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La innovación española se resiente en tiempos de crisis

¿Es España un país innovador? A tenor de lo que dicen los números en relación con su entorno europeo, en el sistema español de Ciencia y Tecnología, incluidos los sectores público y privado, se innova pero claramente por debajo de la media. De acuerdo con los análisis disponibles, el déficit español en esta materia lastra de forma clara la salida de la crisis, dificulta la transformación de conocimiento en productos y servicios y entorpece su llegada al mercado. Y lo que es peor: de momento no hay atisbos de recuperación.

  • Xavier Pujol Gebellí

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uecia, Dinamarca, Alemania y Finlandia copan los primeros puestos del informe «Innovation Union Scoreboard 2015» (IUS), presentado este pasado mes de mayo en Bruselas. El ranking, que incluye 25 indicadores que miden el grado de innovación empresarial, tecnológica y científica en los 28 países miembros de la Unión Europea, sitúa a España y a su sistema de ciencia, tecnología e innovación en el puesto 19, muy lejos de los países que han demostrado más y mejores iniciativas en esta materia. El puesto actual representa una caída de dos posiciones con respecto al barómetro precedente, fechado en 2014.

Con todo, el informe IUS es benévolo con España, puesto que califica su esfuerzo innovador como «moderado» atendiendo la media con la que se calcula el ranking de la UE y que toma valores el volumen de recursos humanos dedicados a labores de innovación, sistemas de investigación, finanzas y apoyo, inversión de las empresas o esfuerzo emprendedor, entre otros. 

La media calculada, en cualquier caso, está claramente por debajo de la europea para la mayoría de indicadores. Del conjunto de 25 evaluados, solo cuatro están por encima: publicaciones científicas, ámbito en el que España sigue manteniéndose en el top ten mundial, marcas comunitarias y comercialización de productos nuevos, de lo que se deduce un buen dinamismo, y tasa de población con educación universitaria, un indicador que en opinión de muchos expertos podría llevar a engaño si se toma de forma descontextualizada.

No obstante, si se combinara con el indicador de publicaciones científicas, investigación de excelencia, atractivo científico y apertura de los sistemas de investigación, ámbitos para los que España se sitúa en la media con crecimientos que oscilan entre el 6% y el 9%, podría decirse que el sistema de ciencia y tecnología ha hecho ha hecho sus deberes particulares pese al impacto de la crisis, pero que suspende en los de transferencia e innovación.

Lo preocupante de la situación es la evolución registrada entre 2008 y 2014, los años más duros del actual período económico. En 2008, de acuerdo con el barómetro de la innovación europeo, se alcanzó un rendimiento global del 77%, mientras que en 2014 solo se llegó al 69%. La mayor caída se registra a partir de 2012, fechas hasta la que se había venido creciendo de forma moderada pero sostenida. 
 
«Causas del descenso son la escasa inversión privada en I+D, los ingresos por la venta de patentes, el retroceso de la inversión pública en investigación o la pérdida de inversiones de capital riesgo u otras fórmulas vinculadas a la innovación.»
Entre las razones que baraja el informe IUS como causa del descenso, se sitúan la escasa inversión privada en I+D, que apenas sobrepasa el 40% del total, los ingresos por la venta de patentes, el retroceso de la inversión pública en investigación, ya por debajo del 1,3% del PIB, o la pérdida de inversiones de capital riesgo u otras fórmulas vinculadas a la innovación, que han descendido un alarmante 17%.

Para Carlos Moedas, comisario europeo de Investigación, la conclusión es clara: «España no está evolucionando de acuerdo con lo que se esperaba». Recomienda a «los políticos españoles» que analicen los datos obtenidos en el barómetro y «que se fijen» en lo que están haciendo otros muchos países que obtienen mejores resultados. En otras palabras, que la decisión de apostar por la innovación no parte únicamente de las empresas, sino que tiene un peso importantísimo la inversión pública y la decisión política.
 

Invertir en conocimiento

Si políticamente correctas son las recomendaciones para España del informe IUS, poco menos puede decirse del «Informe sobre el Progreso de la Unión por la Innovación en España» hecho público el pasado mes de enero y que a efectos prácticos viene a ser la edición precedente del ahora presentado. Analizado en clave española por Icono, el Observatorio Español de I+D+i, y la Fundación Española de Ciencia y Tecnología (FECYT), el documento pone de manifiesto la necesidad de mejorar el acceso y las condiciones, incluidas las financieras, de la investigación y la innovación para cumplir los objetivos estratégicos del programa Horizonte 2020.

