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Alfredo Pérez Rubalcaba (1951-2019)

Político español y doctor en Química por la UCM. 

  • José Pío Beltrán

  • Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (CSIC)

 

Celebramos recientemente el aniversario del Centro de Investigación en Agrigenómica y acudió Alfredo Pérez Rubalcaba. Hablamos de Ciencia. Alguien le interpeló sobre la iniciativa “Ciencia en el Parlamento” y Alfredo se lamentó de que no se le hubiera ocurrido a él. Y lo explicó hablando de la tremenda soledad del ministro del ramo en el Consejo de Ministros. Entre 1982 y 1993 Rubalcaba se dedicó a modernizar la educación y fue piedra angular de la revolución de nuestro sistema de I+D+i.

 

Tras la guerra civil, se desarrollaron infraestructuras científicas en los institutos del CSIC. Sus directores eran afines al régimen y la distribución de los recursos para investigar estaba también controlada. Obtuve mi doctorado en 1976 en el IATA, un centro del CSIC en Valencia, bajo la dirección del bioquímico Primo Yúfera. La otra cara de la moneda la viví en mi casa. Mi padre, un catedrático de Química inorgánica, sufriría las consecuencias de no ser afín a una organización de tinte religioso que decidía la distribución de recursos en su especialidad. Así estaban las cosas cuando, tras mi regreso de EEUU, recibí una llamada de Juan Rojo Alaminos del Gabinete de la Comisión Asesora de Investigación Científica y Técnica (CAICyT) instándome a colaborar: “No, no se me ha perdido nada en esa cueva de ladrones”, fue mi respuesta. Sin embargo, Juan Rojo fue convincente apelando a la necesidad de cambiar las cosas. Por encima de Juan Rojo estaba el bioquímico valenciano Emilio Muñoz Ruiz. En la CAICyT me encontré con Ana Crespo de las Casas, catedrática de Botánica y responsable de la Ponencia de Organismos y Sistemas. Ana desprendía ilusión y una voluntad férrea para cambiar el sistema. En un año aprendí mucho de ella y con ella, y luego sentí el vértigo de sustituirla: un bioquímico de bata coordinando la evaluación de la biología de bota. Mientras, llegó Roberto Fernández de Caleya, artífice de un sistema de evaluación por pares de la actividad científica, riguroso y reconocido por todos. Tuve el privilegio de colaborar muchos años con Roberto y también con Pedro Pascual. Al principio no supe que el contubernio era mucho mayor. Ajeno a la militancia política, no tenía noticias de Alfredo Pérez Rubalcaba. Alfredo se incorporó al PSOE en 1974. Trabajó en las Comisiones de Enseñanza y Educación de su partido y le dio tiempo a doctorarse y a investigar en Alemania y en Francia antes de incorporarse a la política, primero en 1982 con el ministro Maravall, luego con Javier Solana y también como ministro de Felipe González. Cuando en 1993 Pérez Rubalcaba deja el Ministerio de Educación, se había reestructurado la CAICyT; se había aprobado la Ley Orgánica de reforma Universitaria; una ley de Patentes y una Ley de propiedad intelectual; se estableció la Función 54 para coordinar el gasto global en I+D y se aprobó la Ley de la Ciencia. Además, se creó la Agencia Nacional de Evaluación y Prospectiva y la Comisión Nacional de Evaluación de la Actividad Investigadora. Alfredo fue actor principal de estos logros, nada más y nada menos. Rubalcaba integró y orquestó lo mejor de Solana, Rojo, Fernández de Caleya, Crespo, Oro, Pascual y López Facal, entre otros. 

 

Alfredo iba a clausurar el ciclo La Química y Tú de la Casa de la Ciencia del CSIC en Valencia. Pretendíamos buscar algo de la luz perdida de la política científica hablando de Química, su pasión reencontrada. Ya no podrá ser, aunque Rubalcaba continuará siendo fuente de inspiración.

 

“Entre los años 1982 y 1993 Alfredo Pérez Rubalcaba se dedicó a modernizar la educación y fue piedra angular de la revolución de nuestro sistema de I+D+i”.


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