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Cuando una amiga se va…

No quiero dedicar estas líneas hablando de Margarita Salas como científica. Quiero plasmar aquí otro aspecto de su personalidad: el que deriva de la verdadera amistad, porque yo he tenido la enorme suerte de ser una de las amigas más asiduas en la vida familiar de Margarita.

  • María Cascales Angosto

  • De las Reales de Farmacia y de Doctores Socia de Honor de la SEBBM

Nuestra relación más profunda surgió en la Mesa del Instituto de España. Ella era la presidenta y yo la representante de la Real de Farmacia. Aquellos fueron tiempos duros para Margarita porque en esa época perdió a Eladio, su marido, y en las idas y venidas a San Bernardo 49 ella me confiaba sus más íntimos sentimientos ante la pérdida del compañero de su vida. Mi relación con toda su familia fue también muy intensa. Su madre, doña Margarita Falgueras, congenió conmigo desde el primer momento, tanto como para decirme que le agradaba mucho que yo fuera amiga de sus hijas. 

 

 

Nuestras respectivas vidas fueron un poco paralelas: las dos escogimos la bioquímica como base de nuestras profesiones, ella en el grupo de Alberto Sols y yo en el de Ángel Santos Ruiz y Federico Mayor; las dos estuvimos en los Estados Unidos a mediados de los sesenta: ella en Nueva York, con Severo Ochoa, y yo en Kansas City con Santiago Grisolía, y las dos ingresamos como primeras mujeres en las Reales Academias del Instituto de España: yo en la Real de Farmacia y ella en la Real de Ciencias.

 

¡Cuántos buenos ratos hemos pasado juntas¡ Nos reuníamos por cualquier motivo un grupito de cinco o seis mujeres: su hermana Marisa; Lucía, su hija; Pilar Urruticoechea, ella y a veces mi hermana Pilar. También algunos domingos asistíamos a alguna toma de posesión en la Academia Española y un gran motivo de alegría era cuando celebrábamos sus premios y condecoraciones, que eran numerosos. 

 

El Instituto de España siempre apoyó las actividades que yo proponía y Margarita y yo colaboramos en una monografía de los Premios Nobel, en 2016, y posteriormente en Cartagena, mi ciudad natal, organicé un curso con la incondicional ayuda de Juan Ángel Álvarez Gómez. En ese curso, tuve la inmensa suerte de contar con intervención de Margarita Salas y Federico Mayor, entre otros. 

 

 

También en Plasencia, Margarita intervino en una apertura de curso en el centro asociado de la UNED, invitada por mi gran amiga Consuelo Boticario, directora y creadora de dicho centro. Posteriormente, la misma Consuelo la propuso para doctora Honoris Causa, acto que se celebró en la sede de la UNED en Madrid.

 

Los que la conocíamos bien, sus amigos, sabíamos que Margarita era una mujer “muy de verdad”: sencilla, afectuosa, entrañable… que daba mucho valor a la verdadera amistad. Extraordinariamente correcta en su trato, era comunicativa cuando estaba en confianza: nos contaba sus preocupaciones, sus alegrías y también sus penas. Era además de las personas que tenía una importantísima cualidad: “sabía escuchar”. Muy aficionada a la música, a la buena lectura y al arte en general, y podría seguir comentando mucho más… porque han sido muchos años de trato intenso y continuado con Margarita.

 

Fui a verla un par de días antes de su fallecimiento; la encontré muy mal, aunque su cabeza seguía funcionando perfectamente. No me hacía a la idea del desenlace. Nunca te lo esperas. 

 

Voy a terminar estas palabras con una famosa canción sevillana que expresa justo lo que yo siento ahora: “algo se muere en el alma cuando un amigo se va”. 

 

¡Nos quedan tantos recuerdos... recuerdos y añoranzas!


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