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Sydney Brenner (1927-2019)

Fallece uno de los grandes de la biología del siglo XX

  • Jerónimo Bravo

  • Unidad de Transducción de Señales Instituto de Biomedicina de Valencia (CSIC)

 

El gigante de la biología Sidney Brenner, premio nobel y socio de honor de la SEBBM (2013), falleció el 5 de abril en Singapur a los 92 años. 

 

Nacido en Sudáfrica y de orígenes humildes compartió en 2002 con el recientemente desaparecido John Sulston y con H. Robert Horvitz el premio Nobel en Fisiología y Medicina por sus aportaciones sobre cómo regulan los genes el desarrollo de los órganos y la muerte celular programada. Sin embargo, existe un amplio consenso de que sus importantes contribuciones en otras áreas como el desciframiento del código genético o el descubrimiento del ARN mensajero también hubieran sido merecedoras del máximo galardón.

 

Brenner fue un pivote fundamental en la década de oro de la biología molecular que se extendió desde el descubrimiento de la estructura del ADN al menos hasta mediados de los años 70, y lo ha seguido siendo con su actividad de científico y de gestor y asesor de organismos de ciencia, como luchador por la ciencia y como divulgador. Sus aportaciones han revolucionado los fundamentos de la biología. En la SEBBM tuvo una última intervención magistral en nuestro congreso de los 50 años (XXXVI Congreso, Madrid 2013) donde con sus 86 años y su apariencia frágil, apoyado en su bastón, impartió una memorable conferencia de clausura titulada 60 years of molecular biology

 

Estudió medicina en Johannesburgo, aunque nunca le atrajo la vocación asistencial, reconociéndose a sí mismo como un mal estudiante porque prefería invertir su tiempo en realizar y diseñar experimentos. Se desplazó a Oxford para llevar a cabo su tesis doctoral y tras un breve paso de nuevo por Sudáfrica, Francis Crick lo reclutó para incorporarse en 1956 al hervidero de talento que representaba (y sigue representando) el Laboratory of Molecular Biology (LMB) de Cambridge (Reino Unido), semillero de premios nobeles, donde poco antes Watson y Crick dedujeron la estructura en doble hélice del ADN y donde poco después Perutz y Kendrew determinaron las primeras estructuras de proteínas. Aunque en mi estancia en el LMB en 1998-2002 ya no permanecía en este laboratorio, circulaban sus frases célebres y humor míticos, así como un halo de reverencia por su enorme estatura científica y cualidades humanas.

 

En el LMB, a principios de los años 60, Brenner se percató de que sería prácticamente imposible utilizar un sistema de mamífero como herramienta para los estudios sobre diferenciación celular y desarrollo de órganos. Guiado por esta visión, identificó el nemátodo Caenorhabditis elegans como un organismo experimental ideal debido a su tiempo de generación corto, número reducido de células, tamaño del genoma y las posibilidades de examen y visualización mediante microscopía. Hoy en día sigue siendo un organismo ampliamente utilizado por la comunidad científica.

 

Al igual que la denominación de su organismo modelo, Brenner era elegante en sus aproximaciones experimentales. En el LMB era conocido como el maestro del experimento minimalista, tal y como lo había bautizado su mentor Francis Crick, de naturaleza mucho más teórica. Sucedió a Max Perutz como director del LMB en el periodo 1979 a 1986, aunque para él la tarea administrativa no fue una experiencia gratificante ya que suponía, según sus propias palabras, en que “te conviertes en un mediador entre dos grupos imposibles, los monstruos de arriba y los idiotas de abajo”.

 

Era un gran comunicador, tal y como queda reflejado en sus aportaciones a la divulgación, como en su columna de opinión regular en la revista Current Biology. Su capacidad divulgativa era particularmente notable en sus comunicaciones orales, en las que enlazaba los enunciados rigurosa y estrictamente científicos, transmitidos mediantes frases de construcción perfecta formuladas con su característica cadencia pausada, con remates humorísticos pronunciados de forma jocosa, que subrayaban el mensaje en lugar de mermarlo.

 

Compartió su actividad científica principalmente entre Cambridge primero, después California y más recientemente Singapur, donde trabajaba como consejero de la Agencia Nacional de Investigación. Allí estuvo asesorando al gobierno en materia de política científica, contribuyendo de manera muy significativa al desarrollo de este pequeño país como potencia en investigación biomédica. Como buen apasionado de la ciencia fue un trabajador incansable y ha permanecido en activo hasta el final de sus días.


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