En línea con los planes estratégicos y objetivos planteados tanto en el ámbito europeo como los transpuestos al español, la idea fundamental es que se cree el entorno para que «las ideas innovadoras se transformen en productos y servicios» que lleguen al mercado, según puede leerse en el documento de referencia. De acuerdo con el Plan Junker, la traducción de idea innovadora es crecimiento y generación de empleo.

Lo interesante del documento es que se explicita de forma clara que para alcanzar este objetivo deben cumplirse «reformas en los sistemas nacionales, de su inversión en conocimiento y de los cambios a largo plazo en la estructura económica hacia economías más intensivas en conocimiento».
«Las ideas innovadoras deben transformarse en productos y servicios que lleguen al mercado (…). La traducción de ‘idea innovadora’ es crecimiento y generación de empleo.»

Entre las demandas que el documento plantea como retos para mejorar los indicadores de innovación se mencionan el cumplimiento de la Ley de la Ciencia, la Técnica y la Innovación, cuyo desarrollo sufre un notable retraso, y la creación de la Agencia Estatal de Investigación. Este último instrumento constituye hoy por hoy una de las grandes demandas, sino la mayor, de la comunidad científica y tecnológica para asegurar una financiación estable basada en criterios internacionales estándar de competitividad. 

En el fondo de la cuestión subyace el escaso esfuerzo español, lamenta el documento firmado por la FECYT, de inversión en conocimiento, lo cual repercute negativamente en la calidad de la ciencia producida y, por consiguiente, en su retorno social. Sea en un plazo mayor o menor, lo que se espera de cualquier inversión es que genere un retorno. Si la primera es insuficiente, las posibilidades del segundo menguan ostensiblemente, puede deducirse.

Otros factores que influyen es la «falta de capacitación suficiente», lo cual debe ser leído en forma de falta de infraestructuras y equipamientos de alto valor añadido, y la insuficiente atención que se está prestando para crear estímulos financieros y de capacitación tecnológica dirigidos al sector privado innovador. De ahí se infiere como parte, la disminución de la inversión de las empresas en I+D, un fenómeno generalizado en Europa pero aún más acusado en España, sobre todo en relación con las pymes a partir de 2012. Por supuesto, la explicación con mayor peso sigue siendo el efecto de la crisis sobre la economía nacional.
 

El pelotón de cabeza

 

Líderes de la innovación europea: Suecia, Dinamarca, Alemania y Finlandia lideran los marcadores. Fuente: Informe «Innovation Union Scoreboard 2015» (IUS)

 

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ara estar en el pelotón de cabeza de los países innovadores de la UE es preciso, según el eurobarómetro IUS 2015, ejecutar una política «equilibrada» de inversión y apoyo a los sistemas nacionales de investigación e innovación que contemple la acción tanto del sector público como del privado. De acuerdo con el informe, si no se presta la atención adecuada a la innovación empresarial, el sistema global renquea en exceso.

La lista la encabezan Suecia, Dinamarca, Alemania y Finlandia. Para todos ellos el informe destaca el alto rendimiento que reflejan los indicadores y la escasa diferencia entre sí. Los líderes en innovación están claramente por encima de la media de la UE y notablemente alejados del pelotón de cola. Ello significa que optan de manera destacada a mejores posiciones de mercado y, por consiguiente, oportunidades de negocio.

Viendo los indicadores de forma individualizada, otros países se encaraman lo alto de la lista. Es el caso de Suecia, Irlanda, Finlandia y Reino Unido en recursos humanos; Países Bajos, Suecia y Dinamarca en investigación de excelencia y atractivo del sistema de investigación; Estonia, Dinamarca, Finlandia y Suecia en Finanzas y apoyo institucional; Alemania, Suecia, Estonia y Finlandia en inversiones consolidadas; Bélgica, Reino Unido y Dinamarca en emprendeduría y espíritu empresarial; Suecia, Dinamarca, Finlandia y Alemania en activos intelectuales; e Irlanda, Dinamarca y Luxemburgo, que alcanzan los puestos más altos en resultados económicos..

Aunque la comparación con el año anterior podría resultar engañosa por el cambio de algunos de los indicadores, sí que puede asegurarse que el esfuerzo en innovación ha descendido globalmente, tanto para los líderes de la clasificación como para el pelotón de cola. Del mismo modo puede afirmarse que la situación ha empeorado claramente en 13 Estados miembro. En particular, para Rumania, Chipre, Estonia, Grecia y España.

 

El mercado de las ideas

La mejora de la situación en España pasaría, entre otras cuestiones, por facilitar el acceso al denominado mercado de las ideas innovadoras por parte de todos los actores implicados. Del éxito de esta estrategia, bien definida en el Horizonte 2020 y a priori alineada con los distintos instrumentos diseñados en España, se espera una mejora de la competitividad y la generación de puestos de trabajo de mayor cualificación. Patentes, empleo de calidad, competitividad basada en el producto (y no en el precio) y oportunidades de negocio asentadas entre empresas de alto valor añadido, serían los indicadores de este capítulo.

El análisis reflejado en el informe muestra que España se sitúa por debajo de la media para cada uno de los indicadores. Ello supone que si se toma como base la existencia de 18 000 empresas que basan su modelo de negocio parcial o totalmente en la innovación, su evolución no ha sido en general positiva. Si se añade la dificultad real y percibida a fuentes de financiación públicas y privadas y la caída de los fondos de capital riesgo, el panorama que se vislumbra en el corto plazo es más bien sombrío para la innovación.

Solo las empresas de mayor tamaño, en particular la pertenecientes a los sectores aeronáutico, farmacéutico y la automoción, parecen mantener la constante inversora en I+D en España, con un total del 80% del total de negocio, mientras que las pymes son las que más acusan el impacto de la crisis aunque su inversión en I+D se acerca al 50%, especialmente en el sector servicios.

Un último dato que resulta revelador de la situación española es que entre las 2000 empresas con mayor inversión del mundo en I+D, tan solo hay 13 españolas, tres en el sector de las TIC, otras tres en el de la construcción y materiales asociados, tres en el farmacéutico, tres en energía e ingeniería industrial y un banco. Si el cómputo se realiza entre las 1000 empresas europeas, la presencia española se reduce a siete compañías. Malas cifras si lo que se pretende es salir de la crisis empujando al sector industrial y el de servicios a través de la innovación basada en el conocimiento.
 

La innovación en el mundo

 

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l análisis comparativo de indicadores de innovación confirma a Suiza en la primera posición europea superando a todos los Estados miembro de la UE. Su fortaleza se resume en la consolidación de hasta seis indicadores básicos, lo cual le otorga una posición inmejorable en el mercado.

Por su parte, Islandia se ha convertido de facto en país innovador con un rendimiento por encima de la UE. Noruega y Serbia se consideran innovadores moderados, mientras que Turquía forma parte del pelotón de innovadores modestos, más o menos a la par que España.

Líderes de la innovación top en el mundo: Estados Unidos, Japón y Corea del Sur son particularmente dominantes con respecto a la UE. Fuente: Informe «Innovation Union Scoreboard 2015» (IUS)

Fuera de Europa, Corea del Sur y Estados Unidos defienden sin demasiados apuros sus respectivas posiciones como principales innovadores globales. Ambos países superan actualmente a Japón con una importante ventaja de rendimiento de sus sistemas con respecto a la UE. Corea del Sur supera a la UE en un 24%, Estados Unidos en un 22% y Japón mantiene una ventaja del 14%.

Si bien la brecha entre la UE y Estados Unidos y Japón está disminuyendo, se ensancha con Corea del Sur. Los líderes de la innovación top de Estados Unidos, Japón y Corea del Sur son particularmente dominantes con respecto a la UE en los indicadores de captura de actividad empresarial, medida de gastos en I+D en el sector empresarial, publicaciones público-privadas y patentes. También lo son en éxito educativo medido por el porcentaje de población que ha completado su educación universitaria.

En comparación con otros actores internacionales, la UE sigue teniendo una clara ventaja de rendimiento con respecto a Australia y Canadá, que marcan el 66% y el 75% del nivel de la UE, respectivamente. La ventaja de rendimiento es aún mayor en comparación a los países BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). La ventaja se mantiene estable o en crecimiento con respecto a todos excepto con China. Pese a que actualmente el rendimiento de sus resultados de innovación sitúa al gigante asiático en un lejano 49%, la evolución indica que la brecha se reduce año a año.


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