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Exportación de talento

Llamar exportación de talento a lo que lisa y llanamente es otra herida en la piel del país es no reconocer un problema que compromete con gravedad el futuro de varias generaciones.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

Gracias al acuerdo promovido por Félix Goñi, presidente de la SEBBM, con la Red de Asociaciones de Investigadores y Científicos Españoles en el Exterior (RAICEX), que agrupa a 3.500 miembros, el Congreso SEBBM de este año (Madrid, 16-19 julio 2019) contará con una elevada participación de bioquímicos y biólogos moleculares españoles que trabajan con éxito en otros lugares.

 

La fuga de cerebros, o emigración de profesionales altamente cualificados, ha sido frecuente en multitud de países y por múltiples motivos a lo largo de la historia. Las persecuciones políticas, raciales y/o religiosas y las dificultades socioeconómicas suelen ser las causas principales. Por citar un par de ejemplos de exilios científicos no muy distantes en tiempo y espacio, recordemos las bien conocidas migraciones judías en la Alemania nazi o aquellas otras por motivos económicos en la España de este último decenio. Las primeras afectaron a investigadores consolidados, que pronto encontraron en EEUU el hogar de acogida, mas las segundas han aquejado de forma muy especial a jóvenes en formación, que están viviendo una auténtica diáspora en busca de su tierra de promisión. Duras y dolorosas desde el punto de vista personal emergen, sin duda, las consecuencias del extrañamiento, pero aún más graves y duraderas, si cabe, resultan en el desarrollo y progreso del país extrañado.

 

Llama la atención, sin embargo, la ligereza con la que algunos gobernantes hablan hoy de «exportación de talento» en nuestro país al referirse a lo que no es más que una nueva «fuga de cerebros». El eufemismo no es anecdótico: “Exportar” es verbo transitivo, requiere un complemento directo, objeto de la acción del verbo que transita desde el sujeto. “Fugar(se)”, en cambio, es intransitivo y se vale por sí mismo, conlleva el protagonismo del actor sin necesidad de transición alguna. En la fuga, pues, el científico es dueño de sus actos, director ejecutivo y motu proprio decide cruzar la frontera en busca de otros horizontes. En la exportación, el científico es el objeto pasivo de la enajenación, el producto que un país entrega a manos terceras. 

 

Además, el sentido peyorativo del término fuga (escape, salida accidental) desaparece con el eufemismo. De exportación se infiere un efecto positivo y deseado, beneficioso para el conjunto, mientras que fuga denota una acción negativa y contraria, insolidaria y en detrimento de los intereses del ciudadano que decide permanecer y luchar. Así, al hablar de exportación de talento y no de fuga de cerebros, de manera subliminal se transmite el mensaje al ciudadano de que al país no se le escapan sus científicos, sino que intencionadamente los pone a disposición de la comunidad internacional. Como si fueran preciados productos de la tierra, nuestro país exporta talento, bien de alto valor añadido con fuerte demanda en otras latitudes. Y al igual que los agricultores miman los campos a fin de sacar sus mejores cosechas al mercado internacional, así los centros universitarios y de investigación españoles forman jóvenes promesas para contribuir al desarrollo y progreso de pueblos ajenos y hasta lejanos. 

 

Es lógico, por tanto, que al desánimo de estos años de los jóvenes científicos que se han visto forzados a emigrar —a pesar de todo comprensivos al asumir los avatares de la crisis y esperanzados en un posible retorno—, se una la indignación por la insensibilidad política. Como dice el refranero, «no hay peor ciego que el que no quiere ver, ni peor sordo que el que no quiere oír». Y llamar exportación de talento a lo que lisa y llanamente es otra herida en la piel del país por la que fluye a borbotones nuestro acervo intelectual, otra mengua histórica por estampida en desbandada de nuestras cabezas mejor cualificadas y prometedoras, es no querer reconocer un problema que compromete con gravedad el futuro de varias generaciones. 

 

El acuerdo de la SEBBM con la RAICEX se enmarca en este doble contexto de reconocimiento a los jóvenes y exhortación a los políticos, de sentimiento dividido de orgullo por tan bien hacer en la lejanía y de pesar por tanta impotencia cercana.

 

¡Contra la exportación de talento, la SEBBM en Madrid!


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