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El hombre orquesta

“Hoy la responsabilidad se hace recaer sobre el científico, utilizado como pieza dovela de todo el sistema y convertido en hombre orquesta que no solo debe generar y transmitir conocimiento, sino también aplicar la explotación comercial de los resultados de su trabajo”.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

La afirmación de que el conocimiento es la base de la economía del futuro es ya lugar común. El debate surge cuando se discute cómo optimizar la inversión en ciencia y transformarla en crecimiento económico y progreso social, debate que en España se acentúa por dos factores recurrentes: el reducido número de patentes en relación con el nivel de publicaciones científicas y el escaso interés generalizado por la ciencia del mundo empresarial. Mas el asunto no es tan simple. La gestión integral y rentabilidad socioeconómica del conocimiento requieren un análisis holístico, en profundidad y con perspectiva de sus cuatro elementos básicos —esto es, generación, transmisión, aplicación y explotación—, por universidades, centros de investigación, institutos tecnológicos y empresas, respectivamente. De hecho, la delimitación de objetivos, funciones y competencias es tarea esencial —no por trivial menos relevante— al diseñar una estrategia global de gestión y rentabilidad:

 

Generación de conocimiento. Actividad propia del científico, encargado de “descubrir” lo existente en el universo y la naturaleza pero oculto a nuestros ojos. Es mucho lo revelado, pero desconocemos lo aún por desvelar. Y no podemos renunciar a nuevos descubrimientos. La competencia corresponde a los centros de investigación. 

 

Transmisión de conocimiento. Actividad propia del docente, encargado de “enseñar” lo conocido a los alumnos y, en particular, prepararlos para el ejercicio profesional. Es responsable, por tanto, de la educación y capacitación de los ciudadanos. La competencia corresponde a los centros de educación superior en sus distintos niveles y, en concreto, a los universitarios.

 

Aplicación de conocimiento. Actividad propia del técnico, o ingeniero, encargado de “inventar” nuevos usos e instrumentos que faciliten la vida del hombre en base al conocimiento revelado. La competencia corresponde a los institutos tecnológicos.

 

Explotación del conocimiento. Actividad propia del empresario, encargado de “rentabilizar” comercialmente y hacer llegar a los ciudadanos las aplicaciones industriales diseñadas por los técnicos. La competencia corresponde a las industrias. 

 

Se trata, por supuesto, de conjuntos superpuestos, que no disjuntos, en los que los individuos pueden —y hasta es aconsejable que lo hagan— intercambiar o compartir funciones. El doble rol científico-docente o ingenieroempresario son los más frecuentes y el doble rol docente-empresario, quizá el que menos. Algunos atrevidos llegan a simultanear el triple rol científico-docente-empresario, quedando el ejercicio del tetra-rol para mentes privilegiadas y osadas. Pero ello no quiere decir que todos tengan que hacer de todo. Antes al contrario, la tendencia prevalente debe ser la del rol único y mono-institucional, de forma que cada individuo haga lo que sabe hacer, para lo que está capacitado, lo que realmente le hace sentirse motivado y realizado como persona dentro de su institución y esta, a su vez, debe tener competencias bien delimitadas —y, sobre todo, crear un ambiente profesional especializado— acorde a su función exclusiva antes citada.

 

La identidad institucional, sin embargo, se ha sacrificado con el fin de potenciar sinergias y translaciones. Hoy no existen fronteras institucionales definidas que determinen objetivos, que fijen el radio de acción de unos y otros actores en la gestión del conocimiento. Las cuatro instituciones citadas solapan funciones y crean ambientes inciertos y ambiguos, diluidos, en los que resulta difícil desarrollar vocaciones y aprovechar voluntades. Entre tanto, la responsabilidad se hace recaer sobre el científico, utilizado como pieza dovela de todo el sistema y convertido en hombre orquesta que no solo debe generar y transmitir conocimiento, sino también aplicar e incluso procurar la explotación comercial de los resultados de su trabajo, lo que con frecuencia le obliga a realizar tareas ajenas a su interés y, sobre todo, a su capacitación. Las sinergias deben pivotar sobre los individuos, que hacen rendir su know-how poniéndose al servicio de una u otra institución, o dos, o más, pero las instituciones deben recuperar su razón de ser y centrar su finalidad funcional.

 

Aprendamos de la eficiencia de la célula: la mayoría de las proteínas son mono-tarea en orgánulos especializados; solo algunas son promiscuas, las así llamadas moonlighting proteins, capaces de desempeñar múltiples roles en diversos orgánulos, pero sin que estos pierdan en ningún caso su especificidad funcional.


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