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LA BIEN PAGÁ Y LOS MAL PAGAOS

Bien pagá,

Sí, tú eres la bien pagá,

Porque tus besos compré

Y a mí te supiste dar

Por un puñao de parné.

Bien pagá, bien pagá

Bien pagá fuiste mujé

  • Félix M. Goñi

  • Presidente SEBBM

En los años cincuenta, EAJ8 Radio San Sebastián difundía con frecuencia la voz de Miguel de Molina cantando la famosa zambra La bien pagá, cuya letra había escapado, incomprensiblemente (o no), a la censura. El lector nostálgico o curioso la puede volver a oír en la web www.youtube.com (ver código QR).

 

 

Avancemos ahora sesenta años, hasta la actualidad. La cosa será historia para cuando ustedes lean estas líneas pero lo cierto es que, allá por julio, hubo un grupo de “mal pagaos” que se volvió de Rusia antes de lo previsto. Mucho dolor y mucha ignominia debieron padecer estos héroes. Las desventuras del piadoso Eneas hasta alcanzar las costas lavinias fueron unas vacaciones del Club Med en comparación con los trabajos (tot volvere casus, tot adire labores) que el herido Numen impuso a nuestros muchachotes. Algunas personas, de las que confunden valor y precio, se indignan por lo que consideran ganancias injustificadas, obscenas dicen, incluso, de nuestros escuadristas nacionales. 

 

Guillermo Díaz-Plaja diagnosticó el orgullo como el más español de los pecados capitales. No seré yo quien contradiga a un experto pero sí creo que, a escala planetaria, el pecado más extendido es la envidia. Y de ella son víctimas nuestros gladiadores del siglo XXI. ¿Acaso tiene precio no poder tomarse una caña en el bar de la esquina por el acoso de los paparazzi y tener que hacerlo en no sé qué ignoto paraíso del Caribe, con lo a gusto que se está en el bar Manolo? ¿Y qué diremos del tener que estar todo el día en un vaivén con otros “paraísos”, para poder satisfacer una fiscalidad justa, y no rapaz, como la de aquí? No quiero ni recordar el estrés de tener que trabajar hora y media (algunos días), y encima con exigencias de rendir bien. No, queridos lectores, mal pagaos, y muy mal pagaos están esos chicos, y si hubiera justicia en el mundo, este sería uno de los primeros desmanes a corregir.

 

Estaba mi cuñado Antonio leyendo estas líneas por encima de mi hombro, según su elegante costumbre, mientras las escribía, y me dijo: “Anda, pues por el título pensaba que ibas a hablar de lo mal pagados que estáis los científicos”. Este cuñado mío es un cielo... pero no se entera. Pues no le tengo dicho yo pocas veces que en nuestro trabajo no se ficha, que podemos pasar años, décadas más bien, de producción nula sin que nuestro sueldo lo note, que viajamos a países exóticos con la excusa de los congresos y, sobre todo, que la ciencia es nuestro hobby, por lo que en rigor no solo no tenían que pagarnos, sino que debían cobrarnos una cantidad, aunque fuera modesta, por utilizar los edificios e instalaciones del estado. Pues todo es en vano. Antonio, erre que erre, con que le parece raro que él, con la fontanería, gane más que yo con la bioquímica. Yo insisto... pero es inútil.

 

Qué verdad es que los científicos somos unos incomprendidos.

 

“Guillermo Díaz-Plaja diagnosticó el orgullo como el más español de los pecados capitales. No seré yo quien contradiga a un experto como él pero sí creo que, a escala planetaria, el pecado más extendido es la envidia” 


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