A+ A-


¡Hola, Margarita!

Margarita parece ser el “tres-en-uno” de la política científica y la gestión de la ciencia española: cuando algo no funciona, o está atascado, se llama a Margarita Salas. Siempre su breve sonrisa... siempre su disponibilidad amable

  • Félix M. Goñi

  • Presidente SEBBM

Estamos en Madrid, en octubre de 1976, y yo he venido de Londres, donde estoy haciendo mi posdoctorado, para asistir al I Congreso de FESBE (Federación Española de Sociedades de Biología Experimental), presidido por el Prof. Mayor Zaragoza. Asisto, un poco por azar, a la charla de una mujer aún joven, llamada Margarita Salas, sobre la genética de un fago del que nunca he oído hablar, el φ29 (phi-29). La presentación me convence, más que me impresiona. En el turno de preguntas, un colega más osado que sensato pregunta a la oradora, casi acusadoramente, por el interés de estudiar una cosa de tan obvia inutilidad como el fago de marras. Entonces Margarita, con una media sonrisa, explica que, en efecto, la elección del fago se ha hecho sin gran atención a las posibles aplicaciones, pero que la ciencia no tiene que prestar atención necesariamente a la resolución de problemas prácticos. Al final de la sesión, yo me presento: “¡Hola, Margarita! Soy Fulanito, y no puedo estar más de acuerdo con lo que has dicho sobre el interés intrínseco de la ciencia básica”. Muchos años después, Margarita se había convertido en el ejemplo vivo de la “sublime utilidad de la ciencia inútil”, al inventar la patente más rentable del CSIC, basada en la DNA polimerasa de φ29 y su aplicación a la PCR, y volvía a sacar la media sonrisa cuando yo le traía a colación la anécdota, que no había olvidado.

 

Apenas dos años después soy elegido vocal de la Junta Directiva de la entonces SEB, y en la primera reunión a la que asisto me encuentro allí a Margarita, vicepresidenta de la Sociedad: ¡Hola, Margarita! Dura muy poco en el cargo, pues el lamentable fallecimiento de nuestro presidente David Vázquez, hace pasar a Margarita a la Presidencia. Puedo apreciar en ese período las dotes de férrea suavidad, rigor inalterable en lo científico, y actitud permanente de servicio de la nueva presidenta, cuya austeridad contrasta con el espíritu, algo bon vivant, de su predecesor. 

 

[En un par de párrafos ya he nombrado a tres de mis antecesores en la presidencia de la Sociedad. Está feo autocitarse, pero estos tres son tres gigantes donde los haya (“Gigantes… y cabezudos”, SEBBM, diciembre 2016), y yo no sé de dónde saco ánimos para seguir dirigiendo la Sociedad al recordarlos.]

 

En los años sucesivos, ¡cuántos encuentros, cuántas coincidencias, cuántos saludos! ¡Hola, Margarita!, en un congreso, en una fundación, en un tribunal, en un comité, en una recepción. Margarita parece ser el tres-en-uno de la política científica y la gestión de la ciencia española: cuando algo no funciona, o está atascado, se llama a Margarita Salas. Siempre su breve sonrisa, siempre su disponibilidad amable. Con el tiempo, vienen los doctorados honoríficos, vienen los premios, vienen los homenajes, las Academias, el título nobiliario. Pero nuestra relación, no estrecha pero tampoco nunca interrumpida, continúa inmutable: ¡Hola, Margarita!, y la sonrisa.

 

En fin, cuántas y cuántas veces: ¡Hola, Margarita! ¿Podrías hacerme una carta de presentación para…? ¿Podrías venir a un tribunal de…? ¿Aceptarías dar una conferencia con ocasión de…? ¿Serías tan amable de presentarme en mi charla en…? Y así ha sido durante muchos años, y así lo seguirá siendo, en mi memoria, para siempre.

 

¡Hola, Margarita! Siempre, ¡hola!


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: