A+ A-


Fernando Moreno Sanz

Catedrático de Bioquímica 

  • Carlos Gancedo

  • cgancedo@iib.uam.es

Una llamada telefónica al final de una tarde calurosa de Julio; la voz emocionada de una compañera que nos dice algo que nos llena de estupor, que nos parece irreal. Teníamos planeado Juana María y yo encontrarnos con nuestros amigos Fernando y su esposa Pilar en el Congreso de la SEBBM pero el mensaje telefónico nos dice que inesperadamente Fernando se ha ido de esta vida. Diez años antes, él había organizado un congreso para la SEBBM y esperaba con ilusión asistir a este, uno de cuyos organizadores era su hijo mayor. ¡Señor, señor, no tocaba! nos escribió apesadumbrado un amigo común al conocer la noticia. Era verdad; no tocaba.

 

Fernando era Fernando Moreno Sanz, Catedrático de Bioquímica, un amigo de años, un buen científico, compañero de intereses de investigación, alguien volcado con todos sus trabajos, una persona leal con sus compromisos. 

 

 

¡Qué duro, qué difícil es escribir sobre el final de un amigo! La fría enumeración de fechas, publicaciones, actividades, no puede dar idea cabal de la personalidad de Fernando. Sin embargo solo a partir de ellas podrán tener, al menos, un bosquejo de ella los que no le conocieron personalmente. 

 

Después de estudiar Farmacia en Madrid, Fernando se traslada a Salamanca al grupo de Microbiología de Julio Rodríguez-Villanueva en el que realiza su tesis doctoral dirigida por Santiago Gascón. Allí también dirige su primera tesis doctoral, actividad que suele marcar casi siempre, pero que en este caso le marcó de forma indeleble pues esa tesis fue la de Pilar Herrero, quien acompañaría ya toda su vida familiar e investigadora. Tras una estancia de nueve meses en Edimburgo se establece en Oviedo donde desarrollará su carrera investigadora y docente. Se ocupa inicialmente de distintos aspectos de la regulación de varias enzimas en levadura. Pero la línea directriz de su trabajo parece estar anunciada en la introducción de un artículo publicado en 1975 en el que Fernando firma como primer autor, en la que se lee: Invertase content in yeast is dependent on growth conditions and specially on glucose concentration. Su trabajo futuro va a lograr esclarecer los mecanismos moleculares del por qué sucede eso. La pregunta de cómo las condiciones de crecimiento determinaban los niveles de la invertasa se había estudiado con herramientas bioquímicas, pero fue solo cuando se unió a ese frente de estudio el análisis genético cuando surgieron nuevas perspectivas. Estudiando la represión catabólica por glucosa se aislaron mutantes que carecían de hexokinasa 2, una de las isoenzimas que catalizan el primer paso de la vía glicolítica. En esos mutantes, ciertos genes normalmente reprimidos por glucosa ya no lo son. ¿Cómo podía explicarse este resultado? Surgieron dos campos; uno que consideraba que la disminución de flujo glicolítico provocado por la mutación era la causa de la falta de represión y otro que atribuía un papel —desconocido— a la proteína como tal. La controversia duró décadas hasta que Fernando, Pilar y su grupo mostraron de forma clara que era la proteína como tal, entrando en el núcleo, la que iniciaba la represión. A este hallazgo central siguieron otros, completando la imagen del proceso. Como se lee en Moby Dick “Out of the trunk, the branches grow; out of them, the twigs. So in productive subjects, grow the chapters”. Del productivo tronco de la función “moonlighting” de la hexokinasa 2 surgían ramas y vástagos que aclaraban el mecanismo de la represión por glucosa en levadura del gen SUC2 que codifica la invertasa. El trabajo de Fernando y su grupo cerraba de forma brillante una larga controversia en ese campo.

 

Su trabajo científico y docente estuvo acompañado de un servicio generoso en diversas tareas en beneficio de la comunidad universitaria. 

 

En momentos en los que se valora más el parecer que el ser, Fernando supo mostrar el valor del ser. Su labor seria, sin ruido, en medio de las dificultades de los que investigan en temas fuera de las líneas deslumbradoras, queda como ejemplo de entrega a una vocación plenamente sentida. Para los que tuvimos la fortuna de conocerle y tratarle, el recuerdo de su dedicación y el de sus cualidades personales formará parte importante de nuestra memoria.

 

 


¿Te ha gustado este artículo? Compártelo en las redes sociales: