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Silva de varia lección

Escribo estas líneas pocos días antes de las elecciones municipales y europeas. En este torbellino de no-ideas, de oraciones sin sujeto ni predicado, pero no sin bilis, del encubierto “no pasarán”, que los otros llaman “mal perder”, y del “que todo cambie, para que todo siga igual”, tan grato a los Tancredi Falconeri de todo tiempo, me refugio, una vez más, en los clásicos de la literatura.

  • Félix M. Goñi

  • Presidente SEBBM

I

Estaba yo seguro de haber leído en su día Tirano Banderas, pero el otro día me encontré con el libro, empecé a hojearlo, y me di cuenta de que no era así. Quizá lo había confundido con alguna de sus dignísimas imitaciones, El Señor Presidente, de M. A. Asturias, o Yo, el Supremo, de A. Roa Bastos. O sea que me lancé enseguida por la prosa valleinclanesca, que siempre me deslumbra con brillo de cuásar, y me obliga a descansar cada quince o veinte minutos para no sucumbir al exceso de belleza. A las pocas páginas me encuentro este diálogo admirable entre el Tirano y Don Celestino Galindo, rico comerciante y representante oficioso de la Colonia Española en la República:

 

[Tirano Banderas] “ - Entre los revolucionarios hay científicos que pueden con sus luces laborar en provecho de la Patria. La inteligencia merece respeto. ¿No le parece, Don Celes?

 

Don Celes asentía con grasiento arrebol de una sonrisa […]

 

[T.B.] - Hay entre ellos muy buenas cabezas que lucirían en cotejo con las eminencias del Extranjero. En Europa, esos hombres pueden hacer estudios que aquí nos orienten. Su puesto está en la Diplomacia… En los Congresos Científicos… En las Comisiones que se crean para el Extranjero.

 

Ponderó el ricacho:

 

— ¡Eso es hacer política sabia!”

 

II

En la conocida obra de Pedro Mejía “Silva de varia lección”, que da título a esta Tribuna, y en el encabezamiento de su capítulo XXXVIII (edición de 1673, primera parte), podemos leer: “De la estraña opinion, y condicion de dos Filosofos, uno en llorar y otro en reir, y porque lo hazian”. Y ya entrado el capítulo, describe Mejía las actitudes de Heráclito y de Demócrito: “cada vez que [Heráclito] salía de su casa, por las calles, y lugares públicos, iba llorando […] que lloraba las maldades, y miserias humanas. [Demócrito, cada vez que] conversaba con las gentes, de toda cosa se burlaba, y jamas hacia sino reirse muy determinadamente, y dezia, que la vida de los hombres es locura, y vanidad […] y cosa de hacer burla, y de reirse de ello.”

 

III

Iba a decir que cayó en mis manos, pero la verdad es que cayó sobre mi cabeza el otro día, cuando intentaba sacar un librote de un estante alto, un minúsculo volumen (en dieciseisavo) con los cantos XVII al XX de la Gerusalemme Liberata, de Torcuato Tasso (edición de Buttura, París, 1828). Tomé esta agresión a mi cocorota como una señal del cielo para adentrarme en el plomífero poema. Lo intenté, y hasta podría fingir que lo había conseguido, pero mis consocios no merecen semejante patraña, y la verdad es que tampoco deseo que mi reputación de friki exceda un determinado nivel. Me contenté, en su lugar, con leer los encabezamientos de los diferentes cantos. Reproduzco aquí, copiado sin rubor de Wikipedia, el resumen de los cuatro cantos finales del poema, reunidos en el volumen agresor. Tasso entendía bien la estrategia para la conquista de cualquier hazaña imposible: hechizos y encantamientos, y una buena confesión.

 

El mago Ismeno hechiza el bosque con cuya madera los cruzados pretendían construir nuevas máquinas. Godofredo envía a buscar a Reinaldo, único capaz de conjurar el hechizo, y que ha caído en poder de Armida. Ésta, enamorada de él, lo retiene en las Islas Afortunadas. Al quedar libre de su hechizo, Reinaldo se confiesa con Pedro el Ermitaño y deshace el encantamiento. Tras construir nuevas máquinas, los cruzados se apoderan de Jerusalén. Tancredo mata a Argante. Aunque los egipcios envían refuerzos, son también derrotados por los cristianos”.

 

EPÍLOGO

No estoy seguro de que estas lecturas me guíen mucho para mi voto, ni tampoco sé si pueden iluminar el trabajo de los representantes del pueblo, pero por lo menos me sirven para esquivar el telediario.

 

 


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