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En España, la ciencia va… ¡de cine!

Los científicos no sabemos ya de qué disfrazarnos para atraer a los patrocinadores para que nos permitan desarrollar aquí nuestros talentos como ocurre en aquellos países de nuestro entorno a los que nos gustaría parecernos.

  • Félix M. Goñi

  • Presidente SEBBM

La expresión está un tanto anticuada, pero en mi juventud una cosa iba de cine (o de película) cuando iba muy bien; es decir, cuando transcurría según los cánones estéticos y morales de Hollywood (al final, el chico bueno, alto y rubio, se llevaba a la no tan alta pero también rubia chica buena). En esta ocasión, me temo, la vamos a utilizar en un sentido más literal, evaluando nuestro sistema científico a la luz de películas famosas.

 

Groundhog Day (El día de la marmota), 1993, USA, dir. Harold Ramis.

En esta comedia fantástica el periodista televisivo Phil Connors (Bill Murray) se descubre metido en un bucle de tiempo, de manera que cada día empieza, prosigue y termina exactamente como el anterior. Todos los días se despierta con “I got you babe”, de Sonny and Cher, en la radio-despertador. Todos los días enamora a la chica buena Rita (Andie MacDowell), y todos los días empiezan sin ella. No sé si esto les va sonando de algo. En nuestra vida científica los períodos no son de días: hablamos más bien de la próxima legislatura, del próximo gobierno (central o autonómico), del próximo ministro, o del próximo secretario de estado. Pero vienen las elecciones y se constituyen los parlamentos, y se forman (¡por fin!) los gobiernos, y conocemos los nombres de los políticos a cargo de la ciencia… pero Rita no está a nuestro lado. La hemos cortejado en el período anterior, parecía que nos sonreía pero, a la hora de la verdad, vuelve a estar ausente. La política científica que esperamos, nuestra Rita, vuelve a escaparse. De nuevo el tema está ausente de los programas electorales y, de nuevo, no podía pasar de otra manera, está ausente de los presupuestos. Nosotros seguimos soñando con el “I got you babe” de un despertar junto a nuestra chica.

 

Go west! (Los hermanos Marx en el Oeste), 1940, USA, dir. Edward Buzzell.

El título original de esta memorable película hace referencia a la famosa frase, a veces atribuida al magnate de la prensa Horace Greeley: ¨Go West, young man!”, que se hizo popular a mediados del siglo XIX. Greely consideraba que la juventud americana, que no encontraba porvenir en las saturadas urbes industriales del este, debía colonizar el oeste y labrarse allí un futuro en la agricultura. En la España del siglo XXI, debemos decir a nuestros jóvenes enamorados de la ciencia: “Idos al oeste, chicos, idos al oeste, o al este, o a donde podáis, pero idos a algún sitio, porque si os quedáis aquí, no conseguiréis nada. Como mucho, podréis hacer aquí una tesis, que si la hacéis la haréis en un muy buen sitio, porque los solo buenos ya hace tiempo que desaparecieron, pero luego… go West!” En la película, la chica buena (Diana Lewis) y el chico bueno (John Carroll) están juntos desde el principio, porque los monstruos de los Marx no dejan un hueco de pantalla ni de guión para nadie más. Son sobre todo Chico y Harpo los que ayudan a que la parejita encuentre su fortuna en el oeste. En el este, no hay nada.

 

Bienvenido Mr. Marshall, 1953, España, dir. Luis García Berlanga.

El Plan Marshall fue un gran proyecto de ayuda americana a la reconstrucción de la Europa destruida por la II Guerra Mundial, que dejó de lado a España. En esta película genial, los pobres habitantes de un imaginario pueblo español, Villar del Río, se enteran de que un grupo de diplomáticos americanos va a pasar por el pueblo, y se suponen que van a dejar en él riquezas sin cuento. El alcalde (Pepe Isbert), aconsejado por un empresario de flamenco (Manolo Morán), contrata a una bailaora (Lolita Sevilla) “para mostrar a los americanos la cultura española”. Todo el pueblo está preparado para recibirlos. Sin embargo, la caravana en la que venían los estadounidenses pasa a toda prisa por el pueblo sin detenerse. Los villarenses tienen que pagar los gastos con su pecunio personal. En este gran poblachón español, los científicos no sabemos ya de qué disfrazarnos para atraer a los patrocinadores, no necesariamente americanos, para que nos permitan desarrollar aquí nuestros talentos como ocurre en aquellos países de nuestro entorno a los que nos gustaría parecernos. Pero la caravana no se detiene aquí.

 

En fin, podríamos entender la situación de la ciencia española actual a la luz de otras muchas películas, desde “Encuentros en la tercera fase” hasta “Las garras invisibles del Doctor Mabuse”, pasando por “Las chicas de la Cruz Roja”, aunque sin necesidad de llegar a “The Texas Chainsaw Massacre”. Pero no voy a insistir más, porque tampoco se trata de herir susceptibilidades. Y es que sus “ceptibilidades” son mucho más delicadas que la tuya o la mía.


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