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“SEBBM ha llegado a configurarse como revista señera de científicos, que no propiamente científica, como publicación especializada de reputación y alcance entre las sociedades científicas españolas”.

  • Miguel Ángel de la Rosa

  • Editor de SEBBM

La SEBBM está doblemente de fiesta. No solo porque se cumplen 50 años del primer congreso FEBS organizado en España, efemérides de gran relevancia en el contexto político de la época al que dedicamos el Dosier de este número de la revista, sino también, aunque quizá no lo hayas notado, porque el ejemplar que tienes entre las manos lleva el número 200 en su portada, acontecimiento asimismo relevante. 

 

El camino recorrido por la revista SEBBM no ha sido fácil, sin duda. A tenor de las dificultades del último tramo, de los años más recientes, apenas puedo barruntar los sinsabores del inicio, los siempre difíciles comienzos, pues estoy seguro de que mi imaginación no alcanza a tanto imaginar. 

 

La SEBBM empezó llamándose Circular con toda propiedad. A fin de cuentas, se trataba de una carta o aviso dirigido a los socios para darles conocimiento de las novedades. La información comprendía noticias sobre congresos y cursos, convocatorias de premios, subvenciones para la organización de reuniones, concesión de distinciones y honores, plazos de admisión de socios, relación de socios protectores, etc. La circular SEBBM se mecanografiaba en cliché, o papel encerado, se imprimía en papel normal en máquina multicopista de tinta, y el cuadernillo fotocopiado, grapado y ensobrado se distribuía por correo postal. Así se conseguía mantener la comunicación activa con los miembros de la sociedad. 

 

En enero de 1994, la circular pasó a denominarse Boletín. En palabras de Carlos Gancedo, presidente de la SEBBM y promotor del cambio: «Con este boletín, primero del nuevo formato, la SEBBM intenta llegar mejor con sus informaciones a los socios y al público interesado en nuestras actividades». Una novedad de este primer boletín fue el espacio que se les reservó a las secciones científicas —hoy conocidos como grupos temáticos— para que relataran sus actividades durante el año anterior, y así lo hicieron las de bioquímica de la nutrición, bioquímica perinatal, membranas y bioenergética, metabolismo del nitrógeno, y genética molecular y biotecnología.

 

Pocos años después, en septiembre de 1998, siendo presidente Joan Guinovart, el boletín sufre un giro radical de formato y contenidos, aunque sin cambio de nombre. La nueva política la resume Joan en su artículo editorial titulado Nuevo instrumento para la comunicación científica, en el que afirma que el boletín pretende ser «también un instrumento que permita hacer llegar el trabajo de éstos (los bioquímicos) a la sociedad a fin de dar a conocer la importancia de la Biología Molecular y Celular en el mundo actual y sus contribuciones a la cultura y al bienestar de la humanidad». Fue el germen de un nuevo diseño, que aún hoy perdura en su armazón estructural y, sin embargo, va sufriendo profundos cambios de fondo y forma a lo largo de quince años de singladura en los que es difícil precisar el momento en que el boletín alcanza la condición de Revista.

 

En 2013 asumí la responsabilidad de gestión de SEBBM con el propósito de «modernizar los sistemas de edición y producción, de reformar y actualizar los soportes físicos y canales de distribución», como así fijé en el primer editorial. La crisis económica, por entonces en su punto álgido, nos obligó a simultanear las reformas con ajustes de tanto o mayor calado, como el cambio de casa editorial y de estrategia publicitaria y patrocinadora, mas siempre con la pretensión «de hacer oír su voz (la de SEBBM) en temas clave para el desarrollo científico —y, por ende, social y económico— del país», como asimismo determinamos en aquel editorial.

 

A fuer de paciencia, tesón y claridad de objetivos de los sucesivos equipos editoriales, SEBBM ha llegado a configurarse como revista señera de científicos, que no propiamente científica, como publicación especializada de reputación y alcance entre las sociedades científicas españolas. Pero nada de lo hecho se hubiese realizado sin vosotros, lectores, a los que nuestro aprecio siempre agradecidos dirigimos. Felicidades.


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