A+ A-


Compás de espera

“En su situación de crónica postración, muchos científicos españoles esperaban, cuando el gobierno cambió, una pronta señal de atención a la Ciencia, que permitiera ver la vida con más optimismo. Pero el gobierno Sánchez lleva ya, cuando esto escribo, unos cinco meses de actuación, y esa señal no se ha producido”.

  • Félix M. Goñi

  • Presidente SEBBM

Muchas cosas han ocurrido desde la última vez que tomé la pluma (o sea, el ordenador) para escribir una de estas Tribunas. “En su situación de crónica postración, muchos científicos españoles esperaban, cuando el gobierno cambió, una pronta señal de atención a la Ciencia, que permitiera ver la vida con más optimismo. Pero el gobierno Sánchez lleva ya, cuando esto escribo, unos cinco meses de actuación, y esa señal no se ha producido”.Mejor dicho, ha ocurrido una sola, pero que podría traer consigo toda suerte de consecuencias para la ciencia española. Me refiero, claro está, al cambio de gobierno y de ministerio. Y las consecuencias que esto podría acarrear serían mayoritariamente buenas, porque es difícil empeorar la situación actual. Y aquí termina todo mi optimismo. Las noticias, o la falta de ellas, sobre la política científica de este gobierno impiden, desgraciadamente, mayores alegrías. Revisemos lo que a través de estrechas fisuras nos dejan ver nuestras autoridades de sus planes.

 

El silencio. En su situación de crónica postración, muchos científicos españoles esperaban, cuando el gobierno cambió, una pronta señal de atención a la ciencia, que permitiera ver la vida con más optimismo. Pero el gobierno Sánchez lleva ya, cuando esto escribo, unos cinco meses de actuación, y esa señal no se ha producido. El ministro del ramo, Sr. Duque, sigue siendo una esfinge para sus administrados más directos. Es verdad que el que está muerto de hambre no espera más noticia que la de la comida, y la comida de la que aquí hablamos solo puede venir, para no ser un pintxo, de un presupuesto nacional y de un pacto de estado. Es posible, (o sea, quiero pensar), que nuestro ministro esté esperando a poder darnos noticias realmente buenas pero, en mi opinión, una primera declaración de intenciones, que de paso mostrara unos objetivos serios, no hubiera estado fuera de lugar.

 

La burocracia. ¡Hermanos burócratas, dormitad tranquilos, vosotros no habéis sido olvidados! Hace poco, en un acto organizado por COSCE y dedicado a las agencias nacionales de ciencia, pude escuchar una breve alocución del ministro. Como es natural, había una expectación notable. Pero sus palabras nos dejaron, y no solo a mí, en la noche oscura en la que hace demasiado tiempo moramos los científicos españoles. Lo primerísimo que nos dijo, después de las palabras de saludo, y supongo que para alegrarnos, es que la Agencia Estatal de Investigación (esa que nos manda rimeros de páginas para reclamarnos 57 euros de un proyecto que terminó en 2010) iba a ver ampliada su plantilla de funcionarios. Ahora solo tiene unos 300. Es una tranquilidad ver que el dinero público se emplea con sentido común. Le faltó tiempo al gran Andreu Mas Colell (aunque el ministro, forzado por sus obligaciones perentorias, no pudo quedarse a oírle), para proclamar que lo primero que necesita una agencia nueva, es dinero nuevo. La nuestra se creó con gasto cero (creatio ex nihilo) pero, afortunadamente, ya ha aparecido algo de dinero y ya sabemos para qué se va a emplear.

 

Las fugas. Esta vez ha sido una entrevista de periódico la que nos ha transmitido alguna luz sobre los planes gubernamentales para la ciencia. El Sr. Ministro ha declarado que, si le dieran n millones de euros, podría decir cuántos científicos “fugados” se podría repatriar. ¡Qué peso tienen los lugares comunes, y cuánto cuesta desterrar las coletillas y frases hechas, no solo de nuestra habla, sino de nuestro pensamiento! Los presos que se fugan no lo hacen porque no les guste la comida de la cárcel, o porque el colchón sea muy duro. Los que se fugan, escapan de una realidad que no les permite desarrollar su proyecto vital, sea este mangar gallinas o estudiar no sé qué proteína. Los científicos fugados no van a volver a España porque les den un sueldo decente, si van a tener que pegarse por cada euro para poder trabajar. Dicho de otra manera, arregle un poco, Sr. Ministro, la situación de la ciencia en España, y ya verá cómo vienen los españoles, los alemanes y los chinos. El problema es que ya han venido demasiados antiguos fugados, y ya han tenido que volver a marcharse, para pensar que aún quedan por ahí nostálgicos del jamón ibérico dispuestos a ver espejismos.

 

En fin, a ver si tengo suerte, y me equivoco.


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: