber de Benjamin Franklin, en la que los científicos (del inglés scientist, término acuñado por William Whewell en 1834, por analogía con artist, para resaltar la creatividad como elemento clave en común) pasan a ser “trabajadores de la ciencia”».

 

Superaremos la crisis, sin duda; y volveremos a recuperar la inversión en I+D+I a sus niveles anteriores, por seguro; pero el espíritu aventurero y quijotesco del científico filósofo y artista no parece probable que vuelva a deambular inteligente y libre por nuestros laboratorios... Mas por si alguien hubiera que esto oyera o leyera, al Manifiesto del Instituto de España le añadiría un último reclamo dirigido al Gobierno: 

 

¡Déjennos trabajar como científicos!


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: